25/2/13

Torrijas

Estaba yo hablando con un inglés sobre Semana Santa cuando salió el tema torrijas, y recordé que la última vez que comí torrijas las había hecho yo (y no la experta mano de mi Señora Madre), en Francia, con una escocesa y una australiana sentadas en la mesa de la cocina, bebiéndose mi vino y preguntando si podrían comérselas, a pesar de que las hacía para llevar a unos amigos. En fin, que de aquellas se me fue el santo al cielo, no publiqué la receta y, ahora sí que sí, ahí va. Y que la Semana Santa no nos pille de improvisto.

Torrijas


Ingredientes:

- 1 barra de pan blanco
- leche
- 2/3 huevos
- 1 palito de canela y en polvo
- azúcar blanco
- aceite de oliva
Sé que nunca especifico qué aceite usar, esta vez lo hago porque es importante, yo cometí el error de utilizar aceite de girasol ¡y menuda diferencia (para mal)!


Preparación:

Cómprese el pan con un día o dos de antelación y déjese endurecer.
Cortar el pan en rebanadas de unos dos dedos de grosor, o un poco más finas. Ni se os ocurra quitarle la corteza. Poner leche a hervir con el palito de canela. Batir los huevos en un plato hondo.
Retirar la leche del fuego. Poner una sartén con abundante aceite a calentar.
Colocar las rebanadas de pan en una fuente honda y verter la leche encima. Si es necesario, darle la vuelta al pan para que se empape bien. Escurrir con cuidado, rebozar en huevo y a la sartén. Cuando estén doradas por abajo, dar la vuelta. Escurrirles bien el aceite y pasar a una bandeja. Espolvorear con azúcar y canela al gusto. Dejar reposar para que se haga el típico almíbar torrijil.
Otra opción es, en vez de hervir la leche con canela, hacerlo con la pela de una naranja.


Artística foto de la bandeja de torrijas sobre la lavadora


Estas torrijas las llevé a una comida con erasmus, la mayoría españoles, que parecieron encantados de ver un dulce tan típico, y desaparecieron antes de que me diese cuenta (las torrijas, no los comensales).

EDITADO:
Me dice mi Señora Madre que mi explicación de cómo hacer las torrijas es incorrecta, así que la he cambiado, como buena hija (cof cof) que soy.

21/2/13

Pollo a la naranja y ensalada malagueña

Hoy dos recetas sencillas, pero sin foto, porque ayer no me acordé y hoy no hubo manera de colocar aquello para que quedase bonito.
Resulta que tenemos un montón de naranjas en casa y ya bastantes están medio pochas, así que estoy haciendo zumos a diestro y siniestro (y coñe, parece que no se acaban nunca). Ahora he pasado de tomar naranjas y zumo a media mañana y media tarde a cocinar con ellas. Ayer, por sugerencia de una amiga, hice ensalada malagueña y cuando Robin la vio, preguntó si tan mal estábamos de ingredientes para tener que recurrir a echarle fruta a la comida. Hoy, pollo a la naranja. El comentario del chaval, "¿otra vez naranjas?". ¡Pues sí, hombre, que se nos salen las naranjas por las orejas y no quiero tirarlas!

Ensalada malagueña


Ingredientes:

- 2 patatas
- 3 toros de bacalao
- 2 naranjas
- 2 tomates
- cebolleta
- aceite y sal


Preparación:

Se cuecen las patatas en dados, así como el bacalao. Cortar las naranjas, los tomates y la cebolleta y a una ensaladera. Añadir las patatas cuando estén listas y el bacalao desmigado. Aliñar y a la mesa.
Más fácil imposible.
Esta receta es una variación de la original, que en vez de tomates lleva aceitunas negras.


Pollo a la naranja


Ingredientes:

- pollo troceado (pechuga en dados / muslos / alas)
- 2 dientes de ajo
- el zumo de 2 naranjas
- pimentón dulce
- 1/2 cubo de caldo (avecrem, vamos)
- coñac
- hierbas de Provenza / hierbas al gusto
- sal y pimienta


Preparación:

Pelar los dientes de ajo y ponerlos a dorar en una sartén, seguidos del pollo salpimentado. Una vez el pollo coja color, añadir un chorro generoso de coñac, el pimentón, el avecrem deshecho con los dedos y las hierbas. Cuando se haya evaporado el alcohol, añadir el zumo y bajar el fuego, dejándolo hacerse hasta reducir la salsa.
Lo acompañé de arroz y está muy bueno, hasta a los niños, que no les gusta la pechuga, les encantó. Había leído por ahí una receta que incluía champiñones, pero creo que para la próxima probaré a echarle cebolla y quizás puerro...

18/2/13

I've got a burning desire for you, baby

(Ambiente)
La noche está en su punto álgido, mis amigas están desperdigadas por la pista de baile, pegadas, como yo, a algún tío grande, de esos que derrochan masculinidad y ego inflado. Las más apuradas ya se habrán ido a casa acompañadas. Mi pareja de baile hace amago de besarme y lo esquivo dándole la espalda. Y entonces te veo entrar en el bar. Sigo bailando y no pasan ni dos minutos cuando me descubres entre la masa de gente. Tu sonrisa se evapora al ver cómo las manos del tío con el que bailo resbalan hasta mis caderas. Finjo no haberte visto y me contoneo con ese movimiento de cadera que tanto te gusta. Bajo las pestañas puedo ver que sigues mirando hacia nosotros. Pego mi espalda al pecho masculino y, levantando el brazo derecho, acaricio la nuca del macho 4x4 que en ese momento me besa el cuello. Entonces te miro a los ojos. Puedo leer furia en ellos. Te sonrío y das media vuelta para irte. Tus amigos intentan pararte, pero te zafas de ellos. Me aparto de mi musculado bailarín y, sin una palabra, voy tras de ti.
Te alcanzo en la calle, te tomo del brazo y te vuelves a encararme.
- ¿Qué cojones era eso? - gritas.
Ignoro tu pregunta, hundo mis manos en tu pelo y te beso. Me agarras con fuerza de la cintura, clavas tus dedos en mi piel y me pegas a ti, devolviéndome el beso con una pasión rabiosa. Oleadas de calor me recorren desde la entrepierna. Noto el bulto que crece en tus pantalones. Mirándote fijamente, te tomo la mano y te arrastro a un callejón sin salida, al cual sólo dan las puertas traseras de unos restaurantes.
Me empujas contra una pared y retienes mis muñecas con una mano mientras la otra se pierde bajo el vuelo de mi vestido. De un tirón me bajas la ropa interior hasta medio muslo y me vuelves de cara a la pared. Oigo el tintineo de la hebilla del cinturón y me inclino hacia adelante, separando las piernas para facilitar lo que viene a continuación, pero apenas me he movido cuando me tomas por la cintura y entras en mí. Se me escapa una exclamación que se mezcla con un gemido gutural tuyo.
No hay piedad ni pausa, me embistes, me follas duro. Me agarras del pelo y tiras hacia atrás, acercando nuestras caras.
- ¿Era esto lo que querías? - preguntas con agresividad en mi oído.
- Sí. - susurro entre gemidos.
Con la otra mano me sueltas un fuerte azote que me hace arder la piel.
- No te he oído.
- ¡Sí! - digo claramente, antes de morderme el labio inferior para acallar un grito de placer.
Una de tus manos se mete entre mis muslos en busca de mi clítoris y la otra me tapa la boca con fuerza para sofocar mis reacciones. Apoyo ambas manos contra la pared y me muevo a un ritmo frenético, loca de deseo y placer, sintiendo que pierdo la cabeza.
Temo que vaya a explotar, grito contra tu mano al tiempo que siento cómo te vacías dentro de mí en espasmos de placer.
Me tiemblan las piernas y tengo que apoyarme contra un contenedor para no caerme. Recupero el aliento mientras te veo abrocharte los pantalones y colocarte la ropa. Me ves mirándote y sonríes. Plantas un suave beso sobre mis labios y me subes las bragas.
- Te quiero. - murmuras dulcemente.
- Y yo a ti.

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Translation! (It's the last time I do this...)

The night is at its peak. My friends are scattered around the dance floor, they're glued, like me, to some big guy, one of those who radiates masculinity and an inflated ego. The most anxious have already gone home accompanied. My dance partner moves forward, but turn away, avoiding his kiss. And then I see you coming into the bar. I go on dancing and soon you discover me among the mass of people. Your smile evaporates when you see another's hands sliding down to my hips. I pretend I haven't seen you and swing my hips with that movement that you like so much. I glance at you hrough my lashes, you are still staring at us. I lean my back against the manly chest of my dance partner and, raising my right arm, caress the nape of the hench male who, at that time, kisses my neck. Then I look into your eyes. I read anger in them. I smile and you turn away to leave. Your friends try to stop you, but you brush them off. I put my muscly dancer aside and, without a word, I'm after you.
I reach you in the street, I take your arm and you turn to face me.
- What hell was that about? - you scream.
I ignore your question, I sink my hands in your hair and kiss you. You grab my waist firmly, sink your fingers into my skin and haul me towards you, returning my kiss with a raging passion. Hot flashes run through my body from my loins. I notice the bulge that grows in your jeans. Staring at you, I take your hand and drag you into a lane. You push me against a wall and hold my wrists with one hand, while the other is lost under my dress. Sharply, you turn me against the wall and yank my underwear to my mid-thighs. I hear the tinkling of the belt buckle and I lean forward, separating the legs to facilitate what comes next, but I've barely moved when you hold my waist and enter me. I let out a gasping moan that is mixed with your guttural groan.
There is no mercy or pause, you bombard me, fucking me hard. You grab my hair, pulling it back, bringing your lips close to my cheek.
- Is this what you wanted? - you ask aggressively.
-Yes. - I get to whisper between my moans.
With the other hand you spank with force, my skin burns.
-I did not hear you.
-Yes! - I say clearly, before biting my lower lip to stifle a cry of pleasure.
One of your hands reaches between my thighs in search of my clit and the other covers my mouth with all your might to quell my reactions. I lean both hands against the wall and begin a frantic pace, going crazy with desire and pleasure, feeling that I lose my head.
I am afraid that I will explode, I cry against your hand while I feel you empty yourself inside me in spasms of pleasure.
My legs are shaking, I lean against a container so I don't collapse. I get my breath back while I watch you button up your jeans. You see me looking at you and smile. You plant a soft kiss on my lips and put my panties up.
- I love you. - you murmur tenderly.
- I love you too.

Take care

Londres, ciudad enorme, con más de 8 millones de habitantes, peligrosa dentro de lo normal, caótica y organizada a un tiempo, comercial a morir, donde puedes sentir los tentáculos del consumismo salir de tiendas y fachadas para arrastrarte a abrir la cartera y vaciarla en cualquier caja abierta.
Caminar por buena parte de Londres supone ser arrastrado por una marea de peatones apresurados, los pasillos del metro parecen pistas de atletismo donde la gente se mueve a un ritmo alarmantemente rápido, y claro, eso supone accidentes.

 (Tener cuidado no te hará daño)

Siempre me han gustado las campañas por el comportamiento cívico; en los tranvías de Nantes tenían unos carteles muy chulos que cambiaban frecuentemente. Y nada, con el comienzo del año, las estaciones de metro se han llenado de carteles que nos comentan que el año pasado hubo casi dos mil accidentes y una muerte causados mayoritariamente por las prisas. Me extraña que no haya más, viendo a la gente correr escaleras mecánicas abajo, sin siquiera rozar el pasamanos, estando todo el suelo mojado...
Pero además de intentar llamar nuestra atención sobre la seguridad en el tube, también fuera nos encontramos con campañas que, sin entrar en si son efectivas o no, a mí me encantan.

(Mi amigo escuchaba la canción, no oyó la camioneta. Para. Piensa. Vive)

Además resulta que los de la estación de Charing Cross son unos cachondos y el otro día estuvieron pasando un vídeo sobre caídas en la estación y lo finiquitaron con "caerte no es lo único que puede pasarte, también puedes quedar en ridículo" (o alguna frase similar) y casi normal que pongan esos vídeos, porque luego te encuentras con mamones así que siguen arriesgándose a una hostia seria.
Aquí una de las imágenes del vídeo:


Sin tener muy claro cómo, la tía se cae y sube todo el tramo de escaleras despatarrada. Hilarante hasta que piensas en lo mucho que debió de dolerle.


Tengo que empezar a llevar la cámara en el bolso y hacerle fotos a los carteles, os aseguro que las campañas no tienen desperdicio.

9/2/13

Operaciones de alto riesgo

Con relación a mi entrada de la piel del oso, creo que la cosa merece una continuación.
Lunes a mediodía, yo en casa, él trabajando en Birmingham, me manda un sms diciendo que si puede preguntar cuál es nuestra relación (esa maldita híper-educación inglesa) y que querría haberlo hecho el día anterior en persona, pero que no había encontrado las palabras.
Leo el mensaje y, lo esperado, taquicardia, sudores, ansiedad, no saber qué hacer. Le devuelvo la pelota, como en el juego de la patata caliente, a mí que no me caiga el marrón encima: no sé, ¿qué piensas tú? etc.
Tras mucho sms va, sms viene, el corazón en un puño y quedamos en dos cosas: nos gustamos y estamos bien así. No hemos avanzado nada.

Llegan los niños a casa, me preparo mi té de la tarde, pero tengo tantos nervios concentrados en el estómago que no puedo darle más que un par de sorbos. Robin, haciéndose cargo de la situación, va a comprar chocolate (adoro a ese crío).
Me siento ante el ordenador y ahí está Tizón. Recuperamos la conversación. Me dice que quiere que nos demos mútua exclusividad, aparte de nombres y etiquetas (ya hemos aclarado la "arbitraria naturaleza de la nomenclatura"). Acepto. Me cuenta que tuvo un par de citas en las que no pasó nada mientras "estaba conmigo", pero que ya de la última se sintió culpable y que sólo quiere estar conmigo. Me cabreo mucho, toda la ansiedad sale volando y se transforma en una mala leche y una tristeza de las grandes. Sé que no tengo derecho a cabrearme, que no es nada serio, pero los sentimientos son irracionales y no atienden a "no era tu novio, no podías exigirle nada".
Et voilà! Si me quedaba alguna duda sobre mis sentimientos, ha sido aclarada. Si no me importase, si sólo fuese un entretenimiento o un capricho, no me hubiese sentado tan mal esta noticia. Así que obligo a mis sentimientos funestos a recular y aprecio la honestidad de contármelo todo antes de empezar algo oficial.

Así que sí, la cosa avanza, he salido del mercado y estoy feliz.

A quienes me escribieron en los comentarios que están en una situación similar, sólo tengo un consejo: he llorado mucho en su día por alguien, por cosas que no salieron bien, pero a pesar del sufrimiento, no me arrepentiré jamás de haberme arriesgado, de haber amado sin reservas. Al final sí es cierto eso de "vale más haber amado y haber perdido que nunca haber amado".

En cuanto al título de las entradas, se los debo a Fer, que en su momento, ante mi inseguridad sobre el futuro (bueno, no vendamos la piel del oso antes de cazarlo), contestó: No es que esté cazado, es que su piel ha sido vendida y los beneficios adquiridos por la venta han sido invertidos en operaciones de alto riesgo. ¡Qué razón tiene siempre el muy capullo!