31/8/10

Estoy cansada, aburrida, tengo unas ojeras que me llegan a los tobillos, hoy no estoy para soportar las mismas gilipolleces otra vez. "Que si todo el mundo es horrible, que todo es una mierda... uy, pero tú no, ¿eh?" Ya, ¿y qué más? O dejamos las exageraciones, o me metes en el mismo saco, porque paso de aguantarlo. Si me metes en el mismo saco puedo mandarte al carajo y no escucharte más, pero si me dejas aparte, me "obligas" a hacerlo. Manda huevos. Con lo bien que estaría yo solita, tomándome una taza de té y leyendo un libro, sin gilipollas rondándome la cabeza.
O soy normal, o soy mala, pero no una santa, ¡coño! Que mi paciencia tiene un límite.
Y con esto y un bizcocho me voy a la cama.

21/8/10

Planes de maleta parlante

Quiero irme a Inglaterra. Quiero aprovechar esa oportunidad, quiero volver a recorrer Bath, escuchar un concierto de órgano en la abadía, tomarme una cerveza al sol en Oxford, o un té en una cafetería diminuta, tumbarme al sol en Hyde Park, correr bajo la lluvia al salir del metro londinense.

Quiero... vivir, volar, respirar hondo y decirme "vamos allá". Quiero volver a sentir la increíblemente deliciosa felicidad que sentí al caminar hacia la puerta de embarque, dirigiéndome a un lugar desconocido, sin saber qué encontraría, hacerlo sin mirar atrás (aunque luego me lo reprochasen), sintiendo cómo me crecían en la espalda unas alas invisibles.

Creo que ya he decidido sobre qué hacer el próximo año, optar a esas prácticas e irme. Volar a la campiña inglesa, a trabajar, a ganar mi propio dinero, aunque sea una miseria (son prácticas), volar a la paz que sentí sentada entre las raíces de aquel magnífico árbol que presidía el mejor cementerio en el que reposar. Sí, quiero hacerlo, ya no hay dudas al respecto. Ocho meses en el extranjero. En el país con el que desde mi adolescencia sueño con vivir, al menos temporalmente.
¿Y si al final se cumple mi sueño y me admiten? Toquemos madera, rasquemos un estay, demos tres vueltas y digamos "que los dioses y los santos nos protejan" (fórmulas inglesas infalibles para la buena suerte)

10/8/10

Enfermedad

Él está enfermo, sufre. Yo estoy a su lado, tumbada en la cama, observándolo. Veo los latidos de su corazón en el cuello. Demasiado rápidos, por la fiebre. A ratos la respiración se vuelve fuerte y agitada, cada vez que llega un ramalazo de dolor. Y yo me siento impotente, tan cerca y tan lejos, porque no puedo hacer nada. Quien fuera microscópica para entrar en su cuerpo y matar a esos malditos virus. Pero no lo soy. Así que me limito a seguir a su lado, cogiéndole de la mano y desgranando lo minutos, sintiéndome culpable si no estoy a su lado y sintiéndome aun peor si lo estoy, porque veo que no mejora. A veces se levanta a vomitar. No sé lo qué, si lo poco que comió ya lo echó hace horas. Antes cuando volvía le preguntaba si se sentía mejor. Ahora ya no digo nada, porque sé que la respuesta será negativa. A veces él me pregunta si estoy bien. Que ironía, el enfermo preguntando a la enfermera. Contesto que sí, aunque me duela la cabeza horrores y tenga un festival de cohetes en el estómago. Espero poder coger un Neobrufen sin que se de cuenta, o empezará a preocuparse y lo pasará peor aun.
Maldita sea.