29/11/11

Cuento IX

Te miro y siento cómo puedo tocarte con los ojos, cómo me acerco a ti. Y de pronto ya no nos separan mil metros, sino que me he transformado en aire, en una brisa fría que corre hacia ti y te roza el cuello, que te hace estremecer. Paso de ser viento a ser una gota que se escurre por tu piel, acariciándola como una desvergonzada lengua. Y ya no soy gota, sino que me convertido en fantasma, en micropartículas que te tocan, que te rodean, que se pegan a tu piel. Mis manos invisibles parecen estar en todo tu cuerpo, soy unos labios que te recorren sin prisa el cuello, los hombros... una línea de besos que te baja por la espalda.
Cierras los ojos y disfrutas de este sueño, porque no puede ser sino un sueño el sentir que te tocan pero estar solo. Te abandonas a mis caricias, a este roce etéreo. Notas un aliento cálido contra tus labios, la sensación eléctrica de un cuerpo junto al tuyo. Abres los ojos y mi mirada te atraviesa, te atrapa. Separas los labios y me besas y te transformas en mil corpúsculos y me notas en tus manos, en tu piel, te paseas sobre mi, tú y yo mezclados en un caos molecular.

Los cristales están empañados y el vaho se condensa en gotas que caen sin prisa. Sale el sol y te encuentra durmiendo, enredado en unas sábanas que huelen a mujer.

27/11/11

Tarta de limón (o Cómo ser idiota en 3 pasos)

He hecho la tarta de limón. Y la he hecho más mal que bien. De hecho la estoy mirando ahora y planteándome volver a meterla en el horno. Y que se queme hasta que no quede nada. Que mala leche.
El problema es que podría haberme salido bien pero como soy idiota, me ha salido mal (aunque en realidad aun no la he probado, pero seguro que está rica aunque no del todo).
Cómo ser idiota en 3 sencillos pasos:
1) Decide hacer una tarta de limón
2) En vez de ceñirte a una receta, decide mezclar TRES
3) Cuando has decidido qué hacer, léelo mal
Resultado: (ver foto más abajo)

De momento, pasemos a la receta:

Ingredientes para la "pâte sablée":

- 250 g harina
- 125 g mantequilla
- 80 g azúcar
- 1 yema de huevo
- 2 cucharadas soperas de agua fría
- 1 pizca de sal

Ingredientes para la crema:

- 2 limones
- 1 bote pequeño de leche condensada (397 g, según dice la etiqueta)
- 3 claras de huevo
- 100 g de azúcar
- 1 pizca de sal


Preparación:

Mezclar la mantequilla con la harina. Añadir el azúcar, la yema, la sal y el agua y hacer una bola. Envolver en film transparente y dejar reposar al menos una hora en la nevera.
Finalizado el tiempo de reposo, sacar de la nevera y dejar que entibie (sino, se rompe y no hay dios que la trabaje). Estirar, meter en la base y al horno precalentado a 190ºC durante 20-25min. Recomiendo ponerle encima habas o garbanzos porque, como me advirtió mi madre, la masa puede subirse como una burbuja y romperse (esto último, por suerte, no pasó, aunque cuando vi la deformación en la tarta solté un "oh, mierda")

Exprimir los limones y mezclar el zumo con la leche condensada. Añadir la pizca de sal a las claras, montar a punto de nieve e incorporar el azúcar.
Sacar la base de la tarta del horno. Bajar la temperatura a 100ºC.
Verter sin prisa la crema de limón y por encima el merengue. Con una cuchara para los clásicos o con una manga pastelera si tienes mucho arte (no es mi caso, pero quería experimentar)

Hornear durante 20min. ¡Y tachán! Rica tarta...

... o al menos debería serlo si habeis seguido esos pasos, no si sois cazurros como yo y... y bueno, no los seguís.
Me salté a la torera el tiempo de cocción de la base. Y por lo visto 20min no eran suficientes para mi merengue.
Ya la he probado y está rica, pero la base está en ese punto no-cruda-pero-casi, la crema de limón demasiado dulce (y eso que no le eché toda la leche condensada) y aunque las puntitas del merengue están doradas, la parte baja no está hecha. Así que la he metido en el horno a 100ºC y que sea lo que dios quiera. Esto es una venganza por la de tiempo que llevo sin cocinar, seguro. Si es que hay que ser idiota para leer mal una receta... No tengo perdón.
Es la primera vez que uso una manga pastelera y el resultado no es tan desastroso como esperaba.
Habrá que seguir practicando.

Tarta de limón

Los niños se preparan para hacer la siesta.
La masa ha reposado el tiempo necesario.
Vamos al ruedo con 3 recetas distintas y la esperanza de que salga bien.

Volveré.

25/11/11

Duelo a 180º

(Música de fondo)
Ladherna entra en la cocina con paso lento pero firme y se detiene frente al horno. Mantiene ambas manos a los costados, un poco separadas del cuerpo. Los dedos se mueven inquietos.
- Volvemos a encontrarnos, sr. Horno. Dejemos las cosas claras, tú no me gustas y yo a ti no te gusto, pero vamos a trabajar de nuevo juntos... ¡quieras o no!
La mano derecha vuela con la rapidez de una serpiente y desenfunda unas varillas, mientras la izquierda gira, con la precisión de un repostero habitual, los mandos del horno. Empieza la batalla.

No me he vuelto loca, he vuelto a la normalidad (espero).
Mañana haré una tarte de limón, en un remake de dos recetas. Si sale bien, la publico. Si no... pues nada.

23/11/11

Saudades

Ante la acusación de que igual no volvía por mi tierra ni de visita, voy a expresar lo que llevo dentro.

Boeno, carallo, boeno, como non vou voltar? 
Se teño unha morriña que me mata, un baleiro no peito que non enche nada, nin follas vermellas de outono nin luscofuscos sobre o río. Toleo por unha cunca de caldo quentiño. Levo días buscando algunha castañeira, pero polo visto aquí non hai diso. Á nena cántolle tódalas cancións que coñezo en galego e mesmo a acompaño con muiñeiras cando espernexa.
Este frío que vai aquí é un frío feble, nada que se meta nos ósos, e mesmo quero voltar a sentir iso.
Estrano o mar. Estrano pasear pola Cidade de Cristal e ver os barcos de pesca, as cristaleiras do centro.
A lingua, o falar galego... Non me afago a vivir sen "e logo? / malo será / chámalle X / riquiño / carallo..." e tantas outras expresións que adoitaba a usar no día a día e que aquí non teñen sentido.
Pero sobre todo, a xente. A miña xente, a súa forma de ser. Non só por quen son, ni por como son, senón tamén por como os fai o ser galegos. A retranca, as respostas esquivas... 
E se cometo o erro de poñerme a pensar, morro de saudades, e teño loucos plans de buscar erasmus galegos para organizar unha festa rachada.
Buscar insultos en galego para responder a aldraxes do Sur. E quedarte como Dios despois dun "babeco, pasmón, trosma!".
Así que non me digades que tendes medo de que non volte, porque a morriña da terra e de vos está aí, e non vai marchar por moitos olalás e afrancesamentos que se me peguen.

Traducción para los no-gallegos:

Bueno, carajo, bueno, ¿cómo no voy a volver? Si tengo una morriña que me mata, un vacío en el pecho que no llena nada, ni hojas rojas de otoño ni crepúsculos sobre el río. Enloquezco por una taza de caldo calentito. Llevo días buscando alguna castañera, pero por lo visto aquí no hay de eso. A la niña le canto todas las canciones que conozco en gallego e incluso la acompaño con muiñeiras cuando patalea.
Este frío que hace aquí es un frío débil, nada que se meta en los huesos, e incluso quiero volver a sentir eso.
Añoro el mar. Añoro pasear por la Ciudad de Cristal y ver los barcos de pesca, las cristaleras del centro.
El idioma, el habla gallega. No me acostumbro a vivir sin "e logo? / malo será / chámalle X / riquiño / carallo..." y tantas otras expresiones que acostumbraba a usar en el día a día y que aquí no tienen sentido.
Pero sobre todo, la gente. Mi gente, su forma de ser. No sólo por quienes son, ni por cómo son, sino también por cómo los hace el ser gallegos. La retranca, las respuestas esquivas...
Y si cometo el error de ponerme a pensar, me muero de saudades, y tengo locos planes de buscar erasmus gallegos para organizar una fiesta rachada.
Buscar insultos en gallego para responder a ofensas del Sur. Y quedarte como Dios después de un "babeco, pasmón, trosma!".
Así que no me digais que teneis miedo de que no vuelva, porque la morriña de la tierra y de vosotros está ahí, y no se va a ir por muchos olalás y afrancesamientos que se me peguen.

Editado: á nena chámoa entre outras cousas, patacón, repolo, faballón... / a la niña la llamo entre otras cosas, patacón, repolo, faballón...

21/11/11

Y han ganado

No ha sorprendido a nadie. Presidente del gobierno del PP, presidentes de la mayoría de las CCAA del PP, y por supuesto en tantísimos ayuntamientos... también alcaldes del PP. Van a hacer con España lo que les de la gana. Aun así, he aquí el mensaje del Intermedio. Suena a coña, pero en realidad así será. Y los españoles resistirán, porque eso va en el carácter español, capear el temporal, aguntar con la cabeza gacha y tirar para adelante sin protestar demasiado. Porque los españoles, somos así.

19/11/11

Hojas en blanco

No puedo decirte nada, porque no hay nada. No me mires así, es que tampoco sé si sabría explicarlo, ni si hay algo que explicar. Hoy cogí el tranvía y me bajé cerca del fin de la línea. En no sé dónde. Y caminé sin rumbo. Al cabo de un rato empecé a seguir señales que decían "centre ville". Tras más de una hora y media caminando, no encontré una sola cafetería donde me apeteciese sentarme a escribirte.
La verdad es que hacía un muy buen día para caminar. Fresco, lo suficientemente frío como para ir con abrigo. Sin viento ni lluvia, sin sol. A las 18:15h ya era noche cerrada, estaba llegando al centro y sentía que algo de mi interior se había agotado. ¿Qué? No lo sé. Volví a casa y sentí que todo era exactamente igual que cuando había salido. Igual que ayer, que anteayer. Que mañana.

Necesito un té. Ya.

Crisis

Te das cuenta de que estás en crisis cuando no tienes ganas de hacer nada. Cuando hace sol y en vez de alegrarte, piensas "pues vale". Cuando no te apetece escribir y lo poco que escribes es (admitámoslo) malo.
Pero de verdad te das cuenta de que estás en crisis cuando ves que llevas un montón de tiempo sin cocinar ni malditas las ganas que tienes. "Tienes" que hacer un gâteau y te limitas a un bizcocho de lo más simple, que haces sin el menor entusiasmo.
Y te haces un chocolate a la taza a medianoche, porque sientes cómo el cielo quiere caer sobre tu cabeza.

Se me pasará, no es grave. Pero que puf. Necestio mucho té rojo para enfrentarme a esto.

16/11/11

Nantes, para enamorarse

Si bien es cierto que mi vida aquí no es gran cosa y que después de un día duro siempre me digo "voy a buscarme otro trabajo" (dicho tan en serio como quien dice "el año que viene iré al gimnasio"), me encanta esta ciudad. Quizás no sea tan guay como París o como Londres, pero a su manera es mejor. Pierde muchos puntos, muchísimos, por no tener mar. Pero claro, es que yo llevo toda la vida mirando el mar desde mi cuarto. Aun así, al menos tiene río (no sé si sería capaz de acostumbrarme a vivir en una ciudad sin una gran masa de agua -río, mar, lago-) y es bonita, acogedora. Los edificios bajos, las calles con árboles, los parques, las calles del centro, con sus restaurantes y bares llenos de gente, el castillo...
Además tiene cosas como una magnífica red de transportes públicos, agenda cultural muy dinámica, conciertos, asociaciones, aeropuerto, un gran campus... Vamos, esas cosas que hacen que la vida aquí sea agradable.

Pero cuando Nantes me ha llegado realmente al corazón ha sido en otoño, con las hojas de los árboles rojas y marrones, la limpia luz dorada del atarceder, las calles alfombradas de amarillo, los cielos limpios y heladores de las mañanas, abrir la ventana al anochecer y el olor de las calles mojadas mezclado con el humo de las chimeneas...
Hace unos días que busco un puesto de venta de castañas asadas, porque con este tiempo apetecen, pero aun nada.

Ayer se asomó a mi cabeza un pensamiento que ya creí que no tendría nunca: va a darme pena irme de esta ciudad.

Cuento VIII

Me senté en la cama y miré a la derecha. A través de la ventana veía cómo los últimos rayos de sol se filtraban entre las ramas desnudas de otoño. Vacié mis pulmones en un discreto suspiro y me puse a buscar mi ropa esparcida por el suelo.
- ¿Te vas?
Acabé de ponerme la camiseta y lo miré. La penumbra se iba apoderando de la habitación con rapidez. Era una foto en sepia: apoyado sobre los codos, las sábanas arrugadas, el pelo revuelto... Le sonreí.
- Sí. - Me agaché a ponerme los pantalones.
- Pero puedes quedarte, mañana no trabajas.
- No.
- Entonces quédate.
Con los cordones aun en el aire, me quedé quieta. Volví a mirarlo. ¿A qué tanta insistencia? ¿Para qué meterse en un tema cuya respuesta no quiere oír?
- Podría quedarme, -reanudé la tarea de atarme las botas- pero yo no me quedo.
- ¿Nunca?
Me lo pensé unos segundos mientras me ponía el abrigo.
- Quizás algún día.
Me despedí con un beso y me fui.

Aquello fue hace unas semanas. Pienso en esa conversación ahora, en su cama. Él duerme plácidamente a mi lado. Fuera de las mantas hace un frío nada acogedor. Deslizándome despacio, salgo de su abrazo e intento reprimir los escalofríos mientras busco mi ropa a oscuras. Me visto con prisa, siempre dándole la espalda. Echo un vistazo al reloj. Ya hay transportes públicos. Me calzo junto a la puerta y maldigo interiormente el ruido del pomo, pero tampoco me vuelvo para ver si se ha despertado. Cierro la puerta a mis espaldas y me enfrento al cortante frío otoñal. Encojo los hombros, bajo la cabeza y echo a caminar a paso ligero hacia la parada mientras nubes de vaho se me escapan de entre los labios.
Yo no me quedo.

13/11/11

Pintura de dedos

Tu cuerpo es como ese momento en que el sol cae en la estepa castellana tras un día caluroso y las sombras se alargan imposiblemente y viene una brisa fresca que juega con el vuelo de mi vestido.
Como descalzarse y meter los pies en la fuente de la plaza principal del pueblo, observando cómo las terrazas se van llenando de gente, cómo las señoras sacan las sillas a la puerta de casa y se ponen a chacharear.
Seco, cálido y acogedor.

O como la última hoguera de la noche de San Juan, recogida de la playa, que reavivo para calentarme un poco, y desconocidos, gatos pardos como yo llenos de cicatrices de peleas callejeras por una raspa de sardina, se acercan a pedir muy educadamente calentarse las manos. Y charlar quedamente.

O como sentarse en un banco del Jardin des Plantes, bajo el sol otoñal, viendo cómo llueven hojas doradas y rojas sobre el lago, escuchando a alguien que toca blues con la ventaja abierta.

Tu espalda es un lienzo que pide tonos ocres y rojos, colores de otoño, como tus ojos.

Yo sé que tu cuerpo es así, sólo que aun no lo he conocido, aun no has aparecido de entre la marea de gente que vive, que respira y me rodea. Sé que estás ahí y sé que algún día te encontraré.

10/11/11

Biarritz

Finalmente, demasiado tarde, me decido a relataros mi viaje a Biarritz.
Empezó un bonito domingo con más de 5h de viaje encajada entre los niños, con sus gritos, sus mocos, su incapacidad para estarse quietos. Pero finalmente llegamos, y hace sol. De hecho tanto calor hace, que abro la caja de ropa de verano que llevo para dársela a mis padres y hermana, ya que vendrán a verme unos días.
Descargo el agotamiento mental del viaje en pasear junto a la playa, comprarme un helado riquiiiisimo y comérmelo sentada en una roca, con los pies metidos en el agua, pensando en naderías y viendo cómo el sol declina. Luego vuelvo a donde nos alojamos, la casa de unos amigos. Yo "vivo" en el sótano, alejada de cualquier ruido de la casa y con mi propio (e inmenso) cuarto de baño. Me doy una ducha y me acuesto a una hora razonable.
¿Y después de eso? El infierno. Jornadas de entre 8 y 12h de trabajo diarias, la "discusión" que ya os relaté en el último Manual... Sí, fue duro. Cuando me sentaba a cenar era como si mi alma se doblase y se pusiese a roncar encima de la mesa. Estaba en Biarritz, a dos pasos de la playa, y me sentía tan agotada que lo único que hacía era arrastrarme a mi cuarto y tirarme en la cama. Salí un par de veces de paseo, claro, porque me obligaba a ello, pero hacedme caso, vacaciones para los niños igual a doble o triple trabajo para la au pair. Tortura. De hecho, a la vuelta de las "vacaciones" la profesora del curso de francés al que asisto, nos preguntó a todas qué tal las vacaciones. Todas dijimos lo mismo "¿vacaciones? ¿qué vacaciones?". La verdad es que menudas caras traíamos... (sí, todas somos au pairs).

El caso. Una ciudad preciosa en la que por cierto tenía lugar una competición de surf y por ello, el paseo marítimo era un vergel de rubi-teñidos con sus tablas.
Y tras tan terrible semana, llega el finde y con él mi familia, que viene a recogerme y nos vamos a comer de picnic. Si mi corazón aun no estaba desbordado de amor cuando los vi llegar, desde luego lo estuvo cuando mi madre sacó del maletero una tortilla de patatas hecha por ella esa misma mañana y una empanada de caldo. Eso es una madre amorosa y abnegada y lo demás son tonterías. El caso es que comí divinamente, y después de ello nos dimos un paseo, fuimos al hotel a dejar el equipaje, volvimos a salir de paseo y cenamos de picoteo (empanada, queso, fruta, tarta de queso...)
A la mañana siguiente, desayunamos en un café en pleno centro (¿dónde se ha visto que el precio de un café duplique el precio de un croissant?) y cogimos el coche, dirección Navarra. Que pueblecitos, que hermosura. Mi corazón se hinchó de amor patrio mientras, sentados al sol en una terraza, observaba el paisaje y pensaba "en España como en ningún sitio". Cierto es que tiene muchas cosas que me desagradan, pero yo siempre amaré mi país hasta la médula. Una cosa no quita la otra.
Comí como no había comido en meses: unas alubias de morirse y una chuleta como Dios manda. Y postre, por supuesto. La verdad es que ni siquiera llegué a mi límite. Desde que estoy aquí no ha habido ni un día que dijese "no puedo más". Ni uno. Si es que me tienen en condiciones indignas, ¡una gallega comiendo lo suficiente, que no de más!
Vuelta a Biarritz, vuelta al trabajo, aunque esta vez mi hermana vino conmigo y desde su punto estratégico vigiló mi constante ir y venir "cómete esto, con las manos no, no chilles, etc".

Al día siguiente, lunes y día de mi cumpleaños, comí y cené con mi familia en Biarritz. Nos despedimos y hasta Navidad.

Martes, paliza de viaje hasta Nantes. Al menos, gracias a mi madre, pude comer un bocadillo de jamón serrano que estaba de muerte.

Y en Nantes me esperaba la guitarra, a la que le estoy dando un uso moderado pero constante (buena parte de mi tiempo libre es mientras los niños duermen) y se me están encalleciendo las yemas de los dedos. Excelente adquisión, puedo afirmar.

7/11/11

Horario desfasado

Pensaba escribir sobre Biarritz. Pero llevo un día extraño. Dos días. Demasiadas horas.
Ayer por la mañana tocó museo de historia natural por cuarta vez. Y al volver a casa, tras comer, me tiré en la cama y me quedé dormida. Soñando con lo indebido. Y luego me desperté y me senté frente al ordenador y me puse a trabajar durante horas. Y luego cené y un té tras otro fui desgranando horas de trabajo. Cuando me quise dar cuenta eran las 4 de la madrugada. Me fui a la cama cansada, pero aun con energía. Me planteé seriamente ponerme el despertador, aunque finalmente lo desconecté y me metí en la cama. A las 11.30 me despertó un sonido de chapoteo. Quizás era Diane bañando a Mahaut (¿a estas horas?) Me levanté poco más tarde. Me duché y repasé el trabajo del día anterior. Me cabreé por la falta de rendimiento, por la poca profesionalidad. Porque hace unos meses me habría currado una presentación de la hostia y esto que había hecho me parecía una cutrada. Le di vueltas. Me vinieron flashes de un sueño. Dos caras fundidas en una. Que cosas se me ocurren. Bajé a desayunar y mordisqueé unas galletas mientras me peleaba con unos programas. Cambié cosas de la presentación. De vez en cuando oía a alguien por la casa, pero nadie vino a saludarme. Pasadas las 14h, bajé a la cocina. Ni rastro de que alguien hubiese almorzado o tuviese intención de hacerlo. Me hago un bocadillo de queso de San Simón, cojo una manzana y un vaso de agua y vuelvo a delante del ordenador. Me siento asquerosamente inútil y vacía. De pronto me doy cuenta de que aun no he bebido té. Mira tú, si va a ser que es eso. Pero Maybeshewill atruena en mis oídos y no me veo capaz de bajar a preparme mis pilas líquidas.

Notificaciones de lo más estúpido. ¿Organizamos un "free hugs" en Nantes para hacer de ella una ciudad más acogedora? ¿Y por qué no un "free punches", tonta del haba?
Y todas en la misma línea.
La luz es gris, el cielo lleva encapotado todo el día y ahora que la luz empieza a escasear, poco a poco, pienso que mi orquídea se va a morir de pena. Pienso en la gente que me cuenta cosas que no me importan, o la gente que cree que me sigue importando. La verdad es que Nantes me ha dado y me ha quitado muchas cosas, pero su mayor regalo ha sido la indiferencia, una nueva frialdad real, no fingida. De verdad que me importa una mierda. Lo que antes eran 10PG ahora son uno o dos.
Al final resulta que sí me he convertido en lo que quería de niña.
Quiero que te arrastres como un jodido gusano y si no lo vas a hacer, deja de enviarme mensajes, porque francamente, si no es para reírme, paso de leerlos.

El día que asumais que me he ido, quizais dejeis de darme la brasa pensando que me interesa. En serio. Si me interesa, os pregunto. Si no pregunto, es que no quiero oírlo.

Ya tengo mi té. Ya puedo salir del gruñidero.

5/11/11

Dándole vueltas

Me encantaría tener un trabajo que consistiese, básicamente, en pensar. Sentarse horas en un cuarto con muchos papeles, lápiz, litros de té y café y otras mentes pensantes. Escribir algo, pasearme, darle vueltas y más vueltas al asunto. Comentarlo con los demás. Tormentas de ideas. Borrarlo todo y volver a empezar.
Y luego, la genialidad. El resultado. Ese tan buscado pero tan agotador que sólo lo dices en alto sin aplausos. O lo rodeas con un círculo, en la pizarra. Y miras a los demás interrogadoramente. Y los demás asienten. Y sonríes con cansancio y duermes, duermes, duermes durante tres días seguidos. Y tras unos días luminosos, otro acertijo, otro problema, otras preguntas.

En realidad es de esas cosas con las que se fantasea. No soy tan genial para ganarme así la vida, aunque tengo mi versión light de eso, que es enfrentarme al blog o a un papel en blanco de vez en cuando. Hace una eternidad que desterré de mi los folios y el portaminas, pero aun recuerdo pasarme horas delante de un papel. Primero viene la avalancha de palabras, las frases que escribes a velocidad de vértigo para no olvidar la que viene detrás. Y luego la revisión. El dar vueltas por la habitación pensando. Esa coma que me tuvo meses dándole vueltas, hasta que decidí ponerla entre paréntesis.
Sé que no es lo mismo, ni mucho menos. Pero me gusta pensar. Me gustan los retos y las adivinanzas. El "un hombre aprieta un botón y muere, averigua cómo, pregunta lo que quieras pero yo sólo respondo sí o no". El "tenemos estas herramientas, ¿qué podemos hacer con ellas?".

Manual Au Pair VI

Problemas

Algún día tenía que escribir esto. Algún día tenía que tener problemas. En fin, siempre llegan, estaba asumido, pero de todos modos te sorprende un poco y siempre te pilla desprevenida. Que no os pase. Preparaos.
Supongo que tendré que exponer el problema que tuve...

Yo tengo un planning de trabajo redactado por mis "jefes". Está especificado cada día con su horario, así como los días libres. Para estas vacaciones de Todos los Santos (del 22/10 al 3/11) tenían pensado irse unos días a Lintry. El padre se cogería un día o dos y se vendría del 29 al 2, con lo que yo libraría todos esos días menos el último. Es decir, CUATRO días libres para mi solita. Yo cuando lo vi, no me lo creía. Hasta me sugirieron que podría coger el tren para venirme esos días a Nantes y celebrar mi cumpleaños y que luego ya volverían ellos en coche.

Acercándose esas fechas, Diane me preguntó qué me parecería si en vez de ir a Lintry, nos fuésemos a Biarritz a casa de unos amigos. Genial, respondí yo. Lintry está guay, sí, pero Biarritz es mar, la decisión está clara, vamos. Y entonces volví a mirar esos cuatro días libres y me dije "tan cerca de España, puedo cogerme el tren y plantarme en la puerta de casa en... 13h". Le comenté el plan a Diane (irme del 29 al 31) y me respondió que tendría que hablarlo con su marido porque igual él no se venía a Biarritz y entonces yo no podría librar todos esos días.
- Aquí es cuando algunas au pairs presentes y pasadas me hicieron el siguiente comentario "ese no es tu problema, son tus días libres y tú haces lo que quieras con ellos" -

Pasan un par de días y ni Diane ni Arnaud me dicen nada. Pregunto yo. Respuesta: "al final Arnaud no viene y no puedo ocuparme 3 días de los niños yo sola". La decepción es inmensa, como imaginareis. Pero me digo que no hay que rendirse y comento que si no puedo ir yo a casa, quizás mi familia pueda venir. No es el plan perfecto, pero es un plan. Llamo a mis padres, se alegran un montón de saber que voy a estar tan cerca y se organizan para pasar 3 días en Biarritz. Viaje apalizador, vamos, 9h de viaje en coche, saliendo el viernes y llegando el sábado. A su edad.
Confirmo a Diane que mis padres van a venir. Que no tendría porque hacerlo, pero me parece de recibo, vamos.

Ahora volvamos un minuto a mi planning, por favor. Tenía 4 días libres, ¿cierto? Como Diane me dice que ella sola no puede, entiendo que me he quedado sin 2 de esos días, ya que nadie ha mencionado nada de tocar mi sagrado fin de semana. ¿Correcto? Correcto.

Llega el día 23 (domingo, ergo, día libre) y nos metemos en el coche niños, bebé, Diane y yo (en mi diminuto espacio entre sillitas infantiles) y me doy cuenta de que estoy tirando mi día libre en estar encerrada con dos bestias que no me dan un minuto de tregua. Me digo que en cuanto llegue a Biarritz, deshago la maleta y me voy a la playa. Error. Nada más llegar, Diane me pide que me lleve a los niños a la playa mientras ella descarga el coche. Antes de darme cuenta, he aceptado y ya no hay vuelta atrás. Cuando me canso de las tonterías de los niños y de contemplar mi propia estupidez, devuelvo a los niños a casa y le pregunto a su madre que qué tenía pensado para esa tarde, porque no entraba en mis planes ocuparme de los críos. Como no me dice nada (la respuesta es algo como "claro...") me voy el resto de la tarde de paseo y me quito el mal sabor de boca de mi estulticia.

Al día siguiente, tras la mañana de trabajo, Diane me dice que quizás deberíamos haberlo hablado antes, pero que ella ayer contaba con que trabajase y que cuando le dije que me iba la pillé de sorpresa y no reaccionó (ja, mira, pues como ella a mi con lo de llevarme a los niños a la playa)
Lo malo es que después de eso, empezó a preguntar qué iba a hacer con mis padres y hermana el finde. Y yo me olí lo peor. Resumiendo la conversación, ella pretendía que yo trabajase el fin de semana enterito. Con todas sus horas. Y lo que tiene más coña aun, que yo debería haberlo deducido porque "ya sabes que durante las vacaciones es diferente" (sí, sé que durante las vacaciones es diferente y por ello hago 40h semanales, de lunes a viernes) y porque ella ya me había dicho que no se podía ocupar de los niños ella sola (ya, claro, pero "tres días", no todos y cada uno de los días de "vacaciones")
Yo intenté ser muy correcta y razonable, pero claro, los nervios estaban a flor de piel. Ambas cansadas, yo decepcionada, ella con un chasco del mil... Yo repetía que debería habérmelo dicho, que para ver a mis padres un par de horitas, no los hago atravesar el país. Y ella se agobiaba y... bueno, me sabe fatal por ella, pero acabó llorando y se fue (a pesar de mi afirmación de que no la iba a dejar colgada)
Y yo pensaba "no puede ser no puede ser no puede ser no puede ser..." ¿¡¿Cómo no me habían dicho nada?!? ¿En qué clase de universo paralelo viven en el que la gente deduce alegremente que sus días libres desaparecen? ¿No sería lo normal, al hacer tal cambio de planes, coger mi planning (que está en la cocina, al alcance de todos) y sentarnos juntos a ver qué hacemos con mis horas? Vamos, digo yo, que esto es un trabajo, no un hobby.

El caso es que ella se fue a llamar a su marido (que estaba por trabajo en Suecia) y yo me quedé dando de comer a los niños y tragándome la decepción y la rabia. Y en cuanto pude, a hablar con amigos y familia. Opiniones y consejos de todo tipo ("lárgate de esa familia y vente a París", "propón un término medio", "no cedas ni un ápice", etc). Al día siguiente, propuse unas horas que consideré que, aunque no perfectas, complacerían a Diane. Trabajar el sábado por la mañana hasta que llegasen mis padres (y hermana) y el domingo tarde-noche (baño, cena y acostar críos). Aceptó con mucha alegría (pero yo sabía que se estaba callando algo).

Finalmente, el viernes, Diane me dijo que Arnaud se venía el finde porque ella no podía sola con los niños (que sé que es complicado, pero sigue sin entrarme en la cabeza, de verdad), lo cual sólo redujo en dos horas el horario previsto, pero en fin. Mucho cabreo y mucha pena por algo que, de haberlo hablado desde el principio, no hubiese supuesto NINGÚN problema.

Moraleja: hablad con la familia. Que os lo dejen todo claro, si no estais seguros de algo, preguntadlo. Aunque ya veis que en este caso yo hice mi parte y ellos no hicieron la suya, no podeis controlarlo todo ni mucho menos evitarlo. A ellos siempre les vendrá bien que hagais más horas y vosotros querreis hacer menos, el caso es no abusar.

Hablando de abusos, esos días que pasamos en Biarritz... algunos llegaron a las 12h de trabajo (horas extras que no creo que hayan sido contabilizadas en ningún sitio, aunque a mi ahora sólo me preocupa olvidarme de este desagradable capítulo)