5/10/12

No, I won't

Querría cogerlo de la camiseta, darle un buen tirón, pegar su nariz a la mía y mirándolo a los ojos, decirle que como se atreva a hacerle daño, lo buscaré por toda la ciudad y le despellejaré las pelotas.

¿Cómo puedo sentirme tan triste y cabreada, con una pizca de felicidad al mismo tiempo? ¿Cómo explicaros este nudo en la garganta?
Maldita sea, aun tengo ganas de abofetearlo. El muy gilipollas, plantado en la puerta, CUATRO horas tarde, diciendo "¿no me esperábais?". Pues no, imbécil, a estas horas ya no se te espera, desgraciado.

Pienso en las que le habrá hecho y se me rompe el corazón. Veo la cara de tristeza que se le pone y pienso que antes no tenía quien le hiciese reír, quien lo obligase a darle un abrazo y le alargase una tableta de chocolate, con quien viese Family guy o American dad enroscados en una manta, para que al menos pudiese pensar en otra cosa.
Al menos para las presentes (y seguro que alguna -muchas- futuras), estoy yo. Y no lo digo por tirarme flores en plan orientadora escolar que-intenta-ser-enrollada-pero-es-odiada-por-todos. Sino porque cuando hoy le di un abrazo, tristísima por su pena y sus historias, me pidió:
- No te vayas. (En el original, leave: dejar, irse, abandonar)
Y me dieron ganas de llorar. Sólo llevo aquí un mes y ya me pide que no lo deje. ¿Cómo voy a dejarlo? ¿Cómo voy a hacerle lo que más le duele? ¿Lo que conoce demasiado bien?
No, my gentleman, por ti me quedo.


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