26/2/12

Un chocolate bárbaro

Viernes por la noche, estoy en casa con el bebé (dormidita, más rica) y una amiga a la que he invitado a cenar. Me curro una hermosa tortilla betanceira y de postre... ¿qué tenemos de postre? Nada. Y entonces me acuerdo: la receta de chocolate a la taza de Bárbara. Quien lea los comentarios, la habrá visto en los de Chocolat, para quien no, la copy-pasteo directamente:

Chocolate a la taza... sin tableta de chocolate

Ingredientes:

- 1 taza de leche
- 3 cuch. sop. de cacao puro en polvo
- 1 cuch. sop. de azúcar
- 2 cuch. de té de Maizena
- esencia de vainilla al gusto

Preparación:

Poner a calentar la leche, reservando un tercio; aparte, mezclar el cacao, el azúcar y la maizena (por este orden para que no se hagan grumos) y cuando estén bien mezclados añadirle la leche que aún está fría hasta que se forme una pasta homogénea. Cuando rompa a hervir la leche que hemos dejado en el fuego, añadir esto y revolver vigorosamente hasta que vuelva a hervir dos veces (si es necesario se puede apartar del fuego para que no se queme).
Y listo...

Admito que una vez listo, le añadí un poco más de azúcar. Estaba buenísimo, con un sabor muy intenso a cacao y espeeeeeeso como a mi me gusta.
¡Gracias Bárbara! Me parece que repetiré de cuando en cuando tu receta.

En otro orden de cosas, ha llegado el calor a Nantes. Hoy hemos difrutado de un sol hermosísimo y máximas de 20ºC. Yo aproveché para pasear a la orilla del Erdre (más limpio y más bonito que el Loira) ¡sin abrigo! Saqué mis placas solares y recargué baterías para una buena temporada, al igual otros muchos nanteses sentados junto al río, paseando en bici, leyendo al sol, visitando la Île de Versailles (una isla-jardín japonés), etc.
I love Nantes.

22/2/12

El interrogatorio del expatriado

Me comentaba el otro día un español residente en Nantes, que se ve bastante flojo en francés. Que cuanto más habla con alguien, más dificultades tiene. ¿Cómo es eso, le pregunté yo; no debería ser al revés? Pues no, me explicó, porque el diálogo básico ya lo tengo dominado.
Y entonces me di cuenta: se refería al interrogatorio que todo expatriado responde una y otra vez sin descanso.
¿Vais a iros al extranjero? Pues aquí teneis la clave para vuestras primeras conversaciones:

1) ¿De dónde eres?

2) ¿No echas de menos el sol? (La pregunta te la formulan dando por hecho que vas a decir que sí)

3) ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

4) ¿A qué te dedicas? / ¿Estás de Erasmus?

5) ¿Hasta cuándo te quedas?

6) ¿Exactamente, de qué parte de (España) eres?

Ésa es la batería básica. Luego vienen otras más personales o de explicación más larga, como:

¿No echas de menos a tu familia, amigos, etc? / ¿Qué echas de menos?
¿Qué vas a hacer cuando acabes (los estudios, el contrato...)?
¿Qué es lo que (no) te gusta de (Francia)?
¿Qué es lo que (no) te gusta de (España)?
¿Es muy distinto de tu país?

Esta conversación la tengo dominada hasta el punto de poder describir aspectos de lo más abstracto y las descripciones complicadas (la retranca, por ejemplo). Aunque bueno, no es por echarme flores, pero domino muchos temas de conversación. ¡Que remedio!

16/2/12

Empanada

¿Recordais aquel cargamento de bacalao que trajo Diane hace un tiempo? ¿Aquel con el que hice aquella caldeirada? Pues bien, he vuelto a las recetas de bacalao, esta vez, empanada.
Pero no una empanada guay, no. Una de las fáciles: sin huevo, sin levadura, sin tiempo de espera... Facilita facilita.


Empanada de bacalao y pasas

Ingredientes para la masa:

- 1/2 vaso de agua
- 1/2 vaso de vino blanco
- 1/2 vaso de aceite
- 4 vasos de harina
- 1 cucharadita de sal

Ingredientes para el relleno:

- 2 o 3 cebollas
- aceite abundante
- 250 g de bacalao desmigado, aprox
- pasas al gusto
- 1 cucharadita de pimentón
- sal (dependiendo de lo salado que esté el bacalao)


Preparación:

Pelar las cebollas y cortarlas en plumas. Hacerlas a fuego lento en abundante aceite, contad media hora. Una vez listas, añadir el bacalao, que se hará enseguida, probar de sal, retirar del fuego y espolvorear el pimentón.

Mezclar el agua, el vino y la sal. El medio vaso de aceite, que sea el de las cebollas. Mezclar e incorporar la harina. Amasar y dejar reposar un momentito. Precalentar el horno a 180ºC.

Dividir la masa en dos partes de distinto tamaño: la grande será para hacer la base. Estirar bien. Maldice si se rompe y espolvorea un poco de harina en la superficie de trabajo. Vuelve a estirar, esta vez que no se pegue ni se rompa, y coloca con mucho amor en un molde de 28cm (el mío era de 26 y me sobró masa).
Rellena con la mezcla que ya debería estar fría/tibia. Añade las pasas. Estira la masa que queda y colócala encima. Cierra la empanada, haz un bonito borde. Con un cuchillo, haz un agujero en el centro de la tapa superior y ponle un reborde: así el agujero no se cerrará y la tapa no se romperá.

SUPUESTAMENTE, debería estar lista en media hora. Yo tuve que hornearla una hora entera.
Como me sobró masa, improvisé e hice unos paquetitos de plátano (estirar un poco de masa, meter dos rodajas de plátano, espolvorear azúcar, cerrar y a la bandeja)


Sin duda, estaría más rica si hubiese llevado levadura, pero aun así he disfrutado mucho de ella, y Anatole también. Por lo demás, no ha tenido un gran éxito. Poco me importa, yo estoy muy orgullosa de mi primera empanada :)

Por lo demás, ¿qué contaros? Los niños no tienen cole y yo trabajo 11h y media al día. Estoy cansadísima, pero al menos ya es jueves. Este finde voy a dormir cual bebé.

12/2/12

Chocolat

No hay nada en este mundo como una taza de buen chocolate.
Cuando estaba en España no era un capricho que me diese a menudo, si tal dos o tres veces al año. Tal vez por ese matrimonio que tiene con los churros, y que a mi no me gusta nada, tal vez porque prefiero bebidas calientes de preparación más rápida y sencilla.
El caso es que antes no lo tomaba, y ahora suspiro por él. En este país, un "chocolat chaud" (chocolate caliente), es el colacao de toda la vida: leche con polvitos. Cuando les digo a mis amigas (de todas las nacionalidades excepto francesa y española) que el chocolate caliente se prepara fundiendo una tableta de chocolate con algo de leche, se les ponen unos ojillos de gula que tendríais que verlas.

El otro día una de ellas encontró chocolate a la taza de verdad en una cafetería italiana, Amorino, donde te cobran la salvajada de 4'50€ la taza (que sí, está muy bueno y todo lo que quieras, pero me duele en el alma pagar eso).
Así que, ni corta ni perezosa, dirigí mis pasos a una tienda de comestibles españoles (bandera enorme en la puerta con el toro de Osborne) y, olalá, el paraíso: Turrón, azafrán, habas de El Hostal, chorizo, queso (manchego, de tetilla...), anís (del Mono, por supuesto), jamón... En fin, todas esas cosas que hacen que empiece a salivar de forma peligrosa. Y buscando, buscando, voilà el chocolate a la taza... 5'50€ la tableta. La madre que los...

Lea (la alemana) no se había despegado desde que entramos del estante de los turrones, y a pesar del precio desorbitado (más de 6€) se estaba planteando muy seriamente comprarlo (no debí haberle dado a probar el turrón, pobrecica mía). La arranqué de allí y nos fuimos las dos con una pena muy grande en el estómago, que fue paliada con la promesa de hacer una soirée española, donde haríamos fondo común de esfuerzo y dinero para disfrutar de manjares españoles. Van a morirse del gusto con la tortilla betanceira que voy a hacerles. Y después, soirée alemana, y après, escocesa (que espero que no sea a base de whiskey...)

Hace tiempo, una amiga que lleva años expatriada, me hizo notar el extraño fenómeno (por lo visto común entre emigrantes) de que te entren ganas de comer algo, estando en el extranjero, que estando en España apenas te llamaba.

Mi próxima visita, por favor, que me traiga chocolate. (Hum... espeso como a mi me gusta, con una costrilla por encima... tan denso que lo podrías comer con tenedor... ains)

6/2/12

International

He pasado un finde especialmente bueno y una de las cosas que lo ha hecho tan bueno es la internacionalidad de la gente con la que estuve.

Al contrario que la mayoría de la gente con finde "extendido", mi finde empieza el viernes por la mañana, se interrumpe por la tarde y continua el sábado por la mañana.
Así pues, el viernes por la mañana comí con mis mejores amigas aquí: Lea (alemana) y Kiera (escocesa, ojo, no confundir con inglesa). Tras arreglar el mundo tras nuestros respectivos chocolates, volvimos a casa para enfrentarnos al trabajo, cariñosamente llamados "las bestias".

Al día siguiente, almuerzo con ellas y una australiana, una suiza y una colombiana que echa de menos hablar en español y el calor. Nos metemos unas crêpes entre pecho y espalda (Crêperie d'Antan, en el centro, ¡vale la pena!) divididas en dos mesas: una "francófona" (formada por Lea, la suiza y la colombiana) y otra "anglófona" (formada por Kiera, la australiana y yo). Normalmente hablaríamos todas en francés, pero Kiera no habla nadita de francés y yo encantada, porque me ha hecho desempolvar el inglés y ponerlo en marcha de nuevo.
Como aun no nos conocemos demasiado, las conversaciones giran en torno a "¿cuánto tiempo llevas aquí? ¿hasta cuándo te quedas? ¿cómo lo llevas? etc.", cada cual habla de su experiencia, de lo que piensa hacer cuando acabe, lo que más echa de menos y tal.
Poco después, la colombiana se fue y vino una venezolana. Muy graciosa la forma de las demás de pronunciar su nombre: Patricia. Es curioso cómo se visten y maquillan las sudaméricanas, poniendo siempre un cuidado especial en verse guapas. ¿Cultural o coindicencia?

De noche, Lea y yo fuimos a casa de Kiera, para dar apoyo moral, o algo, durante su babysitting. La cena con los niños transcurrió en inglés mientras yo me sentía incómoda por los niños, que entienden lo mínimo de inglés y que además parecían achicados por la presencia de dos extrañas. Unas frases amables a los niños, que se ponen a ver los Simpson mientras nosotras sacamos la sidra y nos ponemos a hacer galletas. Voy cantando los ingredientes mientras Kiera los coge. Flour... sugar... two eggs... - Hum... we've run out of eggs. - WHAT?
Kiera llama a la niña (10 años) y me pide que traduzca. ¿Podrías por favor por favor por favor, ir a casa de los vecinos a pedir dos huevos? Por supuesto, responde. Ambas se calzan y abrigan y vuelven a los 5min. No había nadie. Miro los ingredientes. Pues nada, añadimos leche y punto.
A una hora razonable, Kiera manda a los niños a la cama con un francés chapucero y somos nosotras quienes se instalan en el sofá con una manta a ver Watchmen.
A eso de la una y media de la madrugada, llegan los padres d'accueil y nos dicen que está nevando. Me pongo las botas, cojo la cámara y salgo al jardín en pijama.

La nieve cae en silencio, no sopla ni gota de viento. Todo está cubierto de una capa blanca. La nieve cruje bajo mis botas. Hacía años y años que no veía la nieve. Hago un par de fotos y vuelvo al interior.

A la mañana siguiente desayunamos y la familia nos dice que podemos quedarnos a comer sin problemas, que ellos se van a comer al centro. Nos duchamos y hacemos crêpes. A nadie se le ocurre la posibilidad de rellenarlas con algo salado.
Por la tarde, jugamos a buscar palabras, una ronda en inglés y otra en francés. Finalmente las rondas se vuelven mixtas y lo dejamos. Salimos a por leña para la chimenea y espontáneamente nos atacamos con bolas de nieve, Kiera se tira al suelo a hacer un ángel (olé sus ganas) y cuando tenemos los dedos helados, cargamos madera y volvemos dentro. Intentamos encender la chimenea sin demasiado éxito cuando llega la familia y en 2min arde un bonito fuego. Nos retiramos al cuarto de Kiera con las galletas que quedaron de anoche, sacamos el maquillaje y yo me pongo a los pinceles. Les pinto un ojo de cada color y luego ellas me maquillan a mi. Como tener 15 años, lo mismito.
Es media tarde (para Francia, ya casi el fin de la tarde) y Lea y yo volvemos a casa sin desmaquillar. Gracias a las gafas, no se nota tanto la diferencia de color entre mis párpados.

De vuelta a casa, pisoteando nieve (y muy contenta de poder hacerlo) pensaba en toda esa gente que se va temporalmente al extranjero y sólo se junta con otros de su misma nacionalidad/lengua materna. Una pena. Te pierdes un montón de cosas. Tengo que echarme algunA amigA francesA, porque de aquí sólo conozco a chicos, que cuando se juntan tienen una gran querencia por el argot y por tomarme el pelo, con lo que no entiendo une merde. Pero me encanta.

Galletas pyjama party sin huevo

Ingredientes:

- 2 tazas y media de harina
- 1 taza de mantequilla (200/250g)
- 1 taza de azúcar
- 1 cucharada (de té) de Royal/baking powder/levure
- 1 cucharada (de té) de bicarbonato
- 1 cucharada (de té) de extracto de vainilla
- 1 taza de chocolate blanco troceado
- 1 puñado de bolitas de 3 chocolates
- leche a ojo (diría que fue entre 1/3 y 1/2 taza, pero francamente, fui echando según me fue pareciendo la textura)


Preparación:

Precalentar el horno a 180ºC.
Es una fiesta de pijamas, no nos vamos a poner exquisitos. Ni tamiz ni mantequilla a punto pomada. Todo a un bol (excepto la leche), mezclar con las manos y cuando esté todo lo homogéneo que sea posible, añade la leche. Amasa. Haz bolas, aplástalas y a la bandeja del horno.
Hornear 12min.
¡Tachaaan! Primera hornada:

2/2/12

Reencontrando gente

Las redes sociales tienen esa magnífica capacidad de juntar a la gente. Lo que por una parte es una mierda, porque esos odiosos excompañeros de instituto, gentuza con la que te cruzas de noche en noche, etc., te encuentran fácilmente; pero luego está la parte positiva, cuando te reencuentras (virtualmente) con esa colegamiga que hace no sé cuántos años que está en el lejano Norte y os pasais dos días quemando las teclas del pc, poniéndoos al día de vuestras vidas.

Y a pesar del alarmante tufillo a humo que sale del portátil, sigo charlando con ella y diciendo "oh", "ah", riéndome y compartiendo no sólo las experiencias de dos amigas, sigo también de dos amigas expatriadas, como lo es la siguiente situación:

España, tú de visita. Por la calle/en un bar/lugar público te encuentras a un conocido (normalmente conocidA) que no te cae ni bien ni mal y con quien tienes una relación más bien cordial y punto pelota.
- ¡Oh, Fulanita, cuánto tiempo! ¿Cómo te va? ¿A qué te dedicas?
- Anda, Menganita, ¿qué tal?
- Uy, muy bien, muy bien, pero cuenta tú, que hace mucho que no te veo, ¿dónde te has metido?
- Pues verás, es que ahora vivo en (INSERTAR PAÍS) y me dedico a (INSERTAR TRABAJO).
(Te pone cara-de-culo)

Normalmente te da igual, no tienes relación con esa persona y pasas de lo que le pueda parecer, pero luego está la versión sádica, la que le apliqué yo a "mi" ángel con ojos de serpiente cuando me lo encontré en Nochevieja, con marcas de carmín rojo en los labios y pintas de no haber cambiado mucho desde la última vez que nos vimos.
- Pues verás, es que ahora vivo en Francia, trabajo allí desde hace 6 meses. (Sonrisa enorme, sí, nene, ese país en el que siempre has soñado vivir) ¿Y tú qué? ¿Ya te has independizado?
- No, la verdad...
- Oh, ¿sigues viviendo con tu madre? (golpe bajo) Bueno, claro, los salarios no están para echar cohetes... ¿En qué trabajas?
- Eh... sí... Hago algún reportaje eventual en bautizos y tal...
- ¿Y las exposiciones?
- ... pues... hace mucho que no...
- ¡Vaya, que pena! Ya me invitarás a la próxima (Sonrisa a 10 mil voltios, cuando ambos sabeis que ni tiene cómo localizarte, ni podrías ir, ni malditas las ganas de ver sus mierdacuadros)
- (Sonrisa desesperada) ¡Por supuesto!
- Y oye, ¿a cuál de tus amigas pertenece ese carmín? (Guiño)
- Jejeje... a... hum... una. - Casualmente una de ellas se acerca en ese momento a marcar territorio. Hago un gesto vago que en lenguaje femenino viene a decir "todo tuyo, nena". Retomando la conversación:
- No tienes remedio (Sonrisa cómplice) A ver cuando sientas la cabeza, que tienes ya... ¿cuántos? ¿31?
- Eh... jejejeje sí... Odio tu buena memoria. - ¿de veras? Pues te jodes, haber tenido tú memoria suficiente para llamarme cuando debiste hacerlo, mamón.

Y sabes que es mezquino y bajuno, pero te sientes BIEN.

1/2/12

Reflexiones5

En un lugar frío como culo de pingüino...
...está Ladherna sufriendo su jornada de ocho horas, mirando por la ventana y pensando las ganas terribles que tiene de coger a los niños y correr fuera, pero maman Diane dice que hace demasiado frío para las criaturas (sensación térmica de -7ºC), así que mejor hoy nos quedamos en casa.
Y entonces pienso en mi mamá, que en días como éste hacía (si había suerte) un bizcocho y toda la casa olía deliciosamente, y yo me arrimaba al calorcete del horno mientras pedía incansable (e insufriblemente, supongo) un pedazo de bizcocho y mi madre me decía que había que esperar a que enfriase. (Mirada al infinito recordando el momento más cozy de mi infancia)
Es algo que sigo llevando fatal, eso de esperar a que las cosas enfríen...

Ahora es cuando debería insertar la fantástica receta de bizcocho que he hecho y quedaría genial, pero resulta que no tengo ni un puñetero gramo de azúcar, porque por lo visto en esta casa se acaba el azúcar y sólo yo la echo de menos.

Así que como no hay receta, os mordeis las uñas.

(Ahora que lo pienso, tenemos miel. Te queda una hora libre, no vas a ponerte ahora a buscar recetas de bizochos de miel. Pero es que fuera hace frío. Que no, que además de miel y sin huevos tiene que ser cosa pesada para el estómago. ¡Mejor aun! ¡Que no, te he dicho! ¡Y no hay más que hablar! Jo... vale)