23/3/09

Cuento de Navidad

Estoy tumbada en tu cama, de lado, con los ojos fijos en la pared. Con una mano mantengo la sábana tapando mi desnudez. Te oigo en el baño, creo que te estás peinando. Tarareas algo entre dientes. Yo no encuentro fuerzas ni ganas para levantarme. Siempre me dejas vacía, siempre queda un abismo insalvable entre ambos, y no sé si te das cuenta, pero al menos no lo parece.
Por un segundo se me ocurre preguntarte cómo es posible que no tengamos nada que decirnos, que no nos conozcamos de nada, pero permanezco en silencio y sonrío, desgraciada, mientras se me humedecen los ojos.
Interrumpes el rectángulo de luz que cae sobre el suelo al apoyarte en el marco de la puerta del baño. Me dices algo con una sonrisa. Te contesto sin darme cuenta de qué pronuncio. Vuelves adentro, bien vestido y dejando un olorcillo a perfume.
No sé qué demonios hago aquí. Cada vez espero que algo sea diferente, que por una vez no te levantes de la cama y te quedes abrazándome. Y cada vez me repito que fui una ilusa por esperar que algo cambiase.
Aparto las sábanas y pongo los pies en el suelo frío. Me visto maquinalmente, buscando la ropa diseminada por la habitación. Tú sigues ahí dentro, sigues con tu cancioncilla. Tu cuarto parece ahora el lugar más desolado y frío del mundo. Fuera empieza a nevar. Veo unas lucecitas de colores parpadear y recuerdo que mañana es Navidad y que en mi bolso tengo un regalo para ti. ¡Cuan absurdo!
Me recojo el pelo frente al espejo y, sin prisa, me maquillo un poco. Miro a mi alrededor por si olvido algo. Como una polilla atraída por la luz, mis ojos buscan tu espalda. Estás poniéndote la corbata. Pienso en darte tu regalo, ya ni siquiera recuerdo qué compré.
Me pongo el abrigo y camino hacia la puerta. Los tacones resuenan contra el parquet. El pomo de la puerta está frío y se cuelan unos copos de nieve antes de que pueda cerrarla tras mi espalda.
Por las calles caminan parejas bien juntas, mezclando el vaho que sale de sus bocas. Yo camino sola a casa. Ni siquiera sé si me importa. Dicen que no está bien que lo único que haya sea el sexo. No lo creía posible antes de conocerte, pero así es. Ni un sólo pensamiento, ni un sólo sentimiento hacia ti después de estar juntos. No hay nada.

Adiós para siempre, querido, y feliz Navidad.

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