26/10/09

The game



Él y ella, los dos, algo normal, aceptado por todos, bonito si alguien se paraba a mirarlo. Pero caótico, fluctuante; agradable y hermoso en un segundo, terrible en el siguiente. Una montaña rusa, una hoja llevada por el viento, rápidamente subía o caía, alcanzando las nubes o estrellándose contra el suelo.

¿Por qué? ¿Por qué juegas conmigo?, preguntaba ella. Él reía, "no juego contigo, ¿de qué hablas?"; entonces ella callaba y miraba al suelo. A veces tenía la sensación de caminar por un campo minado, unos días no pasaba nada y otros todo saltaba por los aires allá donde pisase. No conocía las reglas del juego, él no se las explicaba. Y cada vez que perdía, cada vez que pisaba en el lugar equivocado, él se enfadaba, le gritaba, siempre sin motivo y ella sufría, y se decía a sí misma que no tenía porqué soportar eso, que él era un imbécil, que la dejase en paz y se fuese, que si le hacía eso era porque no la apreciaba, y si no la apreciaba, ¿qué hacía a su lado? Otras veces sólo quedaba la tristeza, la amargura, y su mirada paseaba largas horas por el suelo, por las esquinas, intentando esconderse.

Una vez quiso darle de su propia medicina, inventar su propio juego y que él supiese lo que eran los gritos, los enfados sin sentido, cuánto dolían. Pero él le gritó más todavía y se enfadó aun más, y no daba su brazo a torcer, sólo servía para que ella sufriese el doble. Las lágrimas resbalaban calientes por su cara mientras pensaba que no entendía nada, que no tenía sentido, que ella daba siempre y él nunca, que jamás se esforzó por ella, que no existía la reciprocidad.

Eliminó su juego, pero siguió jugando al de él, porque cuando no perdía, cuando nada estallaba, él sonreía. Y su sonrisa valía todo el oro del mundo, pero cuando perdió esta partida... ¿valía realmente algo una sonrisa frente a tantos gritos?
"No."

1 comentario:

Altheniar dijo...

La verdad es que no se yo si quedaría mejor sin el No del final.