12/3/09

Anécdotas de instituto (o Zoo para adolescentes) I

Esta entrada se debe a que en los últimos meses he visto un par de veces al mayor hijo de puta desequilibrado que pasó por mi instituto. Como hacía años que le había perdido la pista, verlo me trajo recuerdos, primero de la época en que lo tenía detrás en clase y después los años posteriores a su expulsión.

Para comenzar, una breve introducción:
La estructura de la sociedad en un colegio es similar a la de una teocracia. Algo así como:
Papa
Iglesia (con su jerarquía interna)
Fieles
Herejes
Siendo el Papa la mayor golfa deseada en el momento (su reinado suele durar aproximadamente un curso escolar), la Iglesia son sus "amigas" y tíos guays que la desean y tienen posibilidad de acercarse a ella, los fieles son los lameculos que temen recibir sus iras y finalmente, los herejes, los pringados, torturados por la Iglesia.

Pues bien, tras un par de cambios en la estructura teócrata, nos situamos en primero de la ESO (tómese consciencia de que teníamos 12 años), me encontré de golpe y porrazo con que podía ascender de mi puesto de hereje (había rechazado ser una lameculos mucho antes) a algo así como obispo. Una amiga había hecho migas en verano con la que ese curso sería Papisa. Uf. Todo un cambio para mi... Y lo tiré a la basura.
Tuve mucho tiempo para escuchar y observar, manteniéndome al margen siempre. Aquello no era más que una casa de putas. Además de ser todas una golfas (ganabas puntos en función del número de mamadas que hubieses hecho), en cuanto una se daba la vuelta, las demás la ponían a parir. Pero además estaba hecho de un modo tan cutre, que usurpar el puesto de otra era bastante sencillo. Sólo que ninguna tenía la inteligencia necesaria para ello, claro xD
Teniendo esto ante mi, viendo que cuanto más arriba en la jerarquía estabas, menos orgullo tenías que tener, alcé la barbilla y mandé a la señora Papisa a la mierda. Literalmente.
Claro, me cogieron un pelín de ojeriza... Pero cuando te has ganado el respeto de tus compañeros en primaria a base de hostias, tienes tu propio rinconcito de paz en el estrato hereje.

Llegamos a 2º de la ESO (13-14 años). Y aquí comenzó la verdadera historia. La batalla por la supervivencia. El individuo al que mencioné al principio (lo llamaremos Pepe) era un repetidor, y lo metieron en mi clase. Como era altamente molesto, lo pusieron al final de la clase, justo detrás de mi. Cojonudo. No sólo era una pringada, sino que además tenía que soportar a un popular, loco y violento a 30 cm de mi espalda.
Dios, ¿qué contaros? Era un infierno. Como tener a una puta mosca cojonera rondándome todo el tiempo. Primero fueron los puñetazos en el hombro. Nada doloroso, pero sí molesto cuando van con una frecuencia alta. Cuando se dio cuenta de que no me iba a echar a llorar (a veces se las devolvía), descubrió la tira de mis (recientes) sujetadores. Estabas escuchando tranquilamente al profesor, cuando ¡plas! tirón. Ampliamente tocapelotas.
Y luego estaba el run-run de "me gustas, sal conmigo, estás muy buena, blablabla". Perorata que era especialmente tediosa en el laboratorio de química, donde compartíamos mesa (no contentos con enchufármelo en las demás clases...). Un día, hasta las narices de oír sus subnormalidades, en la inocencia de mis 13 años, le solté lo siguiente:
- Vale, te doy mi número y cuando quieras, me llamas y quedamos para hacerte una mamada.
(Cara de "estoy flipando en colores")
- ¿En serio?
- Que sí, hombre, anda, apunta: 981...
Lo anotó en el libro, hizo un comentario como "que guarra" y no me dio la brasa nunca más xD
Por supuesto, se enteró todo el mundo, y la Papisa en persona vino a preguntarme si era mi número real. Lo era. No llamó.

Aparte de esto, el amigo Pepe tenía cruzada a una amiga mía. ¿Dicen que el bulling es cosa de hace dos años? Yo vi a este chaval darle auténticas palizas a mi amiga. O bueno, principios de palizas, porque me metí siempre en medio, y siempre paró. Era un cabrón sádico con hiperactividad, déficit de atención y exceso de testosterona. Pero le cogí cariño. De echo, fue el primer tío que me metió mano. Sin permiso por mi parte, entiéndase, yo era muy decente. Estaba tan tranquila y de pronto notaba una mano sobre mis recién estrenados pechos. Me sentía morir de vergüenza mientras le daba un manotazo y él reía.

Aparte de eso, cerca de las últimas semanas de clase, conseguí que expulsasen una semana al colega Pepe, a la Papisa (yeah!) y a sus más allegados súbditos (entre ellos, la que fuera Papisa hasta 6º de primaria). Huelga decir que varios de ellos no volvieron el curso siguiente y que no hubo represalias aunque sabían que era culpa mía.

Sigo otro día con el capítulo de mi amiga "la gran C"

1 comentario:

Nirei dijo...

Te debo un concierto de violín en un sitio público. Ya lo reclamarás cuando lo quieras.

¡Un beso!