13/11/11

Pintura de dedos

Tu cuerpo es como ese momento en que el sol cae en la estepa castellana tras un día caluroso y las sombras se alargan imposiblemente y viene una brisa fresca que juega con el vuelo de mi vestido.
Como descalzarse y meter los pies en la fuente de la plaza principal del pueblo, observando cómo las terrazas se van llenando de gente, cómo las señoras sacan las sillas a la puerta de casa y se ponen a chacharear.
Seco, cálido y acogedor.

O como la última hoguera de la noche de San Juan, recogida de la playa, que reavivo para calentarme un poco, y desconocidos, gatos pardos como yo llenos de cicatrices de peleas callejeras por una raspa de sardina, se acercan a pedir muy educadamente calentarse las manos. Y charlar quedamente.

O como sentarse en un banco del Jardin des Plantes, bajo el sol otoñal, viendo cómo llueven hojas doradas y rojas sobre el lago, escuchando a alguien que toca blues con la ventaja abierta.

Tu espalda es un lienzo que pide tonos ocres y rojos, colores de otoño, como tus ojos.

Yo sé que tu cuerpo es así, sólo que aun no lo he conocido, aun no has aparecido de entre la marea de gente que vive, que respira y me rodea. Sé que estás ahí y sé que algún día te encontraré.

No hay comentarios: