10/12/16

#1

Cogí el tren nocturno sin pensar en nada más que en ti. Bajé al andén y allí estabas, sonriendo. El abrazo con el que me recibiste se volvió menos formal, me apreté contra tu pecho, respiré tu perfume de nuevo. Tantos años y seguías oliendo igual.
No quería apartarme, no quería dejar de tener tus brazos alrededor. Sin planearlo nos dirigimos al hotel más cercano. Como si fuésemos una pareja de toda la vida, como si fuese perfectamente normal. Actuamos de forma natural el uno alrededor del otro. Pero no hablamos, todavía no. Tantos años de malentendidos, de gritos, de mentiras y verdades a medias. Dejemos que el silencio lo ocupe todo por unos mágicos instantes, para que no podamos equivocarnos.
La puerta se cierra y vuelves a abrazarme y me acaricias el pelo y siento cómo una enorme bola cálida se forma en mi pecho. Entonces me besas y un hambre inaudita se adueña de mí. Me asfixio, me muero sin tu boca. Dame más porque necesito tus besos para vivir. Y mientras hundo las manos en tu pelo, acercándote a mí, siento cómo lágrimas de emoción ruedan por mis mejillas. Tantos años. Tantos años esperando que me besases de nuevo, años intentando olvidarte. Tus besos son iguales. Recuerdo la forma en que me besabas y me golpea como una maza el que después de kilómetros, hombres, esfuerzo y años no haya podido olvidarte. Cabrón. ¡Cuánto te quiero!

Te apartas y secas mis lágrimas. No hace falta que te explique que no es tristeza. Aunque quizás sí, quizás lloro por mi pasada yo, por todos los años de aprender a vivir sin ti. Acaricias mi cara, mi pelo, mi espalda. Cada roce es divino. No quiero dejar de sentir tu piel sobre la mía. Y vuelve el deseo, arrollándolo todo a su paso. Quiero sentirte contra mí, dentro de mí, rodeándome, compartir tu calor. Y sin embargo una diminuta chispa de vergüenza prende en mi mente. Han pasado años, mi cuerpo ya no es el que era. Ahora peino canas y me sobran kilos. ¿Qué vas a pensar cuando me veas desnuda? Pero los años también han dejado su huella en ti y no me importa. Estás tan guapo como el primer día. Y en tus ojos leo que tú me ves igual. Así me abandono a tus besos, me derrumbo ante tus caricias, tu calor. Tus dedos sobre mi piel.

Tu carne contra mi carne. Tus ojos haciéndome el amor, diciéndomelo todo. Ardo por dentro, ardo de felicidad, de deseo. Tu mano recorriendo mi pierna, de la rodilla a la cadera. Tus labios besando mi clavícula. Tiemblo. Tiemblo y lloro de alegría, de amor, de anticipación. ¿Cómo controlar mis emociones? Tantos años conteniéndome y de pronto vuelves a mi vida y me quieres y te quiero y que les jodan a todos. Para siempre seremos tú y yo, y detrás de la puerta cerrada el mundo se puede ir al carajo, mientras estemos tú y yo.