17/7/11

Asociación de ideas

Es la noche del 14 de Julio, aniversario de la revolución y fiesta nacional. Salgo de casa para ver los fuegos artificiales. Mi barrio, normalmente tranquilo, está lleno de gente. Su situación en lo alto de una colina permite una vista privilegiada. Me dirijo, como todos los demás, al Museo de Jules Verne, que está "al borde" de la colina.
Empiezan los fuegos artificiales y recuerdo la última vez que vi unos. Era San Juan, estaba con una amiga, en vez de sola, e intentábamos encender una hoguera que no era nuestra.
Los fuegos son impresionantes, los más espectaculares que he visto en mi vida. Un niño a hombros de su padre se sobresalta con los petardazos más fuertes. Cuando los fuegos se detienen unos segundos, nos llega la música que atruena al lado del río. Casi al final, suena esta canción. Se me escapa una risita acordándome de Lanselor cantando eso mismo en un cumpleaños. Parece que haya pasado un millón de años.
De regreso a casa oigo las conversaciones de quienes hacen lo mismo que yo. Estoy tan acostumbrada, que no me doy cuenta de que alguien lleva un rato repitiendo algo en castellano: estúpido. Miro al chaval en cuestión. Se calla, se ríe. Repite "estúpido". Pues mira con qué fue a salir el gabacho listillo.
Al día siguiente cojo el bus y tico el billete en la máquina del bus. Me recuerda a los tres días en Bratislava, mi hermana, su residencia, erasmus, gente.
A la vuelta, espero el autobús escuchando música. Tarareo a los Red Hot Chili Peppers y después pienso que es hora de hacer limpieza en el mp3.
De noche veo un capítulo de The Cleveland Show. Me sabe arenoso, seco. Al verlo sola, después de la primera temporada contigo, ha perdido la gracia.

Gajes del oficio.

1 comentario:

Tatá dijo...

vaya vaya, asique recuerdos eh? el otro dia en la tele, en una serie, salia un grupo de amigos comiendo pizza, me acorde de cuando bajabamos al palmira (cerveceria near to the resi) a cenar y tuve ganas de llorar, i miss my erasmus family! te comprendo