2/7/11

Reflexiones4

No hay nada que manche en este mundo más que los niños pequeños. Los adultos podemos hacer las cosas por la vía fácil o la difícil, los niños, por la vía limpia o por la sucia. No sé porque siempre eligen esta última. Y una vez están bien pringados, vienen a mancharte a ti, a lo traicionero. Da igual que los hayas limpiado, que hayas vigilado cada uno de sus movimientos... pronto descubrirás una mancha de chocolate con la forma de una manita en tu jersey.

Los niños son agotadores. Cuando los ves jugando tranquilitos, decides que es el momento de ir a hacer otras cosas (recoger los platos, lavarte los dientes...). Y justo cuando empiezas, uno llora o viene a algo o lo que sea. Así que lo que te llevaría 5 minutos se espacia en el tiempo y te lleva mil años. Al menos, de subir y bajar escaleras para atender a los críos, se me van a poner unas piernas jamonas.

Los hombres tienen miedo de las mujeres jóvenes con hijos. Un chico te mira en el bus, va bajando la vista escaneándote y entonces ¡pánico! ¡¡¡UN NIÑO PEQUEÑO!!! Se cuidan mucho de no volver a mirar, como si mirando fuesen a adquirir la paternidad del crío, o algo.

No hay comentarios: