15/8/12

Adieu... otra vez

Hace mucho que no actualizo (lo siento) y hace todavía más que no actualizo con algo decente (lo siento mucho).

Estoy en Francia. En un pueblacho en medio de la nada (pero con castillo... más bien ruinas de castillo), en el que no hay nada que hacer (mirar a las vacas y a los aviones -aves- no cuenta), en el que no conozco a nadie (por supuesto) y en cuyo apeadero de tren no se pueden comprar billetes (o sea, que tienes que caminar una hora hasta el pueblo de al lado).
Resumiendo, que mi viaje a Francia ha sido, en el más optimista de los casos, aceptable. Y soy tan optimista porque me he movido hasta Nantes. Me reencontré con un par de amigos, salí de fiesta y, básicamente, disfruté de los pequeños detalles como levantarme el domingo e ir a la panadería, pasear junto a la île de Versailles, comer galettes y hablar mucho muchísimo en francés (no sé porque mi primera conversación versó sobre lo mal que está España, pourrie, fue el adjetivo que mi bienamadodiado país recibió).
Volver a dejar Nantes fue triste, sobre todo teniendo en el andén una proposición formal de "quédate". Entenderéis que no podía.

Al día siguiente, en un museo de la II GM, me encontré con un libro de fotos "Nantes bajo las bombas". Imágenes en blanco y negro de edificios bombardeados, calles que conozco venidas abajo, la place royale llena de cascotes. Se me encogió el corazón y cerré el libro. Es mejor no pensar en la destrucción de algo amado.


Por lo demás, decir que Angers no tiene nada de especial, los pueblos xXx-sur-Loire (hay mil que se llaman así) son bonitos pero todos iguales, los quesos franceses siguen igual de ricos y los francesitos siguen como los quesos, ricos (en ambos sentidos de la palabra).


Lotos en la île de Versailles

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