28/7/11

Vino

Cuando en el extranjero dices "España", lo primero en lo que piensa la mayoría es, por este orden: fiesta, toros, vino, sevillanas. Y bueno, yo creo que no van muy desencaminados, es lo que siempre hemos proyectado fuera, así que nuestra publicidad ha hecho efecto (demasiado). El caso es que cuando me vine a Francia, traía en la maleta una botella de vino (blanco, Rías Baixas) porque no sé, me parecía lógico: vosotros me acogeis en vuestra casa, yo os llevo algo bueno de mi tierra.
En esta casa no se bebe vino más que cuando vienen invitados y, supongo, en ocasiones especiales. Así que mi botella esperó pacientemente a los primeros invitados que se dejaron caer por aquí. Y además acompañó a un plato muy gallego: pescado (hecho by me, así que lo principal de la mesa era obra mía). En fin, un éxito. "Muy bueno tu vino, deliciosa merluza, etc. etc." Momento gracioso cuando la hija de los invitados (13 años), primer año de estudio de español, coge la botella, mira la etiqueta y dice que lo entiende casi todo. Pues ya me dirás qué, si es una cantiga en gallego-portugués.
En fin, yo me tomé la copita de rigor, aunque no me gusta nada acompañar la comida de alcohol. Eso de que realza el sabor de algunos alimentos... No lo dudo, pero prefiero el sabor de la comida tal y como es.

La siguiente vez que hubo invitados, Arnaud (padre de la familia en la que trabajo, anfitrión) me puso una copa delante y cuando le dije que no bebía, respondió que tenía que probar SU vino. Acepté, claro. (Conste que las siguientes opiniones son de alguien que no es una experta, no distingue Burdeos de Borgoña y a título personal prefiere el blanco peleón, pero algo sabe)
Primero: buen corcho.
Segundo: ¿son imaginaciones mías o tiene poso? Debería haberlo escanciado.
Tercero: olor de tinto fuertecillo, pero nada indica que vaya a ser malo.
Cuarto: traguito. Pensamientos siguientes: bueno, no está m... ¿pero qué? ¡Ay señor! ¡Sabe a corcho!
Sí, a corcho. Burdeos del 2007. ¿Es normal que sepa así? Vuelvo a probarlo. Confirmo que sabe a corcho. Me bebo la copa por educación, lo siento por la comida, todo tiene un halo a corcho en mi paladar.
Por fin acaba la comida y sacan los quesos. Entonces descubro, con sorpresa y por primera vez, que el regustillo del vino casa bien con el queso, mire usted lo que he descubierto.
Así pues, ayer, con visita (otra vez) me dejé un poco de vino para los quesos. Un Burdeos del 2009. Que esta vez, no sabía a corcho, buen vino.

Resumo mis impresiones del vino Burdeos:
Es bueno, más suave que el Rioja, la relación calidad-precio es disparatada, como todos los vinos, hay que cuidarlo y, por último, esta gente no nos va a enseñar nada que no sepamos. Descontando mi descubrimiento del matrimonio queso-vino. Otro día tengo que hablar del queso, me he enamorado. Hasta los más hondo del estómago.

2 comentarios:

Fernando dijo...

En Bretaña pasaba más o menos lo mismo con el vino. Por estos lares estamos acostumbrados a beber vino con la comida a diario, y allí, sidra (muy rica y, como todas, capaz de cabalgar tu cerebro en un abrir y cerrar de ojos), el vino para los invitados :).

Ladherna dijo...

Yo estoy acostumbrada a que en mi casa apenas se beba vino, así que eso no me sorprendió. Lo sorprendente es que aquí, cuando hay invitados, ¡sólo se beben una botella! ¡En serio!