20/5/12

No quiero escribir esto

No quiero escribir esto porque no quiero vivirlo.
Han pasado casi dos meses desde que me mudé, casi tres meses de infructuosa búsqueda de trabajo. El dinero se va acabando y tampoco quiero quedarme hasta el último céntimo porque sería, seguramente, un desperdicio. Aun no pierdo la esperanza de que suene el móvil o llegue el e-mail salvador, diciéndome que me contratan y que puedo quedarme en Nantes forever and ever, viviendo en el país de la Piruleta, sin tener que ir sumando mentalmente el precio de la cesta de la compra, o buscando el alquiler más barato de la ciudad.

Si al final resulta que tengo que irme, acabaré en España, subiéndome por las paredes y yendo cada día al aeropuerto, a suplicar que me dejen subir en el primer avión que salga del país (no es que no os quiera, pero... ejem, lo de siempre, ya sabeis)

Madre mía, no quiero irme de Nantes. Amo Nantes. Con sus tranvías, la île de Versailles, donde siempre hay garzas, patos, un cormorán distraído, somormujos...; los francesitos (no quiero volver al mercado español, de verdad que no), la vida que llevo aquí...
Ah, rayos.
 Un colegio del barrio Sainte Anne (mi antiguo barrio)

Una calle del centro

El castillo el verano pasado (esas macetas e invernaderos ya no están)

El jardín japonés de la île de Versailles

La torre LU (antigua fábrica de las galletas LU)

Típico festival de Nantes: un escenario, buenos artistas, tráete un sillón y pasa la tarde disfrutando de música gratis. (Trentemoult, 15 de mayo)

Tradicional casa de Trentemoult, un antiguo barrio pesquero donde cada casa es de un color diferente.

Así entendereis un poco mejor que no quiera irme.

8/5/12

Vitrolles, amapolas y golondrinas

El viernes recibí una llamada de un hotel en Vitrolles, cerca de Marsella. Era el director del establecimiento, que se interesaba mucho por mi candidatura y quería hacerme una entrevista. Ni corta ni perezosa, puse mis dineros en juego: compré un billete de avión Nantes-Marsella y reservé un hotel.
Tras dos días de apenas dormir, ayer me levanté a las 5am, me puse el traje y allá fui.
Llegada a Marsella, calor veraniego, sol, turistas... Cojo un taxi, me presento en el hotel y espero a que me reciba el director.
La entrevista muy satisfactoria, el hombre muy interesado. Salí de allí sabiendo que la había bordado. Caminé y caminé hasta encontrar una playa y allí me senté a leer. Ni siquiera vi el pueblo, pero disfruté de pasear bajo el sol, con las lagartijas corriendo por las piedras, rodeada de amapolas y con el intenso aroma a savia de pino. Olía a verano. Las golondrinas volaban sin demasiada prisa sobre los matorrales. El mar rompía en pequeñas olas contra la arena. Sonaba a verano.

Cuando el hambre llamó, volví al hotel y pedí una pizza.

Este mediodía cogí el avión de vuelta a Nantes, con la cabeza a punto de explotar por las preocupaciones: si conseguía el trabajo, empezaría el lunes, por lo que tendría poquísimo margen para encontrar un piso, y justo este finde una amiga viene a Nantes de visita, y los bancos, tendría que ir de ruta de bancos, y el hotel está en medio de la nada, a ver cómo voy al trabajo cada día...

Unas horas más tarde, mis preocupaciones se disiparon: no me contratan.
El refranero popular, que es muy sabio, nos dice que "siempre que se cierra una puerta, se abre una ventana". Y bien, tengo dos alumnos para clases particulares de español. Un nuevo terreno por explorar.




(megapizza hawaina, qué cosa más rica)

2/5/12

No pretendo decirte qué tienes que hacer, porque ya lo sabes. Tampoco es una señal de algo. No intentes interpretarlo, porque no tiene sentido oculto. Es simple y llanamente que me gusta joderte. Porque soy así, porque eres así. ¿Ves como no te enfadas? No te enfadas porque sabes que es así, porque te va la marcha, porque si no te dan caña, te aburres y te vas. Lo cual es una mejora respecto a hace unos años, cuando en vez de irte, las liabas y montabas unos problemones a tu alrededor de órdago. Misterio misterioso cómo conseguías librarte siempre de follones que tú misma habías generado. Te alimentas del mal rollo. Sí, no me pongas esa cara, puede que ahora te contengas y te portes bien, pero lo que te sigue molando es lo detructivo, lo negativo... Ahí es donde brillas de verdad, donde te sientes poderosa. Y de alguna manera lo eres, porque lo manejas, lo multiplicas, haces malabares y todo eso te llena de energía, te da fuerzas. Y cuando está a punto de explotar, tú te escabulles y le cae encima a otros, muchas veces a una víctima elegida por ti que sin saber cómo, ha acabado ahí, pero que ha ido por su propio pie, sin ver tus hilos pegados a sus extremidades.
Ladherna es una chica roja con la que me tomo un café de cuándo en cuándo desde hace ya años, yo le hablo de mis locos locos planes para conquistar el mundo y ella de los líos en los que se mete. Puede discutir sobre cualquier cosa, si le sirve para tocar los cojones. Es una especie de criatura chunga que se alimenta del conflicto y el mal rollo. (by Manuel D. "LLO")
Y me digo, joder, cuan cierto. ¿Cómo puedo ser así? Que asco de persona, ¿no? En realidad, si lo pienso, no soy una buena persona, cuido de la gente a la que quiero, que es más bien poca, y aun así puedo darles de palos si me parece. Mis opiniones del mundo en general son crueles y, si no me dedico a ir haciendo daño por ahí es por varios motivos, el primero de ellos, la pereza. El "pasa de todo", ya sabes, que me ayuda a sobrevivir y en cierto modo ayuda a los demás a sobrevivir a mi lado.

... y es por estas cosas que no se debe escribir con jaqueca.