28/1/12

Tinte rojo

Hace un frío que parte las piedras, pero el sol brilla enérgico, intentando ganarle el pulso al invierno.
Tiene la cabeza inclinada sobre mi hombro y llora quedamente. Le he pasado un brazo por la cintura y apoyo mi mejilla contra su coronilla. Bajo los rayos del sol, su pelo recién teñido brilla rojo. Suspira y me dice que no entiende nada. Miro un poco hacia abajo y veo su flequillo, la punta de la nariz, la boca y una lágrima junto a la comisura de los labios. Por supuesto no sé qué decir. Le acaricio la espalda y le seco las mejillas mientras pienso que yo tampoco lo entendía, que estas cosas no se entienden nunca. Y mejor no hacerlo, porque si las entendiésemos, se nos llevarían los demonios. Pero esas no son palabras muy tranquilizadoras, así que me saco de la manga alguna frase que milagrosamente la hace sonreír.
Agarradas, bajamos al centro y no hay más lágrimas ni suspiros.
Su pelo sigue brillando rojo contra el abrigo aguamarina.

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