30/4/11

Cajas

Mis recuerdos están en cajas amontonadas. Algunas están medio podridas, otras están cubiertas de polvo, aunque a buen recaudo, otras ocultas. Pero eso sí, todas las cajas son de cartón reciclado. Y he pensado que en mes y medio tendré que conseguir unas cuantas, llenarlas de cosas y subirlas al trastero de mis padres. A que cojan polvo hasta que vuelva a por ellas. O no.
Ya he empezado a mirar vuelos y trenes a Nantes. Unas 5h de trayecto, aproximadamente 7h desde que salgo de aquí y llego allá. Me he metido tal paliza de trenes y aviones esta semana santa que este horario me da la risa. Espero comprar los billetes mañana. Y después a esperar.

20/4/11

Noreste

Cuando me desperté por primera vez a su lado, parpadeé un par de veces, sentía la lengua pegada al paladar. Se movió un poco, me miró entre las pestañas y sonrió débilmente. Me dio un beso y me pareció que sabía a verano. De nuevo me dejé llevar por la suavidad de su cuerpo, la levedad de sus besos, el respeto de sus caricias. Metí mi mano entre su pelo similar a una nube dorada y me sentí como si aun durmiese. Estar con él no era como caminar, ni como volar... era diferente, era como deslizarse por un río cálido, más y más rápido, hasta caer sobre una red de seguridad.
Me dio un beso, se rió bajito y dijo "good morning".
La segunda vez que me desperté junto a él, pensé que no tenía derecho a tenerlo tanto. Me incorporé y lo miré dormir. Las pestañas doradas bajo el sol de la mañana, el pecho blanco, era hermoso como un cuadro de Botticelli. Me dio pena dejarlo ahí, pero tampoco quería que hubiese un tercer despertar.
Me levanté, me vestí y salí de puntillas con las botas en la mano.

16/4/11

Case

Me voy de viaje esta Semana Santa. Dentro de unas 9h y media sale mi avión. No tengo ganas de ir. Quizás por la compañía, quizás porque sé que tendré que volver. No sé porque, pero este viaje no me ha apetecido en ningún momento. Sí tengo ganas de estar en el avión. Allá arriba, en el aire, con la música por compañera y la alfombra de nubes... Allá arriba no existe nadie. Ni tú mismo.

Tengo la sensación de llevar la maleta vacía.

14/4/11

Espoleando

Hace un par de semanas, estando desbordante de mala leche, estuve hablando con un amigo, depotricando contra todo. Y esto incluyó el libro "¿Quién se ha llevado mi queso?". Supongo que más de uno lo conocerá. Pues bien, para mi, este libro es el equivalente empresarial a los libros de autoayuda que te dan la clave de la felicidad. Un timo, vamos. Porque lo que dice este libro me parece de sentido común y hacerse rico vendiendo esa historieta me parece increíble.
Pues bien, mi amigo me dijo "sí, es cierto, pero el caso es que hay gente que necesita que se lo digan porque no lo sabe".
Gran razonamiento. La verdad es que muchas veces vemos el mundo por nuestro prisma y este es uno de esos casos. Las últimas semanas me han hecho volver a la realidad y darme cuenta de que la gente no tiene porque ver lo que yo veo. Así pues, me voy a convertir en una gurú de la filosofía empresarial y personal. Porque gestionar una vida y un negocio no se diferencia demasiado.

1) No dejes las cosas al azar, HAZ QUE OCURRA. El "make it happen" que reconocerá alguno de los que por aquí se pasan.
2) LUCHA. Conseguir algo bueno nunca es fácil, si no luchas te echan del mercado.
3) Piensa DIFERENTE. Estamos aburridos de las cosas de siempre, queremos cosas nuevas.
4) NO te AUTOLIMITES. Aunque sea un caso extremo, John Nash dijo una vez que la locura no limitaba su pensamiento y que de ahí surgieron sus ideas más brillantes. O más simple: si preguntas a un grupo de personas de 20 años quién sabe cantar y bailar, levantarán la mano 2 o 3. Si preguntas lo mismo a un grupo de niños, todos levantarán la mano.
5) Sé REALISTA. Si no es posible, no te frustres en algo inviable. Quizás no sea el momento, o el modo, no tengas medios para llevarlo a cabo, o quizás tú no eres la persona indicada. No todas las buenas ideas son realizables.

Y por último y quizás lo más importante: SIGUE NADANDO. Es decir, ten actitud positiva y luchadora. Decir "no puedo, se han perdido, no están", no es válido. No vale cruzarse de brazos y clamar "¿quién se ha llevado mi queso? Yo no me muevo de aquí hasta que no me lo devuelvan". No. Sal ahí fuera y búscalo.



Espero que os sirva de algo, seguramente no me haré rica gracias a algo tan evidente, pero si ayuda a alguno de vosotros, me sentiré más que satisfecha.

9/4/11

Murmaider II

El sol caía al final de la primera jornada de viaje. La madera del snekkar crujía con suavidad mientras se deslizaba arriba y abajo sobre las olas. Harald soltó el remo que llevaba horas moviendo y cedió el turno a un compañero. A lo largo de la embarcación se repitió ese mismo movimiento y el snekkar cabeceó mientras los hombres se recolocaban: unos a dormir y otros a remar.
Harald observó el mar tranquilo bajo la luz rosada del sol, se envolvió en su capa y buscó un hueco libre en el suelo donde pasar la noche. Se apretujó entre dos hombres que ya dormían y cerró los ojos.
El mar lo acunaba y le susurraba. Tantos viajes... otro de nuevo... Recordó la despedida de Jora, con el pelo recogido en dos recias trenzas a la puerta de casa. Seca y dura, como siempre. Jamás lloró despidiéndolo, Harald sospechaba que no había llorado más que cuando salió del vientre de su madre. Y eso le gustaba de ella. Su fría Jora.
Le llegó el sonido de un relincho. Abrió los ojos. ¿Un relincho? ¿A tal distancia de la costa? No había islas cerca. Se levantó y miró a sus compañeros bajo la escasa luz solar. Ninguno parecía haberlo oído. Se acercó al vigía y le preguntó si seguían el rumbo previsto. Éste, indignado, contestó que por supuesto. Harald escudriñó la creciente oscuridad, pero no vio nada, ningún contorno. Entonces volvió a oírlo. Miró al vigía. Éste lo miró a él, confuso. Los remeros se miraron entre sí, sin detenerse. Un par de hombres encendieron antorchas.
Harald oyó un ruido extraño, desconocido, que parecía salir del mar. Relatos sobre el kraken saltaron a su mente, Jörmungandr saliendo de su letargo. Pero los apartó de sí. Mucho había viajado y podía reírse de esas historias. El mar empezó a agitarse, el ruido aumentó y antes de que pudiese repetirse que aquello no era nada, el agua explotó, algo enorme surgió de entre ese chorro de agua y aterrizó en medio de los hombres. Fueron unos segundos en que toda la tripulación se puso en pie, se lanzó a por sus armas. Pero apenas unos pocos pudieron alcanzarlas y menos aun defenderse. Aquella forma oscura, negra como la noche, atacó a los hombres, los mordía, los pateaba, los lanzaba al agua. El vigía, aun junto a Harald, alzó su espada y se lanzó contra el monstruo. Harald vio al monstruo, similar a un caballo, abrir las fauces y arrancarle el hombro al vigía. Se obligó a doblegar su terror y luchar, pero entonces vio algo brillar junto a él. Un brazo pálido y mojado rodeaba la cabeza de dragón del snekkar. No era el brazo de uno de sus compañeros, pues era flaco, débil, como de niño. Y detrás de ese brazo surgió del agua la cabeza de una mujer de negros cabellos, que se iba subiendo poco a poco al barco, observando a Harald. Lo que él vio en aquellos ojos nunca sabremos qué fue, pero soltó el arma y se lanzó al mar, ignorando al monstruo, ignorando lo indigno de su acción. Nadó frenéticamente, se quitó las botas y la capa a tirones, tragó agua, huyó sin rumbo. A su espalda quedaban los gritos de sus compañeros. Las olas se tornaron rojizas. Se atrevió a mirar hacia atrás y vio el snekkar en llamas. No había ni rastro del monstruoso caballo, pero la muchacha estaba en pie sobre la baranda de la embarcación. Harald no podía distinguir más que la silueta, pero sintió que ella lo observaba. Siguió braceando, luchando contra las olas. Se agotaba, la oscuridad lo rodeaba, el brillo del fuego había desaparecido. Perdido y exhausto en medio del mar. Pronto moriría de frío. Pero seguió luchando, huyendo de algo desconocido, sintiendo que en cualquier momento sería arrastrado a las profundidades del mar por un monstruo con forma de caballo.

Un brillo blanco surgió frente a él. Se detuvo, las olas lo sacudían. Un pálido rostro enmarcado por una melena negra lo observaba de cerca. Demasiado cerca. Harald pensó por un segundo que al final su muerte no sería del todo indigna. La brutal muchacha sacó una mano del agua y lo agarró del cuello.

El sol le quemaba la cara. Abrió los ojos y vio el cielo azul. Unas mujeres con redes se inclinaban sobre él y lo sacudían. Le hablaban, inquirían su nombre, de dónde venía. Pero él nada dijo. Lo llevaron una población que le dio cobijo y donde se instaló con ayuda de sus nuevos vecinos. Aunque era un pueblo que vivía mayoritariamente del mar y Harald no sabía hacer otra cosa, jamás volvió a meterse en el agua y aprendió a labrar la tierra. Nunca explicó cómo había llegado allí ni cual había sido su vida hasta el día que lo encontraron tirado en la arena de la playa. La verdad es que no volvió a hablar ni mostró el menor deseo de volver a su tierra. Y aunque temía acercarse al mar, se decía que algunos anocheceres se acercaba a la playa y observaba el mar y que, a veces, de entre las olas surgía el rostro de una muchacha pálida de negros cabellos, que hacía señas a Harald para que se metiese en el agua y que entonces él negaba con la cabeza, se daba la vuelta y regresaba a su casa.

8/4/11

Summertime

Hace calor. Y me he dado cuenta de un montón de cosas:
- El calor altera sexualmente a mis compañeros de facultad.
- Aunque me afecte al humor, gente importante a mi alrededor deja de serlo y se vuelve gris. Y está bien.
- He conseguido la plata y me he dejado obnubilar por su brillo. Pero ya no. Quiero el oro. He nacido para la puta medalla de oro y la voy a tener. Da igual cuantas cabezas tenga que pisar en mi camino a la cima. (Podía usar una metáfora más gentil, pero para qué engañarnos)

Y lo más importante y chocante de todo: Me estoy poniendo morena. Más de lo que me bronceé en tres meses en Mallorca. Gracioso, ¿eh?

4/4/11

Un buen sentimiento

No hay nada que siente mejor que ser sincera con la gente que te cae mal cuando estás de mal café:
- Jo, me gustaría tener un par de vestidos bonitos que ponerme. - cara de pena.
- Para eso antes tendrías que adelgazar.
¡Zasca!
Sí, soy una mala persona, pero ¿y lo bien que me he quedado?
Esto es lo que demuestra que la sinceridad está sobrevalorada y la hipocresía tiene una inmerecida mala fama.