9/7/12

La sirenita del s.XXI

(Ambiente)
La chica del pelo rojo entra en la fiesta y avanza por la pista de baile atrayendo todas las miradas, pero ella tiene un objetivo claro, no le importa nadie más. Rompe el círculo de mujeres que lo rodea y lo atrapa en sus ojos aguamarina. Baila con él, se mueve con una cadencia especial, moviéndose como acunada por las olas, con una pasión única. Él cae rendido a sus pies, no puede dejar de mirarla, de rodearla con sus brazos. Lo que había buscado toda su vida: cintura fina, piel de nácar, dientes como perlas, los labios color coral siempre abiertos en una sonrisa íntima, sólo para él, y esa forma de moverse, de rodearle el cuello con los brazos... La sangre le retumba en las sienes y se le perla la frente de sudor. Necesita calmarse, sólo llevan un rato bailando y él ya no puede ni pensar correctamente, ¡ni siquiera han hablado!
Se separan un momento con la excusa de que él va a por bebidas y entonces una mujer de pelo negro y estrellas en los ojos se acoda junto a él en la barra y le canta una hechicera canción al oído. El corazón masculino se desboca, su razón sale volando y sólo ve los labios de ella, moviéndose tentadores, la lengua que como un ser mágico baila en la boca de ella, al ritmo de la pronunciación de cada sílaba. La mira en silencio unos segundos y entonces se cuelga de sus labios, bebe su aliento, la besa con un hambre embrujada.

La chica los ve desde la distancia y alguien vierte en sus oídos las palabras venenosas: mátalo, apuñálalo en el corazón.
Y los sigue.

Sobre un lecho de sábanas húmedas de sudor descansan ambos, los dedos de él aun enredados en la melena negra de ella, el brazo de ella rodeando el pecho de él. Y su lado la muchacha de melena de fuego siente oleadas de rabia. Aprieta en la mano el mango del puñal que sus hermanas le han dado.
Mátalo o te destruirá. En el pecho, por lo que te ha hecho. Míralo, con ella, en vez de contigo. Hazlo.
Y ella lo hace, claro, para conservar su corazón. Sólo un golpe, él apenas se ha movido. La sangre empapa las sábanas, gotea hacia el suelo y cae sobre los pies de ella.
Huye.
Durante muchos años lamentó haberlo matado para conservar su cálido corazón. Más le hubiese valido volver a tener un corazón tan frío como el mar.


1 comentario:

Dani Maverick dijo...

Curioso. Me recuerda a algo que leí hace mucho tiempo, pero no sabría decir el qué. Buen cuento, milady.