22/5/13

Soy una escritora de mierda. No escribo con regularidad, no sigo un hilo argumental, incluso cometo faltas de ortografía. Mil veces me digo "voy a escribir sobre esto, pero voy a hacerlo bien, voy a investigar" y luego descubro estupefacta que ha pasado una semana, no he investigado un carajo y se me han ido las ganas de escribir sobre ese tema. O el arranque, más bien. Si no escribo en el momento, el resultado suele ser (con perdón) un truño. Por ejemplo, quería hablar sobre la emigración. Nuestros abuelos, nuestros padres y ahora nosotros. Sobre la elección, la preparación, el choque, la calidad de vida fuera. Pues nada, se me pasó el arranque y ahora no doy.
Ha llegado la primavera, tengo material suficiente para una entrada bucólica.
Tengo al crío operado de los pies, en silla de ruedas, sin ir al colegio; si eso no me da para entradas de au pair, no sé qué me lo daría.
Leo las noticias españolas todos los días y tengo mucho sobre lo que gruñir y maldecir.
La vida en Londres restalla a mi alrededor, tengo consejos, burlas, quejas... pero nada se materializa en mis teclas.
Vuelvo a devorar libros, han caído en mis manos varios de buena calidad, y no digo ni media palabra al respecto.
Sigo cocinando y no subo ni una triste receta.
Hasta podría escribir un cuento o (yéndonos al escalón más bajo de mis actualizaciones) una entrada ñoña sobre lo feliz que soy. Puaj. Eso sí que no.
Soy tan escritora de mierda que pierdo lectores.
En fin, así las cosas una diría que debería dejar de quejarme de una puñetera vez y ponerme a escribir, coño, que nada se escribe sin esfuerzo, que a las musas hay que azotarlas para que despierten, que si se espera a que se despierten solas, no escribes ni una línea diaria.
Ya veremos. Lo intentaré.