18/4/14

Reflexiones de viernes

(...) Tampoco admiro a Penélope. Su absurda fidelidad -veinte años de abstinencia y mojama entre las piernas- me saca de quicio; y también me repatea el hígado ese palacio lleno de cortejadores gorrones y abúlicos que ni la violan, ni saquean la casa, ni hacen otra cosa que tumbarse a la bartola mientras ella deshoja la margarita. Creyendo esperar a que la presunta viuda escoja, los cretinos, cuando en realidad lo que hacen es dar tiempo a que Ulises llegue, lo reconozca su perro y tense el arco. Y ella, mientras, tejiendo y destejiendo en plan melindres calientapollas, en vez de llevarse al más guapo o al más rico al catre, o agarrar una escopeta con posta lobera, o lo que usaran en el siglo VIII antes de Cristo, y correrlos a todos a fogonazos hasta la orilla del mar color de vino. Hay muchas cosas notables que se han perdido en la historia de la Humanidad porque las mujeres que habrían podido hacerlas, crearlas, se negaron a acostarse con hombres que les daban asco. Pero también, gracias a esas mujeres que no transigieron -vaya una cosa por la otra-, se han evitado muchas infamias y muchos prescindibles hijos de puta. (...)

Pensaba hoy en esto, en el papel de la mujer en la Historia y en la literatura. En el rol de la mujer que se plasmó en la literatura. No me creo que una situación como la de Penélope hubiese durado 20 años. Puede que 2, y gracias. Porque ningún hombre con pretensiones hubiese dejado que la señora les diese largas. Hubiese cogido a unos cuantos mercenarios (o soldados bajo su bandera, dependiendo del tío en cuestión) y según el gusto personal, se hubiese hecho con el mando por sus cojones, hubiese secuestrado a Penélope, la habría obligado a casarse con él o la habría colgado de la almena más alta. Porque así funcionan las cosas.
Pero yo en lo que pienso en es Penélope. En la tía idiota que se hace el avestruz y esconde la cabeza para fingir que el problema no existe, que tejiendo y destejiendo las cosas se van a arreglar, que vendrá Ulises a arreglar el problema. Ha habido mujeres así. Hay mujeres así. Mujeres que por algún motivo se niegan a hacer de tripas corazón y tirar para adelante, con o sin hombre.

Posiblemente habrá quien encuentre repugnante, o sexista, esa afirmación de que mucho se ha perdido por mujeres que no han querido acostarse con quien le daba asco. Personalmente creo que es una afirmación cruda, pero cierta, sobre todo hablando de una época en que sexo, matrimonio, poder y derechos iban todos juntos. Y por cierto, también al revés, mucho se ha perdido porque alguna mujer se acostó con quien quiso. Pienso (en literatura) en Helena de Troya, que por su amado, y los cuernos que le puso al marido, se armó una guerra.
Prefiero quedarme con el personaje de Sheherazade, una mujer inteligente que apretó los dientes cuando le tocó casarse (y acostarse) con un desquiciado y que, sin armar alboroto, salvó la vida y se transformó en leyenda. A base de contar historias. De ser lista y de saber sacarse las castañas del fuego cuando la vida viene jodida.

En cuanto a Penélope, mejor le hubiese ido de haberse casado con el más poderoso, o el más sabio, o aquel con el que mejor se entiendese. Habría recuperado su casa y su libertad y no habría perdido 20 años de su vida. 20 años esperando la vuelta de un amor que se la estaba pegando con otra. Esperando a que volviese, decrépito, los mejores años perdidos, los hijos ya mayores, las tierras descuidadas, para morir juntos. Pues menuda mierda.


El fragmento es de un artículo de Pérez Reverte.

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