11/9/12

Objetivo: Adolescente

Es la primera vez que trabajo con un adolescente (o, como se empeña en matizar Fer, un púber). Y descontando cuando yo también era adolescente, la primera vez que me relaciono con uno. En mi familia sólo tengo un primo menor que yo y no nos relacionamos, mis padres no tienen amigos con hijos adolescentes, mis amigos no tienen hermanos adolescentes... Vamos, que para mi son bichos que se ven por ahí y tal, pero nada más. Hasta ahora.
El chaval tiene 12 años, 13 el 20 de Noviembre (sí, estoy usando el blog como recordatorio de cumpleaños, ¿qué pasa?) y es el típico adolescente: come muchísimo, duerme todo lo posible, va a clase y tiene el culo pegado al sofá cuanto puede. Juega a la xbox, anda en el portátil (tiene el suyo propio, sí), toca la guitarra y juega al fútbol. Es bastante listo y bien educado. Por lo visto a la anterior au pair la volvía loca, todos los días tenía que llamar a la madre para decirle que el chaval había hecho esto o lo otro (o que había dejado de hacer, supongo). Conmigo, de momento, muy bien. Yo le digo "30 minutos de ordenador" y en media hora lo tengo como un clavo con el portátil apagado sin que le tenga que decir nada (sospecho que me tiene un poco de miedo... o respeto, o ambos). Es increíble lo que con un poco se puede sacar de un adolescente. Supongo que el que alguien mayor que él le muestre cierto respeto por lo que diga y se ponga a su nivel de conversación, es una agradable novedad.

Estos primeros días de trabajo, el pequeño ya empezó el colegio, pero el mayor no, así que nos pasamos el día juntos. Jugamos a la xbox (me dio unas cuantas palizas, pero he estado practicando y ahora le costará más muajajaja), charlamos de peleas, mostró cierto aprecio/acojone por alguna historia mía (no os vayais a pensar que soy una loca violenta, pero todos tuvimos compañeros de clase que se las merecían), hablamos de música, pelis, series, videojuegos (gracias desde aquí a mis amigos, sin los cuales no hubiese podido mantener esa conversación).
Et bien, ayer su madre llamó para decir que si íbamos a hacer un recado. Y allá que nos fuimos. Por el camino le compro un refresco, refunfuña de lo mucho que hay que caminar, pero nos echamos unas risas y, no me pregunteis cómo, acabamos hablando de alcohol. Quiere que le deje beber, el muy imbécil. ¿¡No llevo ni una semana trabajando aquí y ya quieres que te deje beber delante de mis narices!? Mira, si quieres, la última noche antes de que me vaya, te dejo que bebas lo que quieras y te agarro de la mano mientras vomitas. No sé porque, pero tal afirmación parece llegarle a la patatita. Y de hablar de beber, pasamos a las resacas, al levantarse al lado de una desconocida, al sexo. Sí. He hablado de sexo con el chaval del que "cuido". Raro, pero divertido. Llegó un punto en el que me pedía que le respondiese a una cosa "tú dímelo y después olvidamos esta conversación". Gracioso.
Pero dejando aparte las coñas, es una forma fácil de acercarse a un adolescente. Están tan desesperados de una mano (aunque no lo reconozcan) que a una que le tiendas, se van a aferrar a ella. Me hubiese gustado, a su edad, tener a alguien mayor que yo (entiéndase, no cuentan padres ni similares) dispuesto a explicarme lo que sea. No necesariamente de sexo, sino alguien que me diese que pensar sin hablarme con tono académico ni le de (nos de) vergüenza preguntar y responder. Sé que ahora mismo le está rondando en la cabeza la discusión que tuvimos sobre la orientación sexual, por ejemplo, o las ataduras que la gente se auto-impone sólo porque es lo que "se supone", lo "habitual", etc.

Un chaval majo, vamos, al que por cierto ahora tengo en cama enfermito. A ver si mañana va al cole, o no.

Para otro día, Objetivo: Autista.

1 comentario:

Dani Maverick dijo...

Mola. Aunque sigas echando de menos Nantes, al menos a la adolescencia británica ayudas a que despierten y no estén en los laureles. Good work!