28/4/13

Inglés I

Supongo que todos aquellos inmersos en un idioma que no es el nuestro, nos hemos visto en algún malentendido lingüístico. Se deben muchas veces a los false friends, o a dobles significados, múltiples definiciones o simple y llanamente por un mishearing (entender mal).
Así que para echarnos unas risas y ahorrarle a mis lectores que pasen por lo mismo, voy a intentar recordar y publicar cada malentendido lingüístico digno de mención que sufra.
Vamos con el primero:

Estoy en el metro con Tizón, charlando sobre un amigo al que me había presentado semanas antes:

- Por cierto, tiene una mistress.
- Vaya, no creí que le fuese ese rollo. - respondí un poco sorprendida.
- Sí, sí, en la universidad solía tener 3 o 4 al mismo tiempo.
Mi sorpresa se dispara, las mistresses no suelen compartir, ¡como para tener más de dos!
- ¿Y cómo salió el tema?
- Na... mientras nos tomábamos unas cervezas.
- Hombre, lo de las cervezas ya, pero nadie pasa de hablar del tiempo al BDSM así como así.
- ¿Qué? - cara de confusión.
- ¿No me acabas de decir que tiene una mistress?

Me mira unos segundos con confusión y luego se troncha de la risa para finalmente explicarme que "mistress", además de significar "ama" (aplicado tanto a BDSM como a mascotas), también quiere decir amante.

Aparte de eso, comentaros que "jerk" (gilipollas) y "ass" son inglés estadounidense y que aunque todos los británicos los entienden, mejor usar "dickhead" y "arse". Y por supuesto, en vez de "asshole", "arsehole". Esto es lo bueno y lo malo de salir con un inglés, que cuando estás despotricando sobre algo, te paran en medio de tu cabreo para decirte que "no no no, eso es americano, aquí lo decimos de tal manera", lo cual no ayuda a mejorar tu estado de ánimo. Pero en fin, al final se aprende.

No sé cómo ni porqué, estas cosas en Francia no me pasaban...

21/4/13

Robin

Aviso, seguro que esta entrada va a quedar ñoña. Y no me importa.

Cuidar de un adolescente es... pecualiar. Debido a que son básicamente sacos de hormonas y ni ellos mismos saben lo que hacen o por qué. Al llegar a Londres, me preguntaba cómo acercarme a Robin, un chaval de casi 13 años, acostumbrado a tener chicas a su alrededor que pretenden imponerle una disciplina pero que en menos de un año se van y son reemplazadas por la siguiente au pair. Un niño cuyas mayores motivaciones son, por el siguiente orden:
- Dormir
- Comer
- Masturbarse
- Jugar con el iPad / pc / xbox
- Ver la tv
Tal cual. No vamos a fingir que el sexo no ocupa la mitad de su cabeza, porque sería una mentira MUY grande. Lo sé porque no soy tonta, porque todos mis amigos me lo han dicho, porque él mismo me lo ha dicho y porque lo he comprobado.
El caso, que yo no sabía cómo abordar la relación. Él estaba aún de vacaciones cuando su madre nos mandó a hacer un recado (comprarle al niño una americana y cambiar unas camisas), lo cual suponía caminar mínimo 40min de ida y vuelta. Mira que protestó para salir de casa... pero salió, claro.
Y fueron esos 40min, que a su paso de tortuga de "no quiero iiiir" se debieron de transformar en 1h 30 de charla, los que hicieron que nos cayésemos bien.
Es inteligente, pero un vago y un vanidoso. Y no tiene disciplina (normal). Estos meses nos hemos acostumbrado el uno al otro, yo a que tiene sordera selectiva y hay que repetirle mil veces las cosas, él a que responderme borde sólo le perjudica...
Normalmente es un chaval encantador, al que puedo pedirle que vaya al súper por mí (si hay por medio un "y te doy 2 pounds para que te compres lo que quieras", mejor), que desaparezca de mi vista durante el resto de la tarde o que haga la cena, con el que puedo hablar y al que le encanta contarme chorradas y preguntarme cosas bizarras, que yo contesto lo mejor que puedo (como aquel día que llegó de clase y me preguntó si era cierto que para que una chica tuviese un orgasmo, antes había que tocarle las piernas, que lo había dicho una compañera suya, o que si masturbarse te hace más débil... en fin).
Normalmente, bien. Pero también tiene días malos, en los que se convierte en una especie de bicho refunfuñón y caprichoso. Una vez el tal estado le duró dos semanas. Cuando quise hablar con él, se puso como cuando discute con su madre, se defiende yéndose por las ramas a gritos. Lo corté en seco y le dije "¿recuerdas cuando me pediste que no me fuese? bien, pues comportándote como un capullo como llevas haciendo estos días, hace que me plantee el largarme". Oye, como la seda. Nunca más fue maleducado.

Hace un par de semanas, durante las vacaciones de Semana Santa, me miró muy serio y me dijo que "no hemos hablado suficiente en estos meses, y nos queda poco tiempo". Me llegó al corazón, en serio. Le recordé que es él quien se encierra en su cuarto al llegar del cole, que yo siempre estoy dispuesta a hablar con él y que puede encontrarme en el salón.
Pues nada, que nos hemos pasado las vacaciones de Semana Santa como uña y carne. Y prometido y reprometido que seguiremos en contacto cuando me haya ido. Que "si te fueses mañana porque has encontrado un trabajo mejor, mi madre se lo tomaría a mal, pero yo me alegraría por ti", "no quiero que te mudes a un piso de mierda", "si no encuentras un trabajo/piso, seguro que podemos convencer a mi madre para que te quedes un poco más", etc.

Vamos, que el crío me ha cogido cariño (primera au pair con la que pasa tal cosa), y yo a él. Cuando pasó una semana fuera, lo eché de menos. Y ordenando su escritorio, me encontré con un retrato de mi persona con rasgos gatunos.

Como anécdota para cerrar esto, contar que una vez tenía una cita con un chico guapísimo no, lo siguiente, y estaba muy muy muy nerviosa. Robin lo sabía. Me desea suerte, salgo de casa divina y, de camino a la estación, me mensajea el chico en cuestión diciendo que imposible quedar, que las riadas han paralizado los trenes del norte. Bajón increíble. Intento hacer otros planes, llamo a un par de números, todo respuestas negativas. Bajón más profundo todavía. De vuelta a casa, paro en un súper aún abierto, compro una tarrina de helado, llego a casa y me asomo al cuarto de Robin. Y nos sentamos los dos a comer helado mientras escucha mi "moriré vieja y sola rodeada de gatos".

12/4/13

Diría que brilla el sol tras las nubes

Queridos lectores, escribo para pedir disculpas. Sé que hace bastante que no escribo, y más aún que no escribo algo decente, con chicha.
No es que no me pasen cosas, me están pasando, sí, y buenas además. On roule à 1000km/h au dessus de la mer en première classe, que diría Grand Corps Malade.

Soy feliz, aunque aún hace frío, busco trabajo y a veces me frustro con el idioma. Tras dos semanas encerrada con los críos, todavía queda casi una semana con este horario de mierda 13h/día. Y soy feliz. A veces creo que no me merezco esto, que no merezco tanto, otras veces me asusto y salgo corriendo, pero estoy trabajando en ello.
No hay color más alucinante que el de sus ojos bajo el sol (sí, el sol asomó tímidamente el pasado finde). No hay nadie más dulce que él y no creo que nadie pudiese cuidarme mejor.
Quizás he encontrado lo que siempre he querido, corazón e intelecto, ambos al nivel que necesito, o al menos eso parece.
No quiero convertir esto en una entrada ñoña, aunque supongo que siendo lo más importante de mi vida actual, y un cambio tan grande, merece mención especial.
Toca reacostumbrarse a rutinas que hace dos años que no tenía, asumir ese tipo de riesgo que más miedo me da (coger una maleta y largarme a lo desconocido, no, pero esto que hace todo el mundo, sí), hacer planes para dos, toca el perder sueño y dinero por vernos un rato, acostumbrarme a usar el inglés desde el primer minuto del día al último...
Toca dormir abrazada y protegida, reírme, sonreír con ternura, derretirme, hacer cosas juntos. Acostumbrarme a que ahora mis problemas no son sólo míos. A que ya no necesito todos esos escudos, a que puedo relajarme y disfrutar, que parece fácil, pero es lo más difícil. "Preocúpate menos y quiérelo más", me decían hace ya meses... Estoy en ello.

En fin, soy feliz. Sin trampas, sin dobleces, sin planes ni maldades. Soy feliz y hago feliz a quien me hace sentir así. Tan sencillo como eso.
Y querría compartirlo con vosotros, aunque por desgracia soy más una escritora del dolor, el cabrearse y maldecir que de la felicidad, las mariposas y tal. Eso, que seguiré por aquí, intentando volver a escribir (tengo un par de cosillas para el apartado de au pair) y que si me echais en falta, pensad que es para bien, que si no estoy escribiendo es porque estoy ocupada intentando no convertirme en un charquito de mantequilla bajo el sol.