25/3/13

Bizcocho de naranja

He hecho este bizcocho dos veces en menos de un mes, lo cual tiene que significar algo. ¿El qué? Lo rico que está, lo fácil que es de hacer y que seguimos teniendo naranjas en abundancia.

Bizcocho de naranja


Ingredientes:

- 250 g de  azúcar
- 170 g de  harina
- 70 ml de  aceite
- 3 huevos
- 1 naranja de zumo
- 1 cuch. de té generosa de  Royal


Preparación:

Precalentar el horno a 180ºC. Engrasar y enharinar un molde.
Lavar la naranja y, sin pelarla, trocearla. Quitarle unas cuantas hebras blancas y las pepitas, de haberlas. Triturar junto con el azúcar, el aceite y los huevos.
Tamizar el harina y el Royal e incorporar la mezcla.
Al horno, digamos... media hora.
¡Listo! El interior es de un amarillo encendido y tiene un poderoso sabor a naranja. Un auténtico rayo de sol veraniego en la cocina.

Si además exprimes una o dos naranjas y mezclas el zumo con mucho azúcar para hacer un sirope, y luego se lo echas por encima, mejor que mejor.

Sé que parece mucho azúcar, pero le hace falta. No obstante, yo probé a sustituír un huevo por un chorro de leche y queda tan bien como con 3 huevos.


15/3/13

¡Gracias!

La verdad es que nunca me han gustado especialmente los aniversarios ni cosas como San Valentín. Creo que puestos a celebrar algo bueno, mejor hacerlo en un día aleatorio, cuando te apetece, como a mí hoy.

Sé que muchos bloggers celebran los "cumpleaños" de sus blogs. Yo no, porque soy así de divina, pero hoy le he echado un ojo a las estadísticas de blogger y me hubiera caído de culo si no hubiese estado sentada. ¡Mínimo 1.000 visitas mensuales! ¡A veces 2.000! Sé que comparado con otros blogs, estas cifras no son nada, pero me sigue alucinando que alguien lea (y disfrute haciéndolo) mis cuentos, recetas y anécdotas.

Así que hoy quiero daros las gracias a todos, a los seguidores, a los que me leen desde las sombras, a los que comentan y a los que no, a los pacientes que me leen desde el principio de los tiempos (¡casi 6 años ya!) y a los recién llegados. Sois geniales, aunque no os conozca, y me gustaría enviaros un rayo de sol en un tarro para que lo pusieseis encima del escritorio y os alegrase el día, pero me temo que mi dominio de la energía solar aún no da para tanto, así que un fuerte abrazo y gracias de nuevo por estar al otro lado de la pantalla.


11/3/13

Summertime

(Ambiente)

Fue un verano perfecto. Hacía poco que nos habíamos conocido, pero me invitó a pasar el verano juntos. El trabajo le exigía irse por una temporada y yo no tenía nada que hacer, así que acepté su invitación. Cogimos un vuelo y en el aeropuerto nos recibió un hermoso sol. Nos esperaban varias horas de coche, de las que sólo recuerdo el viento agitándome la melena, el sol sobre la piel y las ondulaciones del terreno, colina de viñedos tras colina de viñedos. Llevaba demasiado tiempo preocupándome por todo, por si aquello era una buena idea, por si era correcto dejarme mimar por un hombre con mucho más dinero que yo... Cerré los ojos tras las gafas de sol y me recliné a disfrutar de la brisa en mi piel.

El lugar era pequeño, un pueblo de la costa con poco interés, pero la casa ni siquiera estaba en el pueblo, era necesario recorrer una carretera bordeada de pinos para llegar a ella: una casa blanca de dos plantas, cuya parte trasera miraba sobre el mar. Era vieja a ojos vista, pero me pareció encantadora. Recorrí sus habitaciones cerradas mientras él descargaba el equipaje. Olía a polvo, a calor, a madera y a salitre.
Los primeros día los pasé limpiando el lugar y adecuándolo mientras él se iba a trabajar. Sus ausencias eran breves y me daban tiempo para explorar y cotillear cada rincón sin vergüenza. Descubrí la bodega, fría incluso en los días de más calor, la buhardilla, llena de trastos y recuerdos, fotos antiguas, cartas, ropa femenina en el fondo de un armario. Sabía que no era la primera en ir allí, pero no me importaba. Había dejado de preocuparme por todo. Ahora era yo quien estaba en esa casa, con él, y eso era lo que importaba. El verano no existe más que para vivirlo en el presente.

Pronto se estableció una dulce rutina: sonaba su despertador, yo me quedaba adormilada en la cama hasta que venía junto a mí, el pelo mojado, oliendo a colonia, a despedirse con un suave beso en los labios. Solía volver a dormirme hasta que el sol me hacía salir de la cama, saludando al día desnuda, bien descansada, despreocupada. Desayunaba una taza de café y pasaba la mañana leyendo y escribiendo, adecentaba un poco la casa y me ocupaba de que hubiese camisas limpias. Preparaba la comida y entonces él llegaba, siempre sonriente, elegía el vino y charlábamos de libros, música o cualquier banalidad. No existían ni el trabajo, ni el pasado, ni el futuro.
Por la tarde íbamos a la playa o caminábamos al pueblo. Nos tomábamos un martini en la plaza principal mientras veíamos a la gente pasar o nos llevábamos una novela cada uno. Volvíamos a casa de la mano y me arrastraba al dormitorio, a hacerme el amor mientras el sol declinaba. Me perdía en los senderos de su piel morena y cálida, olvidaba el mundo exterior en sus brazos, me enamoraba con cada uno de sus besos.
Después de cenar nos sentábamos juntos en la terraza, a ver las estrellas en silencio mientras nos llegaba la voz de Billie Holiday a través de las ventanas abiertas, mezclándose con el rumor del mar. A veces, en la cama, después de haber besado cada centímetro de mi piel, cuando me tenía abrazada contra sí, me pedía que le leyese lo que había escrito ese día. Se tumbaba de lado y me miraba muy fijamente, bebiendo cada palabra de mis cuentos. "Fin", decía yo, y entonces él cerraba los ojos, absorviendo la historia, me atraía hacia sí y nos dormíamos, sabiendo que el día siguiente sería tan hermoso como el anterior.

Nunca amé tanto la rutina como aquel verano. Tenerlo para mí sola, viviendo en una crisálida de calor, sexo y vino. Sólo unas pocas veces tuvo que ausentarse el día entero, entonces me esmeraba en hacer una cena deliciosa, y lo esperaba desnuda, con una botella de champán helado a mano.

El sueño llegó a su fin y volvimos a la ciudad. Nos despedimos en la entrada del metro. Él me regaló un polvoriento libro en francés, con las hojas resecadas por el calor, y supe que lo había traído de la casa. Yo le di una libreta con todos mis cuentos. Sabíamos, sin saberlo, que aquella sería la última vez que nos veríamos. No había tristeza en nuestra despedida. Nos besamos como si nos dijésemos hasta luego y no miramos atrás cuando cada uno tomó su camino.

Jamás olvidaré ese verano, jamás lo olvidaré a él. Hace unos días llegó un paquete a mi casa. Un  libro de tapas blandas, titulado Cuentos de verano para un amante. En el interior no había dedicatoria, pero sí una foto que él me había tomado sin que yo lo supiese, una foto en la que me ve desnuda en la terraza de aquella casa frente al mar, apoyada en la barandilla con una copa junto a mí y mirando hacia un lado. En el reverso una pocas palabras: siempre te recordaré así.
No sé cómo hizo para publicar mi libro, pero ahora éste reposa en la estantería junto a aquél que me regaló.

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¿Se nota que necesito que llegue el calor? Once de marzo y está nevando...

7/3/13

Sombras

Desde siempre he sido una persona curiosa, herencia de mis padres. Me intereso por temas aleatorios, leo de todo, de vez en cuando descubro un tema que me interesa especialmente y por una corta temporada investigo a fondo, cuando mi curiosidad está satisfecha, paso a otra cosa.
Hace años, creo que aún en el instituto, me dio por investigar sobre BDSM*. Desde luego es un tema fascinante, sobre todo por el secretismo, el tabú. En fin, que leí mucho y cuando me pareció entenderlo, pasé a otra cosa.

Recientemente se pusieron de moda unas novelillas eróticas, Cincuenta sombras de Grey, que supuestamente trataban de BDSM. Me las recomendaron como muy buenas, leí unas 150/200 páginas del primer libro y me pareció malo y erróneo. Habían pasado muchos años de mi investigación, así que volví a ello, para descubrir que mis recuerdos eran correctos, el equivocado era el libro, no yo.
Dejé el libro de lado y seguí con mis cosas, pero ahí seguía el tema, parece que no puedas dar un paso en esta ciudad sin que te tiren el libro a la cara, coñe. Así que me propuse hacer una crítica del mismo. Cogí el libro y me puse a ello.
Si la primera vez me pareció malo, esta vez me pareció pésimo, y lo que es peor aún, que da una imagen muy muy muy equivocada del BDSM. Soy una persona ferozmente a favor de la libertad personal y, si quieres ser azotado con una caña hasta que te sangre la espalda, y alguien quiere hacértelo, me parece perfecto y lícito. No creo que por ello ninguno de los dos sea un enfermo, ni que tales deseos tengan que provenir de un pasado oscuro y traumático. Tampoco creo que... bueno, me voy callando ya que sino me pongo con la crítica y aún me queda casi medio libro.

El caso, voy por la página 300 de 514 y me está costando la leche leérmelo. No porque sea complicado, aunque el vocabulario le añade un punto de dificultad (lo estoy leyendo en inglés), ni porque sea espeso (se puede leer de una sentada, en un día), sino porque me deprime enormemente. Sobre todo el pensar que miles de personas han leído una novela sobre BDSM escrita por una persona que no ha hecho ninguna investigación, que seguramente no ha entrevistado a nadie del mundo y que ha conseguido alimentar una idea errónea del BDSM.

Doña E. L. James, su libro es una mierda y es usted idiota.

*BDSM: siglas que se refieren al trío Bondage-Disciplina / Dominación-Sumisión / Sadismo-Masoquismo. No me voy a poner aquí a hacer una explicación de en qué consiste, quien me lea tiene acceso a internet, buscad por un par de horas y luego, si tal, me comentáis.