21/11/14

Lo correcto

- Soy productora de noticias. (afirmación de que va a dejar pasar una historia)
- Con ese tío, estabas en suelo firme. (motivos legales)
- Ya, estaba bastante segura de que no había problemas periodísticos ni legales, pero no estaba tan segura de que estuviese moralmente bien. ¿A qué te dedicas?
- Soy profesor en la Facultad de Derecho de nosédónde.
- ¿Qué enseñas?
- Ética.
(...)
- Puedes ahorrarle un montón de tiempo a tus estudiantes. El primer día de clase diles que ellos ya conocen la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Haz lo que está bien. No necesitan un abogado que les dé lecciones de moral.

(Extracto de The Newsroom, episodio 2, temporada 3)

Creo que es un breve monólogo totalmente válido que a veces tenemos que recordarnos.
Puede que esté haciendo algo muy grande de algo muy pequeño, no lo sé, pero así es como me siento y así voy a escribirlo.

Hace un par de días vino la policía por el hotel buscando a alguien. Me dieron un nombre (digamos A) y me enseñaron una fotografía. Nadie con ese nombre se había alojado con nosotros, pero sí bajo el segundo nombre que me dieron (digamos B). Así se lo dije. Me dieron las gracias y me pidieron que si volvían por el hotel, les diésemos una llamada. Dejé un mensaje en el libro de Recepción y punto.
Al día siguiente, B llamó para reservar. Al final de la llamada le pregunté cuál era el nombre del segundo huésped (reservó cuarto para dos) "por si venían por separado" y se negó a dármelo. Alegremente contesté que no había ningún problema.
Cuando vinieron a hacer el check in, B se acercó al mostrador y su acompañante se quedó atrás. Miré de pasada y coincidía con la foto que me habían enseñado.
Mi jefa y mi compañero me instaron a no llamar a la policía. "No sabes si van a sospechar que llamaste tú y te van a esperar a la puerta del hotel para darte una paliza."
Tal idea no había pasado por mi cabeza y me alejó del teléfono. Nadie se quiere poner en riesgo, menos sin saber por qué.
Pero pasaban las horas y yo seguía dándole vueltas a la cabeza.
Sabía que estaba mal, que se peca de obra y omisión, que la negación de socorro es ilegal. No digo que estuviese pecando (no creo en tal cosa), ni haciendo algo ilegal. Pero estaba mal. Saber que la policía busca a alguien y quedarme mano sobre mano está mal.
Así que llamé.
Vinieron cuatro fornidos señores policías, me hicieron un par de preguntas y media hora más tarde, se llevaban a A con las manos esposadas. Yo me quedé con la conciencia tranquila.

La policía vino a buscarlo en primera instancia al hotel porque A dio nuestra dirección como su residencia, por lo que no es descabellado que volviesen por el mismo motivo. No creo que eso nos ponga en el punto de mira. Si la policía viene preguntando por alguien y yo miento y digo que esa persona no está en el hotel, estoy infringiendo la ley. Es más, si la policía vuelve dos días más tarde y les digo que, sí, se hospedaron pero no llamé, pueden ponerse a hilar fino y acusarme de obstrucción pasiva a la autoridad por, estando informada, no haber llamado como me instruyeron.

La opinión generalizada entre mis compañeros parece ser la de que estoy mal de la cabeza y no debí haberlo hecho. Cada cual tiene sus morales y sus preferencias, y yo respeto y comprendo su punto de vista, pero para mí, aquello estaba mal. Si algún día denuncio a alguien, espero que el ciudadano de turno que esté en posesión de información que ayude a encontrar a esa persona, no dude y haga lo correcto. Quiero pensar que por haber llamado a la policía hice lo correcto y ayudé a alguien, quizás la víctima de un robo, una agresión. No lo sé, porque la policía no me dijo por qué buscaban a A. Tampoco necesito saberlo. Un delito, una víctima. Y en mi escala de valores, se ayuda a la víctima, no al delincuente, callando.

15/11/14

Cómo comerse un polvorón

El polvorón ha de ser el polvorón tradicional de La Estepeña. Ovalado, con su azúcar glas, perfecto.
La aproximación que uno debe tener hacia el polvorón es la del respeto, de recogimiento como el de un buen cristiano que se acerca a comulgar.
Nuestro objetivo está vestido de fino papel, y no han de rasgarse irrespetuosamente sus vestiduras. Con el polvorón sobre la mesa, primero has de desenroscar los laterales y darles un suave tirón para estirar el papel. Ahora viene la parte complicada, que es despegar el papel sin que éste se rompa. Retiramos la primera cobertura, delicadamente, usando las uñas para separar las partes pegadas, y lo mismo con la segunda. Y aquí tenemos a nuestro polvorón desnudo yaciendo sobre su túnica desplegada. Con estupor y temblores debemos acercarnos a él, recogerlo suavemente, como a un pajarillo, y apenas hincando el diente, dejar que el polvorón rompa naturalmente, sin migas, llenándonos la boca de ese increíble, potente y a la vez sutil, sabor a almendras.
Una vez volvamos a la realidad tras tal epifanía de los sentidos, no podemos simplemente arrugar y tirar el papel, no. ¿Se hizo lo mismo, acaso, con la Santa Túnica? Has de doblar el papel en formas regulares, si eres un convencional, o quizás en una figura de origami si eres un artista.

Una forma más terrenal de comerse un polvorón es estrujarlo previamente para apelmazarlo, abrir el envoltorio sin ceremonias y devorarlo en dos bocados.

Y así agradezco a mis padres la caja de polvorones que me enviaron, a mi hermana que hizo de "mula", trayéndome drojas desde España (véase, té rojo). También con esto inauguro la época navideña, que aquí no hay Reyes y eso significa que tengo menos de mes y medio para pensar y encontrar regalos. Merry Christmas!