21/12/12

218 miles away

Sientes un soplo de aire en la nuca y sabes que soy yo, a pesar de que esté a 350 kms de distancia, sabes que soy yo. Se te erizan los pelos de la nuca e intentas concentrarte en el código que estás terminando. Tres semanas trabajando en ello y hoy vas a presentarlo delante de todo el mundo, tienes que concentrarte. Pero yo no te dejo, porque estás en deuda conmigo, huíste a 218 millas de mi sin darme lo que sabía que me ibas a dar. Lo que había leído en tus ojos, cuando me mirabas furtivamente, cuando tanteabas mi mirada. Pero me dejaste ir, y huíste. Y ahora aparezco una y otra vez en tu mente, sientes unas manos sobre tus rodillas, subiendo por tus muslos y el código se vuelve borroso. Miras hacia tu regazo pero evidentemente no hay nada. Nada visible, al menos. Mi roce sigue ahí, subiendo por tu cuerpo, acariciándote bajo la ropa, puedes oler mi perfume y sentir mi pelo cosquillearte en la punta de la nariz.
Las manos te tiemblan ligeramente y cuando poso un beso en tu cuello, te muerdes el labio inferior para no gemir. Te secas el sudor de la frente y vuelves a poner toda tu atención en el trabajo, me relegas al fondo de tu mente y te gritas a ti mismo que no debes dejarme salir de nuevo.
Los minutos pasan lentos, la hora de la presentación está a tan sólo 20 minutos. Puedes hacerlo, te dices, ya casi está listo. Tienes la solución genial para los programas informáticos de la Seguridad Social, puede que hasta te valga un aumento. Lo repasas una última vez y cuando estás a punto de aprobarlo con un asentimiento de cabeza, salgo arrasando todo a mi paso, y ya no sólo me sientes, sino que me ves, desnuda, mojada y con espuma de jabón, como si hubiese sido abruptamente sacada de la ducha, sentada a horcajadas sobre ti, una mano en tu mejilla, recorriéndote los labios con el dedo pulgar, la otra mano bajo tu camisa, arañándote delicadamente la piel. No puedes resistirte a esta locura, a la tortura de tenerme lejos durante días y días. Hundes la mano en mi melena empapada y me tiras del pelo, haciéndome arquear el cuello, alzar el pecho. Besas mi clavícula y tu lengua prueba mi carne húmeda, tus manos me agarran fuertemente por las caderas, atrayéndome hacia ti.

Un golpeteo te devuelve de golpe a la realidad, tu jefe asoma la cabeza por la puerta y pregunta si ya lo tienes todo listo para la presentación.
Temblando como una hoja, coges tus papeles, carraspeas y te diriges a la sala de reuniones, suplicando por que no te esté esperando allí...

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I'm pretty sure that this is full of mistakes, but well, here it is, the translation:

You feel a blow of wind on the back of your neck and you know that it's me, despite the fact that I am 350kms away, you know that it's me. All your hairs stand on end and you try to concentrate on the code you're about to finish. After three weeks working on it, you're going to give a demonstration today to the whole team, you must concentrate. But I don't let you, because you're in debt with me, you escaped 218 miles away from me without giving me what I knew that you were going to give me. What I had read in your eyes, when you looked at me sneakily, when you sounded me out with a glanze. But you let me go, and ran away. And now I appear over and over again in your mind, you feel a pair of hands on your knees, crawling up your thighs and the code becomes blurred. You look down, towards your lap, but obviously there's nothing. Nothing visible, at least. My touch is still there, climbing through your body, caressing you under your clothes, you can smell my perfume and feel my hair tickling you at the tip of the nose.
Your hands tremble slightly and when I place a kiss on your neck, you have to bite your lower lip not to groan. You dry the sweat away from your forehead and paying all your attention to work, you push me into the background of your mind and yell to yourself not to let me out again.
Time goes by slowly, presentation time is just 20 minutes away. You can do it, you tell to yourself, it's almost done. You've got the great solution for the computer programs of the NHS, it may even worth a rise. You check it one last time and when you're about to approve it with a head nod, I get out, devastating everything in my path, and you not only feel me now, but you can see me, naked, wet and soapy, as if I had been abruptly taken out of the shower, sitting astride on you, one hand placed on your cheek, outlining your lips with my thumb, the other hand under your shirt, delicately scratching your skin. You cannot resist this madness, the torture of having me far away from you for days and days.
You bury one hand into my soaked hair and pull it, making me arch my neck, lift the chest. You kiss my collarbone and your tongue tries my moist flesh, your hands strongly grab me by the hips, drawing me towards you.

A knocking brings you back to reality, your boss pops his head through the open door and asks if you are ready for the presentation. Shaking as a leaf, you take your papers, clear your throat and head to the meeting room, begging for that I won't be there waiting for you...

13/12/12

Bizcocho hastalmoñero

Llevo tres días de currar todo el día, de 7 de la mañana a 7/8 de la tarde, cuando llega mi jefa del trabajo, debido a que el pequeño está "enfermo". En realidad, estar, sólo estuvo enfermo un día. Y cansa. Cierto que no trabajas a matar, porque al fin y al cabo, el 75% del día se lo pasa viendo la tv, pero es agotamiento mental y el pensar "tengo tal cosa que hacer, tal lugar al que ir... y no puedo". Y así tres días seguidos. Estoy del niño (y de su madre) hasta el moño.

Mi primer descanso real fue anoche, cuando vi a una amiga que, tras 6 o 7 meses en Irlanda se volvía a España haciendo escala en Londres para verme. Fueron  unas horas geniales: volver a verla, ir a cenar, disfrutar de su acento uruguayo, acordarnos de cuando la casi-obligaba a saltarnos clases... Y además me regaló mi libro favorito, traído de la patria del autor con mucho amor :)

Inciso: Algo nuevo que he aprendido de Londres: las compañías de taxis se especializan en zonas, así que si llamas a una cía. de tu zona para que te vaya a recoger a otra, como no tengan un taxi por allí, te quedas en tierra y tienes que llamar o a un taxi negro (los típicos) o a una cía. de la zona. Por cierto, descubrir tal cosa a medianoche, a -2ºC no mola nada.

El caso es que hoy, de puro aburrimiento, me puse a trastear en la cocina. Y salió un bizcocho de chocolate y almendras, sin huevo (no quedan) y con plátano. Porque en la mezcla sin ton ni son está el éxito. Gracias de nuevo a Bárbara por proporcionarme la parte interesante de los ingredientes y el molde.



Bizcocho "hastalmoñero"


Ingredientes:

- 1 vaso de  harina
- 5 cuch. sop. de  azúcar
- 1 y 1/2 cuch. sop. de  Royal
- 1 plátano
- 1 chorro generoso de leche
- 1 cuch. sop. de  mantequilla
- 1 pizca de sal
- pepitas de chocolate
- almendras en cuadrados
(y se me acaba de ocurrir que un toque de canela hubiese estado bien)


Preparación:

Precalentar el horno.
Triturar el plátano con la leche y la mantequilla. Mezclar harina, Royal, sal, azúcar y la almendra. Incorporar el plátano y una vez esté homogéneo, el chocolate. Un par de vueltas, al molde y al horno.

Calentito, con el chocolate aún derretido, es una delicia.



10/12/12

Bobby

Hoy os traigo una entrada simpática que, espero, hará sonreír a más de uno.

Para desplazarme en esta ciudad, a menos que vaya a algún barrio "cercano", utilizo el tren y el metro. La parada más cercana me queda a unos 15/20min a pie de casa, utilizando el mismo recorrido. Pues hace un par de semanas, de vuelta a casa ya de noche, me salió al paso un gato blanco y pelirrojo. No es algo infrecuente, ya que aquí la gente deja a sus gatos todo el día fuera, y se suelen acercar a ver si cae algo de comida o de mimos. Yo tengo un par fichados (un gato gordo pelirrojo y negro, y otro negro y blanco) que suelen venir por el jardín y se ganan mimos a base de refregarse contra tus piernas. Como para decirles que no, vamos.
El caso, que le rasco detrás de las orejas y él, muy chulo, cola erguida, me sigue. No cinco pasos, no, me sigue hasta el final de la calle, cuando se para y me mira. Decido ignorarlo, porque sé que si le chisto, se viene conmigo, así que allí se quedó.

Este sábado salí de fiesta y, tras un infinito viaje en bus, llegué a mi barrio, a un par de calles de la estación de tren. Apretando el paso y con la bufanda hasta las orejas, tiré para casa cuando de pronto, un rayo peludo cruza la calle y se me pone delante (una mala manía de este gato, cruzársete mientras caminas, parece incapaz de caminar a tu lado, tiene que metérsete entre los pies, a ver si te matas o algo). Bueno, que se me pone el minino delante. Yo sorprendida de que a tales horas siga en la calle. Entendámonos, es un gato con dueño sí o sí. Tiene marca de collar, está sano y limpio y va derechito a la gente. Y los gatos caseros, a las 4 de la madrugada están en casa de sus dueños, calentitos y secos. Por un arrebato, le dejo que se venga conmigo y de vez en cuando echo un vistazo sobre mi hombro a ver si sigue ahí. Cuando llegamos a una calle por donde los coches pasan como bólidos, lo cojo en brazos y se deja, ni siquiera recula cuando le echo los brazos. Llegamos a casa y, mientras busco las llaves, espera sentado en el escalón. Se cuela en cuanto abro y vuelve a esperar. Lo llevo a la cocina y le ofrezco un macarrón y un cacho de galleta, así como un bol de agua. Lo olisquea todo y pasa. Mira a su alrededor y luego a mi. Estoy bastante segura de que lo único que quiere es un sitio caliente donde dormir, pero ésta no es mi casa y no puedo asegurar que a mi jefa no le vaya a parecer fatal que meta a un gato en casa, así que lo cojo en brazos, ronronea y me lame los dedos, pero yo, con mucho dolor de mi corazón, lo mando a la calle de nuevo.
En esos 20 minutos o media hora que pasamos juntos decidí que tenía que llamarlo de alguna manera y como el encuentro que tuve con este gato me recuerda al encuentro de James con Bob, decido llamarlo Bobby (no es un nombre que me guste mucho, pero me salió así).

Pues bien, esta tarde, después de haber acostado a Léo, estaba en el salón viendo The big bang theory con Robin cuando llega su madre, riéndose y hablando con alguien. "Es alucinante", dice.
Resulta que el gato debía de estar en el patio delantero y, en cuanto ella abrió la puerta, se coló entre sus piernas y entró en casa. Yo, por supuesto, me lancé a saludar al gato y le conté grosso modo la historia a mi jefa. Siguió flipando por colores de lo bien que nos llevábamos el gato y yo. Lo cogí y lo puse en mi regazo a ver la tv y allí se quedó un buen rato, hasta que decidió que era hora de ir a explorar. Al final entendí que quería beber y, tras una feliz hora de tener a esa hermosa bola peluda por casa, mi jefa decidió que ya iba siendo hora de que se fuese, porque a pesar de no querer echarlo, su dueño podría preocuparse, aunque yo empiezo a pensar que este gato se ha perdido o ha sido abandonado. Es un macho joven muy activo y muy bravo, cuando el otro día me acompañó a casa, se lanzó enseguida a bufar a todos los otros gatos que vimos. Por cierto, no está castrado, así que ése puede ser el motivo y, tal vez, un dueño harto de lidiar con un gato peleón, decidió darle la patada, quien sabe.

Pero a mi me hace muy feliz que Bobby haya venido a verme (ya, ya, no venía a verme, venía a que le diesen de beber...) y aproveché para sacarle un par de fotos rápidas.


Explorando mi armario


Probando la comodidad de mi taburete

1/12/12

Panecillos de ajo

Estaba yo leyendo blogs de cocina (por no variar), cuando me entró la fiebre de la harina. La fiebre de la harina es aquella que me insta a hacer masas, si pueden ser estilo pan (empanadas, tartas, etc.) mejor que mejor.
Pero claro, en esta casa no es que vayamos sobrados de ingredientes y yo no tenía ganas de meterme a buscar recetas, así que decidí inventar con pequeñas cantidades:

Panecillos de ajo


Ingredientes:  (a ojo)

- 1 y 1/2 vaso de  harina
- 2/3 vaso de  agua
- 1/3 vaso de  vino blanco
- chorro de aceite de oliva
- 1/2 cuch. moka de  sal
- 1 cuch. moka de  Royal (a falta de levadura de verdad)
- 2 dientes de ajo
- hierbas de provenza / orégano / albahaca...


Preparación:

Precalentar el horno.
En un bol, mezclar el agua y el vino. Añadir la harina, sal y levadura y mezclar. En algún momento, recordar el aceite y echárselo. Espachurrar el ajo con el picador de ajos (no aconsejo picarlo a mano) y añadirlo a la mezcla, así como las hierbas aromáticas que prefirais.
Una vez mezclado, pasar la masa a la encimera y amasarla bien.
Cuando esté lista, cortarla en varios pedazos, hacer bolas y ¡hop! Al horno.
1h de cocción en mi horno, diría que media en uno normal.
Degustar calientes, cortados al medio y untados en mantequilla salada.
Ojalá hubiese tenido levadura de panadero, pero en fin, me apañé bien.