27/9/15

Hola a todos,

Sé que llevo mucho tiempo callada. Lo siento.
Así como Francia me llenaba de ideas para escribir, UK me drena. Londres se lleva toda mi energía, con sus trenes cancelados, el librar un día a la semana, la empresa que te chupa la sangre, el alquiler que devora tu sueldo. Y el verano que vino y se fue en un abrir y cerrar de ojos. Aunque podría haber durado meses, que el día libre siempre coincide que llueve o se nubla.

Sea como fuere, mayormente con el ánimo alto, porque ser feliz es cuestión de actitud. Preocuparse un poco menos por las cosas, no hacerse mala sangre y así poder llevar mejor esta vida de mierda que nos ofrece la capital europea.
Sí, lo he dicho: vida de mierda. Sé que hablé antes de lo malo que es Londres, algo que veía pero aún no experimentaba del todo. Ahora... bueno, ciertamente podría irme peor, mucho peor. Pero en fin, si yo soy de las que está bien y lo llamo vida de mierda, imaginad los demás.

Bueno, yo no venía a hablaros de mis miserias, yo venía a hablaros de otra cosa, que creo que publicaré en otro post, porque éste ya se me hace largo.

Estuve recientemente de vacaciones en Italia, en un pueblo del sur. Aún no he pasado las fotos al ordenador, así que no puedo enseñaros la playa, el cielo impoluto y el mar plano como un espejo. Las montañas a nuestra espalda, las comidas de marisco y las cenas de pizza. Lo morenísimos que estaban los lugareños. Lo rápido que se acostumbra uno al italiano ¡y lo bien que me salía, carajo! Desde aquí mi agradecimiento a todos esos clientes italianos que vienen al hotel sin hablar ni papa de inglés y que me enseñaron italiano básico.

La verdad es que con viajes así, uno se pregunta por qué demonios vive en Londres, con lo feliz que sería yo con ese clima y ese mar, y esa gastronomía. Y luego recuerdo que en los pueblecitos del sur de Italia no me pagarían ni la mitad de lo que gano aquí y que me acabaría aburriendo de vivir en un pueblo cuya mitad histórica está en lo alto de una montaña y la otra mitad, esparcida ladera abajo (donde el terreno lo permite) hasta llegar al mar.

En fin.

Que todo una mierda. Que yo quiero sol y un mojito y que me dejen en paz. Una semana de vacaciones no es suficiente. Como decía el italiano en Un franco 14 pesetas, "tutta la vita laborando para luego morir". Pues menuda chufa.

No hay comentarios: