30/3/12

Las cosas claras

Es un día de sol en Nantes, estoy en el césped junto al castillo con una amiga y un señor se acerca a hablar con nosotras. Parece un padre, un señor normal, del que espero una conversación de dos frases estilo "¿tienen fuego?". Pero dejemos lo que yo espero, porque ahí se acaba lo normal.

- Os propongo que vosotras me dais, digamos, tres horas de plaisir, las dos al mismo tiempo, y yo os pago 500€ a cada una.

Lástima de cámara oculta. Mi amiga que no entiende un carajo de francés, medio sonreía con cordialidad y yo... me hubiese gustado verme la cara.

- Euh, muchas gracias, pero no estamos interesadas. - educación y diplomacia, lo primero.
- ¿Cuánto quieres? - urgencia en su voz.
- ¡Nada!
- ¿Gratis? - si viviésemos en un mundo de dibujos animados, le estaría cayendo la baba.
- ¡No, no! ¡Que no queremos nada, que no estamos interesadas!
- Oh, de acuerdo, buen día.

Y se larga. Mi amiga pregunta que qué quería. Se lo explico. Alucina por colores y al cabo de un rato dice que debería haber preguntado un poco más, a ver cuánto estaba dispuesto a pagar. Reímos a carcajadas hasta que nos duele la barriga.
El mundo está loco.

En otro orden de cosas, ¡TENGO UNA ENTREVISTA PARA UN PUESTO DE RECEPCIONISTA EL LUNES! ¡ME MUDO ESTE FINDE!

Estoy feliz, a pesar de los chalados que quieren que me vuelva puta.

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