20/12/11

Gordura

Mis muy estimados lectores,
Esta vez no soy yo quien os ofrece algo, sino quien os pide.
Tengo la insana intención de hacer un postre sólo para mi. Cuando más calórico, dulce y pornoculinario pueda ser, mejor. Me estoy planteando muy seriamente hacer un bol de mousse de chocolate, pero quisiera tener otras ideas para contrastar. Así pues, a trabajar (por favor).
Dentro de unos días recogeré las sugerencias y elegiré.

Gracias mil,
Ladherna

P. D.: la gorda triste que habita en mi interior también os da las gracias

18/12/11

P'tits gâteaux

1) Téngase un niño alérgico al huevo
2) Prométansele galletas de navidad
3) Hágase pasta brisa (o pâte brisée)
4) Que en medio de la elaboración, alguien derrame junto a la masa un bote de Nesquik
5) Descúbrase que no tiene corta pastas e intente hacer formas con un cuchillo
6) Jure internamente contra los malditos abetos, estrellitas y muñecos de nieve
7) Haga feliz a los niños con un montón de galletas redondas

Seguro que ya tienen la receta, pero por si acaso:

Ingredientes:

- 250g de harina
- 150g de mantequilla
- 50g de azúcar
- 3 cucharadas soperas de agua fría
- 1 pellizco de sal

Preparación:

Ya saben: mezclar harina con mantequilla desmenuzando con los dedos, incorporar azúcar, sal y agua y amasar. Dejar reposar una hora en la nevera y después trabajar con un botella, a menos que sean afortunados y tengan un rodillo. (Cada vez que hago algo en esta casa, me falta algo)

Para su tranquilidad, les diré que sólo se coló en mi masa muy poquito Nesquik, que no afectó en nada al resultado. Y que los niños las devoraron. Se las hubiesen comido todas, si les hubiésemos dejado.

El martes nos vamos a Lintry y el 26 estaré en España. ¡Galicia! ¡Mar! ¡Comida de mi madre! Ouh-yeah, baby!

17/12/11

Fairytales I

Estaba en el bosque, bocetando. Tenía un encargo sobre la flora autóctona, nada importante ni bien pagado, pero me encantaba tener una excusa para pasarme el día en el campo dibujando flores. Era una mañana agradable, hacía sol y el juego de luces y sombras me tenía fascinado. Quizás porque me vió tan  absorto, se atrevió a acercarse. Estaba perfilando un abedul cuando sentí algo. Me giré bruscamente y allí estaba: un imposible. Una criatura salida de la imaginación del ser humano, plasmada en mil libros y montañas de lienzos. Tan pronto como me di la vuelta, alzó la cabeza y huyó. En menos de un segundo la había perdido de vista y el bosque seguía emitiendo los mismos sonidos de siempre, ni una rama que se rompiese, ni el ruido de unos pies que se alejan a la carrera...
Debo de haber alucinado, me dije. Pero mis dibujos estaban esparcidos, mientras que yo los había dejado en un cuidado montón. Recogí las hojas pensativamente. La más alejada, con el dibujo de una frambuesa, debía de ser lo último que tenía en la mano antes de salir volando.
Volví junto a mi cuaderno y escruté el bosque, cada sombra, cada hoja, intentando ver algo. Por supuesto no vi nada. Dejé el dibujo de la frambuesa junto a la planta original y le puse una piedra encima. Quizás haya suerte, pensé.


Al llegar a casa intenté dibujarla, pero no había manera. Todos los bocetos acabaron en la papelera, arrugados sobre la mesa, por el suelo...

Al día siguiente era más de mediodía cuando entré en el bosque. Lo hice despacio, intentando ser sigiloso, sintiendo que hacía más ruido que un elefante en una cacharrería. Cuando llegué al claro donde había trabajado el día anterior, estaba tan vacío como siempre. Suspiré y me regañé por haber esperado otra cosa. Pero el dibujo había desaparecido. Y la frambuesa también.
- ¿Hola? - saludé dubitativamente. Me respondió el silencio. Otro error.
Trabajé un par de horas, levantando la cabeza al menor ruido. Al final me di por vencido, así no iba a ningún lado. Bajo la misma piedra del día anterior, dejé un boceto de una flor y lo mismo hice durante el resto de la semana. No haber vuelto a verla me hacía desesperar, mientras que el hecho de que cada día la piedra estuviese en el mismo sitio y el dibujo hubiese desaparecido, me daba esperanzas.

Hasta que un día, algo cambió. Debajo de la piedra había dejado el dibujo de un pájaro, un herrerillo, y como respuesta, recibí una pluma. ¡Allí estaba, era real! No me había vuelto loco, ¡realmente existía y cogía mis dibujos!
Aquel día me quedé casi hasta el anochecer esperándola. Pero no vino, o al menos no se acercó y yo, por supuesto, no advertí su presencia. Abatido, volví a casa. Esto no va a ninguna parte, no volveré a verla, me decía.
Pero a la mañana siguiente vi la pluma junto a mis lápices y me decidí a volver.

(Continuará, espero. Son las 2.30h y llevo desde antes de medianoche trabajando en esto. Me perdonarán si es demasiado malo...)

12/12/11

Escenas au pairianas

- No toques las bombillas, están calientes y puedes quemarte.
Días más tarde, niño con todos los dedos ligeramente quemados por haber agarrado una bombilla.
Mamá dice: voy a la farmacia a ver si tienen algo para echarle en la mano.
¿Crema para quemaduras por bombilla? No sé yo...

- No chupes la tapa del yogur, es de mala educación.
- Pero papá lo hace.
(Ups)

- Buaaah, Brune me ha pegado.
- Buaaah, Anatole me ha pegado.
- Pues ya estais en paz. A partir de ahora, si Brune te pega, tú se la devuelves. Una sola. Y Brune, si Anatole te pega, devuélvesela. Ya estoy harta de decir que dejeis de pelearos.
Niños con cara de sorpresa máxima, fin de llantos y gimoteos. Igual son un poco pequeños para esto, pero así se curten. Coñe ya.

Como no todo tiene que ser negativo, diré que adoro mi trabajo cuando, después de pasear por el mercadillo de Navidad con Anatole y Mahaut (el bebé), volvemos andando a casa. Anatole y yo compartimos unas galletas y con una sonrisa cómplice, nos decimos "bon appétit". Y luego mira al cielo y dice "¡mira, la Luna! Luna, ven a vernos hoy a nuestro jardín, ¿vale?".

O cuando juego con Brune y ella se ríe. Y le hago una carantoña y se ríe más aun. Y me da un abrazo.

O cuando cojo a Mahaut en brazos y me mira, me sonríe y se queda dormida.

No es fácil, pero tiene sus cosas positivas :)

6/12/11

Ich werde auf dich warten

Leise flehen meine Lieder durch die Nacht zu dir;
in den stillen Hain hernieder, Liebchen, komm zu mir!

Flüsternd schlanke Wipfel rauschen in des Mondes Licht;

des Verräters feindlich Lauschen Fürchte, Holde, nicht.

Hörst die Nachtigallen schlagen? Ach! Sie flehen dich,

mit der Töne süßen Klagen flehen sie für mich.

Sie verstehn des Busens Sehnen, kennen Liebesschmerz,
rühren mit den Silbertönen jedes weiche Herz.

Laß auch dir die Brust bewegen, Liebchen, höre mich!
Bebend harr' ich dir entgegen! Komm, beglücke mich!


(Der Schwanengesang von Schubert - Ständchen)

3/12/11

Cuento X

Click.
Clac.
Click.
Cierra, abre y cierra de nuevo el zippo. Me mira mientras da unos golpecitos con él sobre la mesa. Sigue sin decir nada y yo pienso que me está puteando. Sé que oye mis pensamientos, así que me concentro en ése en concreto, pero ni hace una mueca ni cambia de postura. Imágenes mentales de cargar una escopeta y meterle un cartucho entre ceja y ceja primero le provocan una media sonrisa, pero cuando se da cuenta de que esas imágenes están pasando de fantasía a verdaderos planes, se replantea su postura y se reacomoda en la silla. Y entonces empieza a hablar. Como si no hubiese pasado nada, como si el muy cabrón no hubiese estado leyendo mis pensamientos y cachondeándose de mi. Mi cabreo aumenta por momentos, pero claro, está hablando y tengo que dedicar una parte de mi cerebro a escuchar. Y a traducir, porque si me quedo sólo con las palabras, me estaré creyendo unas mentiras enormes. Que hijoeputa. Que mentiras me está soltando y además tiene el descaro de leer tal certeza en mi cabeza y aun así sigue con su discurso. Si es que... Emito con fuerza el pensamiento "deja de soltarme esa mierda o vamos a acabar mal". Sonríe hasta los límites de lo posible y vuelve a lo mismo. Me encojo de hombros y antes de pensarlo demasiado, saco un bate de béisbol de la bolsa que tengo a mis pies y le golpeo con fuerza un hombro.
Corre, puta, porque como te coja, te reviento el cráneo.
Ahora sí se toma en serio mis pensamientos y coge las de Villadiego. Yo me acabo mi cerveza y después voy tras sus pasos.
Este va a ser un Diciembre de lo más divertido.