20/10/10

Súcubo

La punta de mis dedos, mis labios, mi piel, mis armas. Mi lengua, mi voz, mis ojos, mi handicap. Mi saliva es venenosa y tú caíste. Ese primer beso fue mala idea, sabías que no soy buena chica. Y luego quisiste más. No te culpo por ello, la carne que circunda mis huesos está pensada para eso, para que querais más. Y yo no pensaba decirte que no.

Me gustaste tú, me gustó tu cama. Me gustó vencerte y dejarme vencer. Me gustó cómo me quitaste la ropa.
- ¿Qué haces?
- Nada...
- Ah, por un momento me pareció que me estabas desnudando.

Me cautivaron tus caricias, tu forma avariciosa de besarme, de abrazarme, de recorrerme con los labios, de susurrar mi nombre. De darme placer.
Me sentí plena al tenerte bajo mi, medio desnudo, haciéndote temblar de deleite, gimiendo y respirando entrecortadamente.
Me encumbraron todas y cada una de las palabras que dijiste en voz baja, confidente; me hizo feliz que te pusieses sobre mi, que me dieses lo que quería, que me llamases vida mía. Aunque no lo sea en absoluto. Más bien tu perdición. Lo que pasa es que los cuernos y las alas son retráctiles. Y claro, luego hay confusiones.

Me gustó mucho, sobre todo tu sonrisa, me encantan los hombres que se ríen en la cama.
Que pena que ya no vayamos a reírnos más juntos.
De toute façon, ça m'a fait plaisir.

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