30/9/12

Un pañuelo

Londres es enorme, inabarcable. Pero luego pasan cosas como:
Ir a una fiesta y encontrarte a un coruñés, amigo de tu prima, al que hacía años que no veías.
Entrar en el metro y que alguien te toque el hombro y sea tu amiga finesa.

Te pasa en A Coruña, o en Nantes y es raro, pero no tan difícil. Pero te pasa en Londres, con los millones de personas que viven aquí, con tantas líneas de metro, con tanta frecuencia y tantos vagones...

El mundo es un pañuelo en mi mano.

26/9/12

Mañanas de au pair

Ha llegado la lluvia a Londres. Ya tardaba, cierto, pero eso me dificulta mucho hacer algo interesante. No es que antes hiciese cosas muy interesantes por las mañanas, pero al menos podía salir a airearme. Ahora puedo salir a airearme y empaparme, porque no le veo el interés a salir si es para montarme en un bus/tren y meterme en algún lugar cerrado. Para eso me quedo en casa.
El caso es que después de un par de días con el techo sobre mi cabeza 24h diarias, hoy me dije que tengo que dejar de meterme prisa a mi misma y tomármelo con calma, así que después de poner una lavadora y que los chavales se fuesen a clase, volví a meterme en cama. Una hora más tarde me levanté sintiéndome mucho mejor. Puse la secadora (detesto esto de vivir "atada" a la colada), recogí un poco, té en mano, me comí una tostada con miel y mermelada casera de frambuesa (regalo de mamie, la abuela francesa). Mi hostmum se fue a la oficina (ayer se quedó en casa porque tenía un ojo malo y no podía conducir) y yo me senté a leer un rato.

Pero también hay otras mañanas. Mañanas en las que te despierta un ruido tal que ¡CATACRÁS! en el salón, y cuando llegas te encuentras a Léo (sí, es con acento) con los calcetines mojados, un vaso roto, los cojines y un millar de lápices tirados a la buena de dios, el aseo hecho un asco, la TV a un volumen demencial... y el niño corriendo de un lado a otro, como si aquello fuese divertidísimo. Robin diciéndome que no tiene pantalones que ponerse, así que tengo que correr a planchar unos... Que no es tan grave, pero yo a las 6.45h no soy persona. Necesito un par de horas para tolerar los ruidos y las conversaciones, y me toca las narices que habiéndole dicho mil veces que me avise la víspera de si necesita algo limpio/planchado del uniforme, no lo hace nuuuunca. El otro día tuve que plancharle un pantalón, para que el muy avispado descubrise 5min más tarde que aun tenía un par limpio y planchado en el armario. Para estrangularlo...

Sin embargo, estoy muy contenta aquí. Mi jefa es muy amable, los críos son fáciles de llevar, muy muy muy easy going.
En Francia tenía una habitación grande, con cama doble y mi propio cuarto de baño, dos armarios enormes y una planta de la casa prácticamente mía. No trabajaba nunca los findes (excepto algún babysitting) y no limpiaba más que mi cuarto y echaba una (excesivamente colaboradora) mano en la cocina.
Aquí tengo una habitación más bien pequeña, con cama individual, que cruje en cuanto te sientas en ella, cuarto de baño compartido con toda la familia. Los zapatos tengo que meterlos bajo la cama y la maleta bajo el escritorio, porque no hay para más, además de estar junto a los demás dormitorios. Trabajo media jornada uno de cada dos sábados y los babysittings son toda la noche (vamos, que no puedo esperar a que llegue mi hostmum para salir). Limpio como en casa de mis padres y me encargo de la colada, además de ayudar con la cocina.
Y aun así me compensa. No sólo porque cobre el doble (que también), no sólo por estar sola en casa todo el día, de modo que yo me organizo como me da la gana, sino también y en buena parte, por los chavales. Porque no hay gritos ni llantos, porque no necesito brazos y ojos extra, porque no tengo que repetir la misma orden mil veces (y que además no me hagan ni p*to caso), porque no aguanto desplantes de un crío maleducado. Porque vivo tranquila, sabiendo que si dejo 2min mi puesto de trabajo para ir al baño, beberme un vaso de agua, recoger algo que quedó fuera o porque suena el teléfono, no va a pasar nada. Los niños no implosionarán, ni morderán un cable, harán malabares con cuchillos, ni tendré una vocecilla (adulta) llamando "Ladhernaaaa, ¿dónde estás? / ¿qué haces?".

It's easy living.


22/9/12

Framboises

Pues resulta que en mi barrio (Hither Green) no hay nada. Calles y más calles de casas adosadas con aspecto viejuno. El súper más cercano está a 15min a pie y es bastante cutre. El parque más próximo es el cementerio y para hacer algo interesante / compra importante, necesitas un buen rato.
Así que por las mañanas, en mis horas libres, suelo irme al barrio de al lado, Lewisham, con alguna excusa tonta: ir a por leche, coger un catálogo para los deberes del chaval (increíble, le dice a la madre que necesita un catálogo y la señora pasa), disfrutar del no-frío...
El caso es que frente al centro comercial de Lewisham (45min/1h a pie de mi casa) montan todas las mañanas un mercadillo, mayoritariamente de fruta y verdura. Así que vas por allí, ya pasa de mediodía, el hambre aprieta y caes, claro que caes. Suelen vender por cuencos. Un cuenco de manzanas/nectarinas/etc. por 1 libra. Y el otro día vi una bandeja de frambuesas por 0'60 libras. Y tuve que comprarlas, claro. Ya en casa, pensé que no valía la pena comérmelas a palo seco. Dominé las ganas de metérmelas todas en la boca (estaban riquísimas) y preparé un bizcocho.

Bizcocho de frambuesas


Ingredientes:

- 340 ml de azúcar
- 510 ml de harina
- 85 ml de aceite
- 25 ml de mantequilla derretida
- 1 pizca de sal
- 1 cuch. de moka de Royal (o baking powder)
- 2 huevos
- 100 ml de leche (aproximadamente, yo la eché a ojo)
- rayadura de un limón
- una bandejita de frambuesas


Preparación:

Engrasar un molde y precalentar el horno.
Mezclar las yemas con el azúcar, aceite, mantequilla, la rayadura de limón, leche, y el Royal. Tamizar la harina y mezclar. Añadir la pizca de sal a las claras y montar a punto de nieve. Incorporarlas sin espachurrarlas a la masa, así como las frambuesas y al horno.

Definitivamente este horno está estropeado, la temperatura se baja sola, así que tengo que estar todo el rato en la cocina y cuando veo que la llama baja, volver a subirle. Le llevó mil años hacerse (casi dos horas, porque tardé en darme cuenta del detalle de la llama), pero cuando salió era un bizcocho alto, esponjoso y delicioso.
Robin se lanzó sobre él y hasta Leo, que es muy raro para comer, se puso a robar pedazos a hurtadillas.
A la mañana siguiente, no quedaban ni las migas... tendré que repetir, ya que ha tenido tanto éxito. Esta vez intentaré hacerle foto en cuanto salga del horno y medir con mayor precisión las cantidades.
OJO al hecho de que están en ml.

18/9/12

Shake me


Amo comer. Y cocinar. Y los olores.
Puedo ser muy feliz frotando albahaca entre los dedos, viendo el borbotar de una cacerola, oyendo el chiporrotear de la sartén al añadir un chorro de coñac.
Me gusta comer bien y me gusta compartir la buena mesa. En todas las culturas se hace amistad a la mesa, se cierran tratos y se festeja. Aunque no puedo compartirlo con vosotros, siento la necesidad de contaros qué comí hoy:
Para abrir boca, unas rodajas de chorizo español. De plato principal, caballa ahumada acompañada de una ensalada de tomate con pepino y crottin de Touraine, aceite de oliva, herbes de Provence y sal de Guérande. Algo simplísimo, humilde y delicioso. Y de postre, batido de moras. Las cantidades a ojo:

- Helado de vainilla
- Helado de fresa
- Leche
- Un buen puñado de moras
- Azúcar

Triturar bien y voilà. A disfrutar.

El sol sigue saliendo, cada vez refresca más, pero al sol por las tardes se está bien.
Los niños llegan del cole en un rato, así que os dejo.
¡A comer bien!

12/9/12

Bizcocho de mora sin huevos

A este paso se me va a olvidar cómo se hacen las entradas culinarias, pensaba hace unos días. ¡Pero no! Porque descubrí que en el jardín, detrás del tobogán, tras las telarañas y entre las ramas de otros arbustos, ¡tenemos moras! Así que, entusiasmada por el descubrimiento, cogí un bol y salí a recoger unas cuantas. Al día siguiente, cogí algunas más, las junté a las que habían sobrevivido al hambre de Robin e hice un bizcocho. Sin huevos, porque no quedaban y a pesar de que fui al súper, olvidé tal eventualidad.
Y bueno, el horno no es eléctrico, sino de gas y no tengo ni flores de cómo funciona, de hecho, la regulación parece estar estropeada. Así que fue un poco... invento. Pero está rico, tanto que Robin se comió ayer la mitad de una atacada. Y después un enorme bol de cereales (cabrón suertudo, si yo comiese tanto, estaría redonda). Pero ése es otro tema.
Esta receta sigue los pasos del básico bizcocho de yogur. Vamos allá:

Bizcocho de mora sin huevos


Ingredientes:

- 1 yogur de fresa
- 2 tarrinas (la del yogur, vamos) de harina
- 1 y 1/2 tarrina de azúcar moreno
- 1/2 tarrina de aceite
- 1/4 tarrina de mantequilla fundida (a ojo también vale)
- 2 cuch. de moka de Royal (o baking powder de ése que hay aquí)
- muchas moras; no puedo decir cuántas porque ni las conté ni las pesé, digamos que dos puñados


Preparación:

Precalentar el horno. Diría que a 180ºC, pero yo me tuve que fiar de la llama, así que como vosotros veais. Engrasar y enharinar un molde de horno PEQUEÑO. De hecho, recomiendo hacer magdalenas antes que bizcocho.
Mezclar el yogur, el azúcar, la mantequilla, el aceite y el Royal. Tamizar la harina e incorporar.
Una vez esté todo mezclado, coger la mitad de las moras y espachurrarlas. Yo lo hice en la misma masa, las eché y las aplasté con las varillas. La masa quedará de un color violeta oscuro.
Verter la mitad de la masa en el molde, echar unas cuantas moras enteras. Verter la otra mitad, cubriendo las moras.
Al horno una hora. Repito, yo tenía horno desconocido, ¡así que no os fieis de esto!

Y ya está. Levanta poco y no queda esponjoso (tampoco queda como el cemento, ¿eh?), pero supongo que añadiendo huevos a la mezcla estará perfecto.

La foto es malísima, nada de esas fotos artísticas que se ven por otros blogs, pero en fin, es lo que hay:


11/9/12

Objetivo: Adolescente

Es la primera vez que trabajo con un adolescente (o, como se empeña en matizar Fer, un púber). Y descontando cuando yo también era adolescente, la primera vez que me relaciono con uno. En mi familia sólo tengo un primo menor que yo y no nos relacionamos, mis padres no tienen amigos con hijos adolescentes, mis amigos no tienen hermanos adolescentes... Vamos, que para mi son bichos que se ven por ahí y tal, pero nada más. Hasta ahora.
El chaval tiene 12 años, 13 el 20 de Noviembre (sí, estoy usando el blog como recordatorio de cumpleaños, ¿qué pasa?) y es el típico adolescente: come muchísimo, duerme todo lo posible, va a clase y tiene el culo pegado al sofá cuanto puede. Juega a la xbox, anda en el portátil (tiene el suyo propio, sí), toca la guitarra y juega al fútbol. Es bastante listo y bien educado. Por lo visto a la anterior au pair la volvía loca, todos los días tenía que llamar a la madre para decirle que el chaval había hecho esto o lo otro (o que había dejado de hacer, supongo). Conmigo, de momento, muy bien. Yo le digo "30 minutos de ordenador" y en media hora lo tengo como un clavo con el portátil apagado sin que le tenga que decir nada (sospecho que me tiene un poco de miedo... o respeto, o ambos). Es increíble lo que con un poco se puede sacar de un adolescente. Supongo que el que alguien mayor que él le muestre cierto respeto por lo que diga y se ponga a su nivel de conversación, es una agradable novedad.

Estos primeros días de trabajo, el pequeño ya empezó el colegio, pero el mayor no, así que nos pasamos el día juntos. Jugamos a la xbox (me dio unas cuantas palizas, pero he estado practicando y ahora le costará más muajajaja), charlamos de peleas, mostró cierto aprecio/acojone por alguna historia mía (no os vayais a pensar que soy una loca violenta, pero todos tuvimos compañeros de clase que se las merecían), hablamos de música, pelis, series, videojuegos (gracias desde aquí a mis amigos, sin los cuales no hubiese podido mantener esa conversación).
Et bien, ayer su madre llamó para decir que si íbamos a hacer un recado. Y allá que nos fuimos. Por el camino le compro un refresco, refunfuña de lo mucho que hay que caminar, pero nos echamos unas risas y, no me pregunteis cómo, acabamos hablando de alcohol. Quiere que le deje beber, el muy imbécil. ¿¡No llevo ni una semana trabajando aquí y ya quieres que te deje beber delante de mis narices!? Mira, si quieres, la última noche antes de que me vaya, te dejo que bebas lo que quieras y te agarro de la mano mientras vomitas. No sé porque, pero tal afirmación parece llegarle a la patatita. Y de hablar de beber, pasamos a las resacas, al levantarse al lado de una desconocida, al sexo. Sí. He hablado de sexo con el chaval del que "cuido". Raro, pero divertido. Llegó un punto en el que me pedía que le respondiese a una cosa "tú dímelo y después olvidamos esta conversación". Gracioso.
Pero dejando aparte las coñas, es una forma fácil de acercarse a un adolescente. Están tan desesperados de una mano (aunque no lo reconozcan) que a una que le tiendas, se van a aferrar a ella. Me hubiese gustado, a su edad, tener a alguien mayor que yo (entiéndase, no cuentan padres ni similares) dispuesto a explicarme lo que sea. No necesariamente de sexo, sino alguien que me diese que pensar sin hablarme con tono académico ni le de (nos de) vergüenza preguntar y responder. Sé que ahora mismo le está rondando en la cabeza la discusión que tuvimos sobre la orientación sexual, por ejemplo, o las ataduras que la gente se auto-impone sólo porque es lo que "se supone", lo "habitual", etc.

Un chaval majo, vamos, al que por cierto ahora tengo en cama enfermito. A ver si mañana va al cole, o no.

Para otro día, Objetivo: Autista.

8/9/12

Tu me manques

Mi primer sábado noche en Londres: Robin (12 años) duerme en casa de su padre, Léo (9 años) en casa de unos amigos y Fred (mi jefa, cuya edad no he preguntado) sale de fiesta. Y yo me quedo en casa. Lo cual no me molesta, no vayais a pensar. Tengo miedo de no saber volver si salgo jajaja  Nah, es broma, en todo caso me encontraría con los trenes cerrados o sin un penique en el bolsillo.
Pero el caso es que añoro una barbaridad Francia. Bueno, que carallo, añoro Nantes. Estaba leyendo blogs aleatorios cuando me encuentro, sin comerlo ni beberlo, con una foto de una galette y un bol de sidra. Y automáticamente me vino a la memoria el sabor de la sidra, un sabor que espero no olvidar jamás (nota mental: buscar restaurantes bretones en Londres). Y entonces me puse a Tri Yann y ahí ya la cagué de todo porque me vino una morriña feroz.

Por suerte mi jefa es francesa (del sur, pero me vale lo mismo) y a veces hablamos en francés, lo cual me viene bien contra la morriña y contra el olvido (prentendo presentar el DALF C1, por fin, en Diciembre). Vale que aun no he asomado mucho fuera de casa, pero me parece que no me va a gustar tanto Londres como Nantes. No, hombre, imposible que me guste más Londres. Vale que la capital británica lo tiene TODO, pero es demasiado grande como para poder "controlarla" completamente. Yo conocía Nantes mejor que gente que llevaba años viviendo allí, en serio. Estaba al día de las actividades, las noticias, dónde había obras... Me las sabía todas, pero en Londres eso es imposible.
¿Y qué me decís de la gastronomía? ¿Y de los chicos? No comparemos a esos francesitos nivel fromage con estos... cangrejos cocidos en cerveza.

Aun tengo mucho que descubrir, pero... si je reviens à Nantes, oui, je l'épouserai!


6/9/12

Primeros días

Espero que mi madre no lea esto...

Es mi segundo día de trabajo, todo va como la seda, adaptándome a tener a un chaval autista bajo mi cuidado y a un adolescente que, como cualquier otro, tiene como mayor pasión estar pegado al sofá, viendo la tv, jugando con la DS o la xbox.
No obstante, hace cosa de una hora escribí esto en facebook:
Au pair facts: ver un vídeo de Epic Meal Time y, en vez de tener ganas de comer, tener ganas de emborracharte a causa del agobio de currar con niños. Aunque sólo lleves dos días y aun no te hayan molestado.
Y cuando más tarde el adolescente se lanzó sobre una bolsa de Doritos (hora de la merienda), fui a hacerme un té y pensé en lo mucho que me apetecía un copazo.

Tengo que evitar volver a entrar en ese círculo vicioso de los niños y el alcohol (¡la leche, lo mal que suena eso! jajaja). Ya sabeis, cuidas de niños, te embajonas, te tomas una copa, recuerdas que tendrás que volver al trabajo con críos, te tomas dos más (una por cada crío)... Así pasan las semanas, los meses... y te das cuenta de que rozas el alcoholismo. (Con todo mi respeto hacia los verdaderos alcohólicos, que tanto sufren por dejarlo. Yo no tuve ese problema. Y espero no tenerlo nunca. Pero bueno, que entendéis lo que quiero decir, ¿no?)

No obstante, hoy rocé esa perfecta felicidad de tener al niño pequeño en el colegio, a la jefa en el trabajo, el mayor pegado al sofá (como buen adolescente) viendo Family Guy, la colada en la secadora, la montaña de ropa para planchar, planchada, y yo metida en la bañera, con un chai a mano y el sol iluminando el baño. Lo mejor para los sentidos, sólo me faltaba un poco de jazz, quizás Norah Jones. Y hubiese sido el cielo.

4/9/12

Au pair: la cruda realidad

A ver, que ya estoy del tema hasta las narices. No hago más que leer por aquí y por allá que para ser au pair es IMPRESCINDIBILISISÍSIMO que te gusten los niños, que seas paciente, buena y lista, con mano derecha e izquierda, que hayas tratado con niños antes... Yo os digo: BLA BLA BLA.

Ser au pair, señoritas (que son las que escriben estas cosas), es un trabajo. Esas cosas ayudan, pero no son imprescindibles. Miradme a mi y a mi amooor por los niños. Nunca me he considerado una mala au pair, simplemente porque como asalariada, me esfuerzo en hacer bien mi trabajo, me guste O NO.
Las demás cosas se aprenden. Cierto es que si te crees que vas a estar de au pair como estás en casa de papá y mamá, te equivocas mucho. Para las no iniciadas, yo recomiendo la siguiente mentalidad: tu habitación es tu "territorio", el resto de la casa es tu puesto de trabajo: en cuanto pongas un pie fuera, será como para otro entrar en la oficina de traje y corbata. Si es dentro de tu horario, será para trabajar, si es fuera del mismo, no tendrás que trabajar, pero sí mantener las formas, y seguramente te caerá algún trabajillo extra, sólo por estar "a mano". Y por eso yo me pasé los últimos meses fuera de casa en cuanto se acababa mi horario.

Mentiras de las gordas (de las familias):
- Serás una más de la familia
- Buscamos una "hermana mayor" para nuestros hijos
- Haremos cosas juntos y te descubriremos la ciudad
- Tendrás mucho tiempo para hacer lo que quieras

Bien, en la práctica esto quiere decir: vivirás bajo nuestro mismo techo, te ocuparás de nuestros hijos y tragarás con todo lo demás (broncas incluídas, como una hija), comeremos juntos y nos veremos por el pasillo, si somos especialmente majos, haremos cosas juntos en TU tiempo libre... y te ocuparás de los críos. Y el tiempo libre que tengas lo tendrás sobre todo mal repartido, así que ya harás malabares para lo que te interese/tengas que hacer.

No digo que las familias sean monstruos esclavizadores, digo que ellos os lo van a pintar de rosa y luego os encontraréis con el pastel que, en comparación con lo esperado, suele ser bastante amargo.
Yo prefiero las cosas claras y el chocolate espeso, mi primera familia no lo hizo y ya veis cómo acabó. Esta familia parece bastante clara en cuanto a todo y yo ya tengo cierta experiencia como para no esperar cosas que no llegarán y esperarme otras que sí.

En unas 14h estaré volando a Londres.