14/1/09

¿Y ahora qué?

Cuando la sonrisa de golpe pasa a una raya horizontal. Cuando te harías un corte en las yemas de todos los dedos. Cuando te arrancarías la lengua. Y cuando necesitas escribir, pero no quieres hacerlo.

No encuentro paz, y no tengo con qué combatir
y temo, y espero; y ardo, y soy un hielo;
y vuelo sobre el cielo, y yazgo en el suelo;
y nada aprieto, y todo el mundo abrazo.

Alguien me tiene en una prisión y no la abre ni cierra,
y no me considera suyo ni suelta el lazo;
y no me mata Amor, y no me libra,
y no quiere verme vivo ni me salva.

Veo sin ojos, y no tengo lengua, y grito;
y mi anhelo es morir, y pido ayuda;
y a mí mismo me odio, y a otro ser amo.

Nútreme dolor, y llorando río;
igualmente me hastían muerte y vida:
en este estado estoy por vos, señora.

Si es que voy de mal en peor.
Todo un logro ignorarte aquellas tres veces: pasar junto a ti, mirando al frente, refrenando la mano que quería rodear tu cintura, oliendo ese diabólico perfume y resistiéndome a él. Pero tuve que volver a caer, ¿verdad?
¡Mil veces maldigo tu cintura! Aquella donde yo no parezco más que un cinturón que la adorna. Maldito, maldito seas por engatusarme, por saber desprenderte de esa risa que como un hechizo me lleva tras de ti. Maldito por no negarme un par de besos, por acercarte a mi y luego irte, sabiendo que detrás de tus caderas se me van el alma y los ojos. ¡Ah, tus manos! Esas que cuando sostienen mi cara hacen desaparecer el resto de mi cuerpo, pues sólo lo que tú tocas es real, tiene importancia.
¿En qué me dejas cuando te vas? En el amargo recuerdo.

¿Y ahora qué? Menuda pregunta más acertada. ¿¡Y ahora qué!? Vamos, aquí todo el mundo opina, así que venga, os doy la oportunidad de opinar sobre mi vida, pero tú que sabes (o puede que sepas) de qué hablo, no te cortes.
Parece que el mundo se divierte cortando pequeños hilos dentro de mi. O tal vez es que Luis tiene razón y sois todos unos gilipollas a los que debería mandar a tomar por el culo.
No sé si estoy más dolida o cabreada. Pero desde luego hay bastante de ambas. No es un buen momento para tocarme las narices.

Y por cierto, se me ocurre una buena respuesta al "¿y ahora qué?" O más que buena, divertida. Ya lo negociaremos el sábado de noche. A no ser que alguien me de una opción mejor, claro está.

5 comentarios:

Roberto, Teodrak dijo...

Siempre puedes levantar un poco la vista.

También es cosa de actitud.

Ladherna dijo...

Levantar un poco la vista? Adónde? Es que acaso arriba hay ALGO?
Seamos realistas.
De todos modos "actitud" no es un consejo. Hay muchas "actitudes".

Antoine De la Potterie dijo...

Podría ser peor

Edward Amado dijo...

Querida amiga, solamente puedo, o quizá debo, recomendarte que des la espalda al necio que, turbado por su propia ignorancia, osa rechazarte de esa manera tan soez y poco caballeresca.

Roberto, Teodrak dijo...

Decir que "arriba" no hay nada es una sonora estupidez. Decir que no eres capaz, o que no quieres ver nada, es muy diferente. (Siendo realista)

Te lo digo por experiencia.

La señora De la Patata tiene razón.

Nada se te ha perdido a ti, quizas sí a él.

Sigo opinando que todo es cosa de la actitud.