9/11/12

Objetivo: Autista

Ya hace un tiempo que dije que escribiría esto, pero me he dado un tiempo para estudiar un poco más al niño y, tras dos meses de convivencia, puedo decir que el autismo de este crío es de lo más tocapelotas. Aclaración: todo lo que sigue se refiere única y exclusivamente a Léo, supongo que cada autista, como cualquier otra persona, es único y diferente.
Bien, ¿qué pasa con el crío?
No tiene uno de esos autismos leves, como el Asperger. La verdad es que a mi nadie me ha dado explicaciones de lo que tiene así que deduzco que, o tiene un autismo severo, o tiene autismo combinado con algún tipo de retraso.
Cuando la madre me dijo que era autista y que sus habilidades lingüísticas eran limitadas, no quise formarme una idea del niño para no llevarme un chasco, pero aun así algo sí que se formó en mi mente, quisiese o no. Al llegar, me encontré con un panorama peor del que esperaba. Léo no habla. Nada. Sus capacidades de comunicación se limitan a señalar y a pobres imitaciones de lo que quiere (iPad es "compo", more es "mo", please es "pes"...). Cabe añadir que no comprende (o se pasa por el forro) el uso de por favor y gracias. Tienes que insistirle en que lo diga cada vez que te pide algo.
Pero no penseis que es tonto del todo, no. Entiende lo que le dices, en su mayor parte, otra cosa muy diferente es que quiera hacerte caso. Si le dices "¿quieres cenar?", se levanta de un salto del sofá y va corriendo (dentro de sus limitaciones físicas) a la cocina. Si le dices "deja eso ahora mismo", lo hará si no está especialmente interesado en tal objeto, si le interesa de verdad, como quien oye llover. Las preguntas las lleva mal. El feedback como que no. Si le preguntas "¿sí o no?", responderá que no. Si le preguntas "¿no o sí?", responderá que sí.
Inculcarle disciplina es un dolor. La rutina la va pillando y se le da bien, ya consigo que se quite abrigo y zapatos nada más llegar del cole, pero si le digo "prohibido entrar en mi cuarto", le importa una m**rda. Tal cual. Da igual que le riñas, que lo castigues, que le grites... Volverá a hacerlo. Si le dices "castigado sin tv", en cuanto te des la vuelta, volverá a encenderla, sin pensar en que tú te vas a enterar y el castigo será mayor. Y sin embargo, no creais que no sabe que lo que hace está mal, porque espera a que te vayas, porque cierra la puerta, porque cuando lo pillas, se hace el longuis en plan "lalala no fui yo, fue la muñeca... lalala".

Bueno, físicamente hablando, tiene unos rasgos extraños, la parte superior de la cabeza es un poco grande de más y las mejillas demasiado pequeñas. Siempre tiene una expresión de confusión o dolor en la cara y suele mirar con cada ojo a un punto distinto. No, no es estrábico, sólo lo hace a veces. Está más flaco que un palo, cuando llegué parecía sacado de un campo de concentración, ahora ha ganado un poquito de peso y su barriga parece una barriga, pero por lo demás, sigue esquelético. Tiene los pies deformados y le duele caminar, actividad que realiza con un balanceo constante.

Por lo demás, le desagradan los ruidos y los sonidos agudos. Aunque últimamente le da por poner la tv a todo trapo y despertarnos a todos a las 5 de la mañana (p*** crío). Le gusta ver películas infantiles y repetirlas hasta la saciedad, tanto que los dvds están hechos mierda. He debido de ver la peli de Bob Esponja unas cien veces, sin exagerar. Le encantan las historias de amor, las princesas Disney y los musicales. También las cosas que caen (¡lluvia de lápices!) o que se agitan (flecos, el pelo largo...), el balanceo (él mismo, el columpio...) y por supuesto ver vídeos de youtube en su iPad. Suele ponerse en las posturas más extrañas, como apoyar rodillas y hombros en el sofá y ver la tv del revés, o hace el pino sobre la cabeza mientras agita las manos...

Es completamente dependiente. Come solo, pero no está mal que le echen una mano y, claro, hay que cortarle la carne y demás. Se viste con ayuda, hay que bañarlo y cepillarle los dientes (cosa que detesta, así como que lo peinen). Va al baño solo, pero hay que mandarle tirar de la cadena y a veces se mea encima, o en la cama. Anécdota con la que todo el mundo se parte de risa (menos yo, evidentemente), el día que, mientras yo estaba ocupada con otra cosa, le entraron ganas de ir al baño, pero como no quería pausar la peli que estaba viendo, decidió cagar en el salón. Criaturita... no lo estrangulé de milagro.
Más anécdotas: cuando entró en mi cuarto, revolvió, encontró galletas y se las comió (hidep***...), cosa que, no contento con hacerlo una vez, repitió. No ha vuelto a pasar, pero por si acaso ahora todos mis comestibles están metidos en la maleta cerrada con candado.
Si tiene hambre, va directo a por la comida y no hay forma verbal de pararlo. Una vez le pegó un mordisco a un panecillo en el súper, otra vez su madre olvidó cerrar la puerta de la cocina y de la nevera (ejem... ¬¬) por la noche, así que a la mañana siguiente me encontré con que se había comido medio pepino, dos zanahorias, cereales con ketchup, un plátano, un yogur...

Y por supuesto, todo lo que no sea él, le importa un comino. ¿Que lloras? Mientras no gimotees, le da igual. ¿Que te está molestando? Mientras no lo eches a patadas, seguirá tocándote las narices. ¿Que estás en el baño? Si le apetece abrir la puerta, lo intentará (benditos pestillos).

Así vamos. Le tengo bastante pillado el punto y sé cuándo está contento y cuándo triste, aunque su expresión facial no ayude en nada (sonríe tanto cuando algo le gusta como cuando le disgusta), o cuándo algo le emociona.

Resumiendo: es como tener un niño de 2 años en un cuerpo de 9, al que las emociones ajenas le importan un comino y que hace lo que le da la gana. Tal cual. ¡Au pairs, huíd de los autistas, insensatas!

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