29/5/09

Cuento II

Esta noche eres mío. Esta noche no existe nada, no existe el trabajo, no exiten las obligaciones, los llantos ni los gritos. No existen las risas ni los bailes. Sólo existe una desesperada necesidad de ti, de comerme toda tu piel, de desgarrarme el pecho para sacar lo que sea que tengo dentro y que no deja de aumentar como un cáncer. De sudar esta enfermedad, de beber tu saliva que es a un tiempo veneno y antídoto.
Clavo mis ojos en los tuyos, no parpadeo, no lo necesito, todo lo que ansío y mi cuerpo pide a gritos eres tú, a metro y medio de distancia, aunque parezca un centímetro, puedo sentir tu calor entre el de todos los que nos rodean, veo en tu mirada que quieres lo mismo que yo, pero mi deseo es arrollador, esta vez te va a llevar por delante. Mi ansiedad, como las aguas agitadas del mar, se cerrará a tu alrededor y no te dejará ir. No me conformaré con nada que no dure horas y me deje al límite de la resistencia.

Hace calor, el aire está viciado por los cuerpos moviéndose, saltando, cantando, charlando. Fingiendo que mi única y casta intención es llegar a la barra, paso a tu lado y salta la electricidad entre nosotros, mi mano acaricia rápidamente el bulto de tus jeans. Gimo suavemente por la agradable sorpresa. Tu cuerpo nunca me decepciona. Tú das un leve respingo, pero todo ha sido demasiado breve para que entre la confusión alguien notase lo que pasó.
Me hago con una copa. ¿De qué? No lo tengo nada claro. Me giro de vuelta y te abrazo por la espalda, aprieto mi cuerpo al tuyo mientras te muerdo la curva del cuello. De nuevo el mordisco ha sido demasiado rápido y nadie se fija, aunque sí ven mi abrazo. Nada raro, nada fuera de lugar, tengo todo el derecho del mundo a hacerlo.
Me aparto, me retiro unos pasos hacia atrás mientras te giras hacia mi. Te tiendo mi copa, la coges acariciándome la mano y una descarga me recorre al recordar esos dedos en otra parte de mi anatomía. Jadeo. Empiezo a perder la cabeza. Mientras bebes lucho contra el deseo de arrancarte la camiseta. Me acerco a ti, tu mano se posa en mi cadera, explorando lo que hay bajo la cinturilla de mi falda con un dedo.
- Desaparece conmigo. - te susurro al oído.
Pareces reticente, pero cedes cuando encajo mi rodilla entre tus piernas y la subo lentamente para darte una idea exacta de dónde tengo la cabeza. Asientes. Te explico rápidamente el plan, asientes de nuevo.

Me voy, respiro el aire puro fuera de tu presencia venenosa. Pronto te reunirás conmigo y acabará esta agonía. No hay nada que desee más. Ahora eres todo, lo único que hay, nos une una línea recta y todo lo que esté en medio será apartado o destrozado con rapidez...


Odio esperar...

2 comentarios:

Giménez de Tesada dijo...

Dios mio, cuanta lascivia Ladherna!! me estremezco solo de pensarlo... jajaja
eso de "deseo comer tu piel" suena muy a amor de zombie..xD
nos vemos pronto, espero! suerte en tus examenes!

Lanselor dijo...

"No me conformaré con nada que no dure horas y me deje al límite de la resistencia"

bonita metafora sesua.