20/4/12

Cuento XI

- Háblame de la última vez que te enamoraste. - le pide mientras descorcha un Jurançon.
Ella lo mira de soslayo y le sonríe un poco. Coge la copa que le tiende, se recuesta en la silla y empieza a contar sin mirarlo. La botella se acaba al mismo tiempo que la historia. Las lágrimas asomadas al balcón de sus ojos hacen equilibrios por no rodar mejillas abajo.
- ¿Te sientes mejor ahora?
- No.
El hombre le apoya una mano en la rodilla y ella piensa en cuán fácil sería... Cuán fácil darle un abrazo, dejarse llevar. No queda vino y tan sólo hay una botella mediada de licor. Sirve un par de copas y lo siguiente que está haciendo es desnudarse, pensando interiormente en una canción que hace meses que no escucha. ¿Meses? ¿O quizás años? Apaga la luz y se acuerda de él y finge que de nuevo están juntos en la cama. No es él, por supuesto que no, pero muerde a su compañero, lo araña, tiene ganas de abofetearlo como si fuese él. Los recuerdos afloran y quisiera llorar. Se muerde el labio conteniendo un sollozo.

El tiempo pasa y todo vuelve a la normalidad, los recuerdos a su cajón, la ilusión de estar con él se desvanece y es de noche y la figura a su lado quiere dormir y ella querría que se fuese, que la dejase sola. Pero no. Se queda y ella no puede dormir. En cuanto se cuela un rayo de luz grisácea entre las cortinas, se escabulle de la cama.
Va a la cocina y ve la botella vacía de Jurançon. Maldito vino...
Se instala a leer en el sofá con un café hirviendo.
Mucho más tarde, oye cómo se levanta. Sabe que debería haberse quedado. O al menos eso es lo que siempre le dicen sus amigos pero, ¿por qué quedarse si no quiere? La busca por casa. Ella da los buenos días en alto para que la encuentre. Ya está completamente vestido y con todas sus cosas.
- ¿Ya tienes que irte?
- Sí, tengo que pasar por... - la explicación sigue y ella ya no está escuchando. Se levanta, pasa por delante de él y va hacia la puerta. Él la sigue mansamente. Le abre la puerta y le desea un buen día. Cuando él se acerca, ella le da un beso en la mejilla y se aparta. Se va. Cierra con llave y se siente mucho más dueña de sí misma.
Dos horas más tarde suena el móvil. ¿Él de nuevo? ¿Se habrá olvidado algo? No... una estupidez, como siempre: ¿Qué tal?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me pasa lo mismo que a ti, hace ya algún tiempo.
Y lo que más me jode es saber que lo que ya se vivió no vuelve, porque segundas partes no son buenas, lol