16/10/11

Manual Au Pair V

Vivir en casa ajena

No sé si esto será más un manual o una pataleta, pero intentaré darle un aire de consejo.


Cuando te vas a vivir a casa de otra/s persona/s, tienes que aceptar sus normas. Imagina la cara que se te quedaría si alguien viene a vivir a tu casa y pretende imponer sus normas. No te gustaría mucho, ¿verdad? Pues al resto del mundo tampoco. El caso es que te tienes que adaptar a muchas cosas que no te van a gustar, por ser una familia diferente de la tuya y por ser un país diferente. Cosas como moqueta en el baño al principio parecen una excentricidad (están locos estos galos) hasta que dos días más tarde quieres limpiar. ¡Y la comida! Un mundo aparte, la comida. En todas sus fases: compra, preparación y producto final. Yo no sé si es en esta casa o si es así en toda Francia, pero aquí no le echan sal a la comida cuando la preparan. La carne, el pescado, el arroz... le echan sal (y pimienta, por supuesto) cuando lo tienen en el plato. Y aun así le echan menos sal que los españoles a la comida, así que cuando cocino yo (que ya de habitual me quedo justa) echo menos sal. Es que se me hace extrañísimo cocinar sin sal. También está el uso de ajo y cebolla. ¿Concebís una casa sin ajo y cebolla? Yo no... hasta que vine aquí. El otro día estaba haciéndome la comida y Diane me dijo "cada vez que dejo cocinar, te veo echando cebolla". Pues mire, señora, es que la comida con cebolla está muy rica. Y con ajo. Un día de estos me voy a hacer un sofrito de ajos y pimentón, sólo para mi, y me lo voy a comer con pan, ya vereis. Y comen muy poca carne. Cuando vuelva a casa por navidad, me voy a hinchar a comer carne. Voy a ir al Gaucho Díaz II (una parrillada donde se come que da gusto) y me voy a poner hasta las patas.

Quizás es porque yo soy así, pero donde más "choco" con la familia, es en la cocina. ¡Meten las sartenes en el lavavajillas! Y les da igual que les diga que así luego pegan, ni caso me han hecho. Y no tienen varillas (al final me compré las primeras que vi y aunque son bastante malas, ¡menuda diferencia respecto a mezclar con el tenedor!). Y en vez de aceite de oliva, utilizan una mezcla de cuatro aceites vegetales (colza, girasol y no sé qué más). Suerte que he caído en una familia civilizada que al menos usa aceite, no como otras casas (normalmente bretonas) donde cocinan con mantequilla (imaginad huevos fritos en mantequilla). Y los cuchillos. Sólo hay DOS cuchillos cuyo filo no sea de sierra.

Además vivo en una casa en obras. Desde que he llegado, sólo he descansado de los martillazos los findes y una semanita que se cogieron de vacaciones los obreros. Eso se traduce en polvo (aun así, mi madre en la misma situación tendría la casa brillante), herramientas en el pasillo, gente que sube y baja las escaleras, ruido, cambios de habitación por uno o dos días... Y claro, cajas por todas partes. Viendo tantas cajas, me pregunto cómo es posible que antes viviesen en un piso de tamaño medio. He vivido un montón de veces la situación siguiente:
- ¿Teneis... (normalmente un utensilio de cocina)?
- Sí, pero tengo que buscarlo, está en alguna caja.
Que por cierto, ahora está en proceso de búsqueda el recipiente para paté, a ver si aparece. ¿Alguien tiene una receta de paté fiable?

En fin, que vivir en casa de otra persona tiene muchas cosas malas, pero si ambas partes son razonables y eres una persona flexible y de rápida adaptación, lo superarás. Aunque no dejarás de echar de menos la comida de tu madre.

3 comentarios:

bárbara dijo...

Jajaja.Ma mère était française, et j'ai hérité leurs habitudes culinaires.

Te paso una receta de paté de campaña(pâté de campagne), también heredada. Siento la longitud y espero que te salga bién. Cualquier duda, aquí estoy.


PÂTÉ DE CAMPAGNE

250 gr de magro de cerdo
250 gr de panceta ahumada
200 gr de panceta normal (partida finita)
1 conejo deshuesado
300 gr de higaditos de pollo(son más finos que de cerdo o cordero)
100 gr de tocino de cerdo
30 gr de mantequilla
2 dientes de ajo
Sal y pimienta al gusto, más unas cuantas bolitas de pimienta negra
100 ml de cognac (si no hay a mano, se puede cambiar por jerez y en último caso por vino blanco peleón)
Unas cucharadas de harina

Picar finito, pero notando los pedacitos, el conejo, el cerdo, la panceta ahumada y el tocino. Añadirle los ajos muy picaditos, la sal, la pimienta en sus dos versiones y regarlo todo con el brandy. Rehogar los higaditos con la mantequilla, picarlos del mismo tamaño y añadir al conjunto. Dejar macerando no menos de tres horas.
Quitar el borde duro de las lonchas de panceta, alisarlas y forrar con ellas un molde para hacer patés (el ideal es de porcelana con tapa, tipo Le Creuset, pero también sirve uno alargado o redondo, un poco profundo, incluso sin tapa, porque se puede sellar con papel aluminio y el engrudo), colocándolas en sentido trasversal, para que cuelguen por fuera, sin descuidar de forrar el fondo.
Colocar toda la preparación anterior en el molde, recubriéndolo con los faldones de la panceta. Poner la tapa (o el papel aluminio). Hacer un engrudo espeso con harina y agua, sellando el borde.
Hornear al baño maría a 180ºC durante dos horas (horno precalentado, por supuesto).
Trascurrido el tiempo sacar y dejar enfriar. Romper el sello y destapar, ponerle encima un peso de 1 Kg, a efectos de prensarlo y que se compacte, colocándolo encima de una bandeja porque va a drenar(sin sacarlo del molde). Después hay que dejarlo reposar al menos dos días para probarlo.
Mi madre solía hacerlo en frascos de cristal y los guardaba con los sellos puestos, de manera que quedaban menos prensados pero mucho más gelatinosos y ricos

Ladherna dijo...

No te disculpes por la longitud de la receta, así queda bien claro :D
¡Me animaré a probarla cuando vuelva de las vacaciones de Toussaint! ¡Muchas gracias!

Has heredado las costumbres culinarias francesas... ¿no cocinarás con mantequilla?

bárbara dijo...

Nooooooo!!!Me gusta tanto el aceite de oliva, que no puedo resistirme a terminar una comida sin comer pan mojado en aceite.
Además, la mantequilla enmascara el sabor de los alimentos, aunque para engrosar las salsas, a veces, es muy socorrida.
De lo de la manteca, mejor ni hablar; aunque recuerdo que mi madre preparaba unos picatostes de levantar la boina, que con chocolate caliente eran la muerte.

Sin embargo, lo de mezclar el ajo y la cabolla siempre lo he llevado muy mal.
Me he reído mucho con tu entrada, porque es un perfecto ejercicio de observación.