6/9/12

Primeros días

Espero que mi madre no lea esto...

Es mi segundo día de trabajo, todo va como la seda, adaptándome a tener a un chaval autista bajo mi cuidado y a un adolescente que, como cualquier otro, tiene como mayor pasión estar pegado al sofá, viendo la tv, jugando con la DS o la xbox.
No obstante, hace cosa de una hora escribí esto en facebook:
Au pair facts: ver un vídeo de Epic Meal Time y, en vez de tener ganas de comer, tener ganas de emborracharte a causa del agobio de currar con niños. Aunque sólo lleves dos días y aun no te hayan molestado.
Y cuando más tarde el adolescente se lanzó sobre una bolsa de Doritos (hora de la merienda), fui a hacerme un té y pensé en lo mucho que me apetecía un copazo.

Tengo que evitar volver a entrar en ese círculo vicioso de los niños y el alcohol (¡la leche, lo mal que suena eso! jajaja). Ya sabeis, cuidas de niños, te embajonas, te tomas una copa, recuerdas que tendrás que volver al trabajo con críos, te tomas dos más (una por cada crío)... Así pasan las semanas, los meses... y te das cuenta de que rozas el alcoholismo. (Con todo mi respeto hacia los verdaderos alcohólicos, que tanto sufren por dejarlo. Yo no tuve ese problema. Y espero no tenerlo nunca. Pero bueno, que entendéis lo que quiero decir, ¿no?)

No obstante, hoy rocé esa perfecta felicidad de tener al niño pequeño en el colegio, a la jefa en el trabajo, el mayor pegado al sofá (como buen adolescente) viendo Family Guy, la colada en la secadora, la montaña de ropa para planchar, planchada, y yo metida en la bañera, con un chai a mano y el sol iluminando el baño. Lo mejor para los sentidos, sólo me faltaba un poco de jazz, quizás Norah Jones. Y hubiese sido el cielo.

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