16/1/13

La piel del oso

Hace mucho que no escribo una entrada de este estilo, pero allá va:

Siempre he tenido problemas para relacionarme con los demás. De pequeña prefería jugar sola, en el colegio no hice ni un solo amigo, no frecuento a nadie del instituto y de la universidad no me quedan más que un puñado de amigos. Tres, en concreto.
Y si me costaba (cuesta) relacionarme para hacer amigos, no hablemos ya del sexo opuesto. Dejando de lado el éxito que pueda tener o no en atraer a hombres, me refiero a cosas que duren. Lo cierto es que sólo he tenido un noviazgo de verdad, de... casi dos años, creo (shame on me, debería saber eso). El siguiente en duración fue de tres meses cuando tenía 16 años, así que imaginaos el percal.

Cuando me fui de España, me llevé además de la maleta, un corazón moribundo, decepcionado consigo mismo y con muy pocas ganas de arrejuntarse. En Francia tuve un pretendiente, como ya sabéis, que sólo al final se atrevió a decir lo que quería conmigo, cosa que yo ya sabía y había dejado claro que no iba a pasar. Estuvimos meses manteniendo una semi-relación y no sentí nada por él. Ni por él ni por nadie. Pasaba el tiempo y tenía un erial en el pecho.
Volví a España, pasé el verano sin sentir nada y así llegué a Londres. Pero hete aquí que empiezo a sentir el mordisco de la soledad y empiezo a tener ganas de encontrar a alguien. No necesariamente algo serio-serio, entendámonos, aún no estoy yo para ponerme a buscar al hombre de mi vida (que oye, si aparece, apareció, pero no tengo yo la vida como para poder prometerle a alguien estabilidad), pero sí alguien que me haga sentir mariposas, o como mínimo ilusionarme. Un poquito, nada más, no pido mucho, creo.

Entonces conozco a un chico. Tengo que ponerle un nombre, a ver, que yo aquí no publico nombres reales... llamémosle... Tizón. Porque sí. (Bueno, vale, en realidad es una deformación de la traducción del nombre del gato de su madre, no se me ha ocurrido nada mejor).
Eso, que nos conocemos. Y me digo, anda, qué chico más majo, más dulce y más listo, igual es lo que estaba esperando. Y quedamos más y más, nos conocemos mejor y nos sacamos de las casillas mútuamente, pero en vez de cabrearnos, nos reímos. Y de pronto mis amigos empiezan a decirme que a ver cuándo empezamos a salir juntos en plan formal, que tanto sms y tanta chuminada son algo, que quedar todos los findes durante tantas horas huele a chamusquina. Y a mí se me empieza a meter en la cabeza que igual sí, igual sí que es hora, que estoy muy a gusto con él, que nos lo pasamos muy bien juntos y que me paso el día mirando el móvil como una adolescente, y que si él, en cuanto le dicen en el curro que lo mandan unos días fuera, lo primero que hace es mensajearme, igual... igual es que sí. Si me llama sweetie y babe y a mí me parece bien. Pero no estoy por forzar las cosas, así que dejo de escuchar a Kiera y su maldito romanticismo y dejo que fluya, porque algún día llegará la conversación de forma natural.

Y llegamos a anoche. Estamos chateando, como cada noche, cuando la conversación se vuelve dulce y me dice que tiene algo que decirme. Y aquí viene el problema. El corazón, en vez de darme un brinco de alegría, salta del susto y me da tal ataque de pánico que casi me echo a llorar (lamentablemente, no es una exageración). Se me congelan las manos sobre el teclado mientras miro fijamente el "Tizón está escribiendo..." y me pregunto qué carajo voy a responder en caso de que me escriba una declaración. Afortunadamente, se limita a un "la semana pasada te eché mucho de menos, ¡estuvo tan bien volver a verte el sábado!". *Vuelvo a respirar*

De modo que así están las cosas: tengo ganas de enamorarme, encuentro a alguien que me gusta, con quien, en realidad, hago casi vida de pareja, pero que no es mi novio, y me ac*jono cuando me parece que me va a decir que le gusto. Tengo un serio problema.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

a por el oso!

Shae dijo...

Me alegra escuchar que hay alguien en tu vida! pero al caso, lo que te pasa es que te da miedo lo que pueda implicar tener una relación o a las ataduras como quién dice, es normal, cuando sientes la libertad de irte a donde te dé la gana, cuándo te de la gana y cómo te de la gana cuando estás con alguien la libertad se coharta por respeto a la otra persona. No se si es eso lo que te pasa ... pero no dejes pasar oportunidades por miedo a lo que pueda pasar en el futuro, como bien se dice ; no te arrepientas de lo que hagas si no de lo que dejaste sin hacer. A por el oso! y oye, un sexbuddy fijo tampoco viene mal ;)

Anónimo dijo...

Pasa de etiketas y disfruta en cada momento de lo q tienes. No seas paranoika y recuerda q si algo te hace feliz no deberias ser tu misma la q lo boikotea. Un biko :D

bárbara dijo...

Tienes miedo, porque te acuerdas de lo mal que lo pasaste la otra vez que te enamoraste. Y porque los compromisos te asustan, como le asustan a cualquier adulto que tiene una vida .
Pero no es un compromiso de boda!!! Aunque ya estás enamorándote…
Sólo se puede nadar nadando; nada más debes mantener control de manos y piés. Un beso

Dani Maverick dijo...

Como te he dicho muchas veces, te envidio. Y no solo por sentir esas sensaciones, sino por poder decirlo abiertamente. Es algo que no he podido experimentar, y que dudo que llegue el día que llegue a pasar.

De todos modos, uno de los consejos que te doy siempre. El no ya lo tienes. Si se demora mucho, toma la iniciativa, porque a veces los tíos nos frenamos por el respeto a que vosotras tengáis la primera palabra al respecto.

Mis felicitaciones, A.

Pau S. dijo...

Hola! encontré tu blog, por mi desesperación de entender mejor a los ingleses desde el punto de vista de alguien que hable español, como yo... me sentí tan identificada contigo, porque me encuentro masomenos en la misma situación con un ingles que conocí en mi pis... y no lo entiendo a el, ni a mi, así estoy como tu, me da pánico q me diga q quiere una relación seria e igual de pánico si me dijera q solo quiere algo casual... yo también tengo serios problemas

Anónimo dijo...

Acabo de leer la entrada, y es justo lo que me pasa en esos momentos.Sólo que mi pánico no es que él tome la iniciativa.
Mi lastre tiene nombre y es alguien de mi pasado, que aunque fui siempre su segunda opción, me defraudó, me puteó y pasó de mi como si nada, yo sigo sintiendo cosas por él, muchas cosas ( y a veces hasta me niego a confesarmelas a mi misma, porque no quiero, no puedo, porque vivimos en paises diferentes, porque yo no dejaría mi vida por él y porque valgo mucho para ser segunda opción de nadie).
El "oso" extranjero es un ser adorable, que me hace sentir protegida, querida; que me hace reir, pero me da un vuelco el corazón cada vez que siento que no puedo corresponder lo que siente.
Nunca llueve a gusto de nadie