8/5/12

Vitrolles, amapolas y golondrinas

El viernes recibí una llamada de un hotel en Vitrolles, cerca de Marsella. Era el director del establecimiento, que se interesaba mucho por mi candidatura y quería hacerme una entrevista. Ni corta ni perezosa, puse mis dineros en juego: compré un billete de avión Nantes-Marsella y reservé un hotel.
Tras dos días de apenas dormir, ayer me levanté a las 5am, me puse el traje y allá fui.
Llegada a Marsella, calor veraniego, sol, turistas... Cojo un taxi, me presento en el hotel y espero a que me reciba el director.
La entrevista muy satisfactoria, el hombre muy interesado. Salí de allí sabiendo que la había bordado. Caminé y caminé hasta encontrar una playa y allí me senté a leer. Ni siquiera vi el pueblo, pero disfruté de pasear bajo el sol, con las lagartijas corriendo por las piedras, rodeada de amapolas y con el intenso aroma a savia de pino. Olía a verano. Las golondrinas volaban sin demasiada prisa sobre los matorrales. El mar rompía en pequeñas olas contra la arena. Sonaba a verano.

Cuando el hambre llamó, volví al hotel y pedí una pizza.

Este mediodía cogí el avión de vuelta a Nantes, con la cabeza a punto de explotar por las preocupaciones: si conseguía el trabajo, empezaría el lunes, por lo que tendría poquísimo margen para encontrar un piso, y justo este finde una amiga viene a Nantes de visita, y los bancos, tendría que ir de ruta de bancos, y el hotel está en medio de la nada, a ver cómo voy al trabajo cada día...

Unas horas más tarde, mis preocupaciones se disiparon: no me contratan.
El refranero popular, que es muy sabio, nos dice que "siempre que se cierra una puerta, se abre una ventana". Y bien, tengo dos alumnos para clases particulares de español. Un nuevo terreno por explorar.




(megapizza hawaina, qué cosa más rica)

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