29/1/11

Cuento VI

Y yo aquí, sentada al final de la barra. Y tú allá, a tiro de posavasos de mi. Ambos borrachos como cubas. Y me fijé en ti porque sólo mirabas al vaso, coleccionando cercos de copas frías. Llamo al camarero:
- Dile a ese caballero que me invite a una copa.
Allá va el camarero, te da mi mensaje. Lo miras, te giras hacia mi con la mirada turbia. Me tambaleo hacia ti.
- Realmente creo que deberías invitarme a esa copa. - Digo.
- ¿Y por qué iba a hacerlo?
- Para no emborracharte solo.
El camarero espera. Asientes con la cabeza. Y dos nuevas copas aparecen delante de nosotros. Otro cerco más.
- ¿Por qué no estás en casa? - la lengua te patina.
- Espero a una cita. - Tiro el móvil sobre la barra - Espero a que me llame.
Me miras de arriba abajo. Te vuelves hacia tu copa.
- Si aun no te llamó, no va a hacerlo.
Me enfado. Te golpeo en el hombro y te digo que qué sabrás tú. Espero a un caballero y los caballeros si dicen que van a llamar, lo hacen. Te encoges de hombros.
- Si fuese un caballero, no te haría esperar hasta que estuvieses borracha.
Tienes razón. Asiento despacio. Y confieso:
- En realidad no es un caballero. Es un perfecto canalla. - Digo resaltando cada palabra con un golpe del dedo en tu brazo. - Todos son siempre unos canallas.

Suena la música, las risas, bailan las parejas, vasos vienen y van. Las noches como esta pasan despacio.


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