6/1/12

Navaja, barro, clavel, espada

Como ya anuncié que haría, me pasé una semanita de vacaciones en España. Ser, fueron vacaciones, pero nada de descanso. Hoy es el primer día en varias semanas que he dormido y descansado como es debido, aunque por la tarde toque trabajar.

Mi vuelta a casa por navidad (con un pelín de atraso) estuvo a rebosar de gente, ver a la familia, amigos, al médico (hay que aprovechar la sanidad española antes de que se la carguen), encontrarme a una excompañera del instituto, que me contó vida y milagros de la mitad de mis excompañeros... Por lo visto una (mi archienemiga de aquella época) está en el Parlamento Europeo. ¿Haciendo qué? No tengo ni idea. Llevar cafés, tal vez. Pero oye, seguro que llega lejos, era un coco.

Comí mucho, bebí mucho (madre, no se alarme usted, que una vez al año no hace daño), recordé lo que era reírse hasta que te duele, recibí regalos de Reyes por adelantado y de cumple por atrasado, volví a oler el mar y a dormirme con el ruido de las olas.
Fue genial volver a encontrarse con los amigos y con toda ese gente que no son amigos, pero que al verme esbozaron una gran sonrisa, me dieron un abrazo y me invitaron a algo (y de ahí el haber bebido tanto). Es cierto eso de que en A Coruña nadie se siente extranjero, porque la gente es muy acogedora. Pero también está toda esa gente desagradable e insufrible dispuesta a decir no importa qué, sólo porque se han quedado sin historias que contar y quieren inventar.

Estuve muy feliz allí, pero también me alegré mucho de volver a Francia. Creo que ya he dejado de ser la extranjera que añora su casa. No. Francia está bien, muy bien. Y esta fugaz visita a España me hizo recordar porqué me fui (eso y leer el BOE del 31/12, echadle un ojo).
Anoche estaba con Este, tomándonos un martini, rodeados por una nube de tabaco y pensaba que no se me ha perdido nada en España. Que vive la France y que a mi querida y odiada patria que le vayan dando.


1 comentario:

Dani Maverick dijo...

La añoranza de la tierra se salva estando unos días allí. Cuando llevas dos días, sueles decir, "que coño, pues tampoco la echaba tanto de menos porque ya quiero volver". Es lo que tiene.

Uno no es de un sitio, es de muchos o de aquel donde se sienta más a gusto. Todo depende de la persona y época en la que vivas.