19/2/09

Fruta prohibida

Es suave. Como una fruta que aun no conozco. Tengo la sensación de que si la muerdo se romperá, madura. Por eso decido no hacerlo. Pero su olor dulce y amargo al mismo tiempo, un olor tan antiguo como el mundo, me obliga a acercarme a esa fruta prohibida. Rosa pálido, como una flor, parece estar hecha para mis manos, para mis labios. Intento una vez más rechazarla. Pero se me va la cabeza, mi fuerza de voluntad desaparece y con un hambre profunda, acerco mis dientes a esa piel que, sorprendentemente, no cede.
Y entonces mi hambre se hace más dolorosa, se enraiza en medio de mis costillas y ahí se queda sin que pueda hacer nada por saciarla.
¿Por qué tiene veneno? ¿Cómo pude no verlo? Una fruta envenenada, era evidente, y ahora su ponzoña se desplaza caliente por mis venas, haciendo que me arda la piel, que se me embote la mente. Me mareo, me siento tan enferma... Me caigo, pero me río, aun aferrada a mi fruta prohibida. Estoy en un mundo de alucinaciones, donde mi campo visual es reducido pero muy nítido.
Sigo hambrienta y no puedo hacer nada por remediarlo.
Culpa mía por perder los estribos.
Culpa tuya por ser tan delicioso.

...kiss me again, feed me

2 comentarios:

Antoine De la Potterie dijo...

El problema de la fruta es que, en ayunas, da más hambre

Pablo Rodríguez y Giménez de Tesada dijo...

jajaja
¿ y pan con nocilla?