5/11/11

Dándole vueltas

Me encantaría tener un trabajo que consistiese, básicamente, en pensar. Sentarse horas en un cuarto con muchos papeles, lápiz, litros de té y café y otras mentes pensantes. Escribir algo, pasearme, darle vueltas y más vueltas al asunto. Comentarlo con los demás. Tormentas de ideas. Borrarlo todo y volver a empezar.
Y luego, la genialidad. El resultado. Ese tan buscado pero tan agotador que sólo lo dices en alto sin aplausos. O lo rodeas con un círculo, en la pizarra. Y miras a los demás interrogadoramente. Y los demás asienten. Y sonríes con cansancio y duermes, duermes, duermes durante tres días seguidos. Y tras unos días luminosos, otro acertijo, otro problema, otras preguntas.

En realidad es de esas cosas con las que se fantasea. No soy tan genial para ganarme así la vida, aunque tengo mi versión light de eso, que es enfrentarme al blog o a un papel en blanco de vez en cuando. Hace una eternidad que desterré de mi los folios y el portaminas, pero aun recuerdo pasarme horas delante de un papel. Primero viene la avalancha de palabras, las frases que escribes a velocidad de vértigo para no olvidar la que viene detrás. Y luego la revisión. El dar vueltas por la habitación pensando. Esa coma que me tuvo meses dándole vueltas, hasta que decidí ponerla entre paréntesis.
Sé que no es lo mismo, ni mucho menos. Pero me gusta pensar. Me gustan los retos y las adivinanzas. El "un hombre aprieta un botón y muere, averigua cómo, pregunta lo que quieras pero yo sólo respondo sí o no". El "tenemos estas herramientas, ¿qué podemos hacer con ellas?".

1 comentario:

Fernando dijo...

No niego que a mi también me gustaría tal cosa pero, francamente, sería nefasto para la poca salud mental que me queda.