28/2/09

Cuentos VP: Caperucita Roja

¡Sí, ya tenía ganas de contaros otro cuento! Y con la excusa de que me disfracé de Caperucita, ¿qué menos? No es lo mejor que podría haber salido, pero con tan poco tiempo...

Érase una vez una niña tan linda, tan linda, que en cuanto se la veía, se la quería (ooooh) pero quien más la quería en el mundo era su abuela, que como era pobre y no tenía nada mejor que darle, le hizo una caperuza roja, que la niña siempre llevaba apesar de las risas a sus espaldas de "hola, soy tu monstruación."
Un día, su mamá le dijo a Caperucita:
- Hija mía, tu abuelita está enferma, así que llévale esta botella de orujo y este bizcocho para que reponga fuerzas (ya puede ser dura la vieja). No hables con desconocidos y no te apartes del camino.
Y allá se marchó la niña. Cuando llevaba un rato caminando por el bosque (nunca comprenderemos porque la vieja vivía en medio del monte) le salió al paso el señor Lobo, que tenía una cita con el Zorro y no sabía si llegaba tarde.
- Disculpa jovencita, ¿podrías decirme qué hora es?
Rápida como un rayo, Caperucita sacó un spray de pimienta de la manga y roció los ojos del lobo con él.
- ¡AHH! ¡Maldita niña! ¿Pero yo qué te he hecho? - gritó el Lobo cegado.
- Mi mamá me dijo que no hablase con extraños. - contestó ella toda arisca. - Además no eres más que un degenerado, como todos los hombres, así que seguro que querías aprovecharte de mi.
Y tan ancha, siguió su camino. El pobre lobo, jodido a más no poder, se sentó en una piedra llorando con la esperanza de que se le pasase pronto el escozor.
Al rato volvió a oír la odiosa voz de esa odiosa niñata.
- ¿Podrías decirme cual es el desvío hacia la casa de mi abuela?
- Déjame en paz, niña del demonio, ¿por qué no lees los carteles?
- Yo sólo sé leer en el idioma de la paridad, esos carteles están mal escritos.
Y el Lobo, que podía ser muchas cosas, pero no gilipollas, le indicó el camino más largo para llegar a su destino y entonces se dijo que ya puestos, la Abuelita era la persona más cercana a quien pedir ayuda y que tal vez tendría colirios, así que corrió a su casa.
Cuando llegó y llamó a la puerta, una vocecilla le dijo desde dentro que la puerta estaba abierta. Entró, pues.
- Buenos días, señora, sólo quería saber si tiene usted...
Fue interrumpido por los alaridos de la anciana.
- ¡VIOLADOR! ¡LADRÓN! ¡A MI LA GUARDIA CIVIL!
- Que no señora, yo sólo quiero colirios.
Pero ella no escuchaba, tosía y se agarraba el pecho. El Lobo se acercó a ella en un intento de ayudarla. De pronto la anciana se quedó como una marioneta a la que le cortan los hilos y se desplomó sobre las almohadas. Muerta de un ataque al corazón.
En ese momento, Caperucita entró por la puerta.
- ¡Hola abuelita, te traigo... AHHH!!! ¿¡Qué le has hecho a mi abuelita!?
- Ha fallecido...
- ¡A MI! ¡ASESINO, ASESINO! ¡PEDERASTA VIOLADOR!
Harto de tanta tontería, el Lobo se la comió de un bocado.
Un rato más tarde, estaba nuestro querido protagonista sacándose tela roja de entre los dientes, cuando llegó el guardabosques, que había oído los alaridos de Caperucita Roja.
- ¿Qué eran todos esos gritos?
- Me comí a Caperucita, ¿algún problema?
- No, ninguno. - contestó él encogiéndose de hombros - Hace unos meses la muy zorra me puso una denuncia de acoso sexual sólo porque la llamé niña bonita.
- ¿En serio? ¿Y cómo se solucionó la cosa? Es que tengo un primo que se comió 7 cabritillos y se ha liado una gordísima...
- ¿Nos tomamos una caña y te cuento?
- Claro, sin fallo.
Y allá se fueron los dos a la tasca del pueblo, iniciando una gran amistad.

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