4/8/16

Me he tomado un insultántemente largo descanso de escribir. Me he centrado más en facebook y en mis breves accesos de ira cuando leo las noticias. Si seguís aquí, gracias por vuestra paciencia.

Recientemente he dejado mi trabajo. Me cansé de los abusos de mi empresa, de ser súper Ladherna, siempre ahí para salvar el día, contestar las preguntas de todo el mundo y resolver los problemas que, del director general al chapuzas de Mantenimiento, me traían constantemente.
Y ya que lo dejaba, decidí tomarme unas vacaciones. Inspirada por un ex-compañero que, habiéndosele negado vacaciones por Navidad, plantó el curro y se fue tres meses (¡TRES!) a casa, a estar con su familia; hice algo similar y acabo de pasar tres semanas en España. Mis padres están un poquito decepcionados por que no haya quedado más tiempo, pero por mucho que los quiera, tengo aquí a mi pareja y cierta prisa por encontrar otro empleo.

El caso es que me puse a buscar entre mis libros, libretas y papeles y encontré una cantidad obscena de A4 cubiertos de letra minúscula a portaminas. Imaginando que no quería que mi familia los leyera, seleccioné el material "sensible" y me pasé dos tardes releyendo todo aquello.
Años y años de mi vida en papel, anotaciones diarias, cartas que nunca envié, cartas recibidas, transcripciones de conversaciones en persona u online. Los poemas y cuentos los dejé en su sitio y ni los leí porque no tuve tiempo.
Algunas cosas las recordaba perfectamente, otras me llevaron un buen rato de lectura y escarbar en la memoria (como una pila de cartas no enviadas a un -ahora- perfecto desconocido). Algunos recuerdos me hicieron reír, otros me daban vergüenza, pensar en lo joven e inocente que había sido. Lo crédula y tonta que se puede llegar a ser. En cierto punto quise llorar. De rabia, de pena, de cicatrices que siguen ahí. Recordé el sobrenombre Morfina. Recordé viejas amistades, amores y odios. Me sorprendió el nivel de minuciosidad de ciertas épocas. Había meses de silencio seguidos de meses de escribir casi diariamente, con descripciones puntillosas hasta el punto de dibujar posturas y situaciones.

Algunos (muchos) de esos papeles acabaron en la basura. Unos con el desdén de "hace mil años de esto, lo recuerdo pero no tengo interés en releerlo", otros los rompí al medio como "está superado". Uno en particular lo hice pedacitos diminutos. Pedacitos diminutos porque espero que ese hijo de puta esté sufriendo mucho y así siga el resto de su vida. Sorprendentemente, pensareis, conservo sus cartas. No las he releído, no quiero hacerlo porque puede que vomite del asco. Pero quiero conservarlas como recordatorio de lo mezquino, bajuno, mentiroso, abusivo y miserable que puede llegar a ser un ser humano. Así te pudras, cabrón.

En fin, por lo demás, disfruté de mi estancia junto al mar, de la buena comida y del sol. De vuelta en Londres, las nubes han secuestrado al sol y no han pedido rescate por él, todavía.

1 comentario:

Gretka dijo...

Pues sí, aquí seguimos. Un placer leerte, como siempre :)