15/12/08

Paridad (o Gilipolleces a gogó)

Estaba preparando una entrada sobre la misoginia (no esa misoginia del blog Misoginia, sino sobre la mía) cuando me tengo que pasar un finde en un cursillo de la Cruz Roja (25h en tres días). Y claro, eso es un problema muy grande para mi. No por dormir poco, sino por "voluntarias y voluntarios" (nótese que ponen primero a las féminas), Caperucita Roja es un cuento machista...
Llega un punto en el que te sientas en el borde de la silla y te pones a balancearte delante y detrás murmurando entre dientes "soy de palo, no oigo nada; soy de palo, no oigo nada..." Porque sino te vuelves loco de verdad.
¡Se creen realmente que el castellano es culpable del machismo! ¡¡¡Es de LOCOS!!! Es el diccionario el que patea a su mujer hasta que acaba en el hospital, ¿verdad? Y el que viola a una niña de 16 años cuando vuelve a casa de noche. Y el que no contrata a una mujer. Y el que cría a una niña diciéndole que es peor que su hermano... ¿sigo?
Por supuesto, esto es así en todos los países del mundo. Cuando un inglés le pega una paliza a su parienta es porque, aunque él no sea consciente, el castellano, terror de terrores, ha tomado posesión de él. De Groenlandia a Sudáfrica, en la Isla de Pascua, de Lavapiés a Moscú. Todo culpa del castellano. ¡Sí, señor, afírmenlo rotundamente, con dos cojones!

Nunca he oído a un electricista, maquinista, palista, etc. quejarse del nombre que le dan por su profesión. Pero las españolas, quejicas, estúpidas e inseguras en su propio sexo- sino no tendrían problemas con cómo las denominan-, piden ser llamadas juezas, médicas, jóvenas (JAJAJAJA), estudiantas, etc. ¿Y por qué no también imbécilas? Con mucho acierto gilipollas acaba en -a, o como me indicó una de la Cruz Roja, en -as.

Aun por encima me miran mal cuando les pido por favor, que para aligerar la marcha de la clase, se pasen el "protocolo" de la paridad por el forro y hablen como las personas. Es como si te evaluasen entre "eres mala persona" y "el día de mañana te casarás con un maltratador". Señora, lo dudo mucho.
¿Que soy misógina? Sí, sin duda, pero eso no significa que me infravalore (me amooo, como laTierra al Sooool) y mucho menos que vaya a dejar que un hombre me (vuelva a) levantar la mano.

El lenguaje fue creado para comunicarnos de forma rápida (no como los ents) y eficaz (no como los poemas de Góngora -que sí, me gustan, pero para entenderlos...) y no vamos a sacrificarlo por cuatro gilipollas y gilipollos que empiezan a tocarnos los cojones y las cojonas a todos y a todas.

Anexo: Por qué Caperucita Roja es machista:
Caperucita es engañada por el lobo (figura masculina) porque al ser mujer es tonta e ingénua y nunca debió haber salido de su espacio (la casa). El lobo es astuto e inteligente, porque es hombre.
Francamente, esta lectura SÍ me parece machista. La lectura real sería (creo) la siguiente:
Caperucita es engañada porque es ingénua, sí, pero porque es pequeña. Además DEBE ser engañada, porque 1º sino no habría historia (a nadie le interesa un cuento en el que Caperucita llega sin más a casa de su abuelita) y 2º no habría moraleja, teniendo en cuenta que los cuentos son para educar, un cuento sin Caperucita devorada no sería cuento.
Evidentemente, el lobo ha de ser astuto e inteligente, porque sino no habría podido engañar a Caperucita (que además es tonta, porque su madre le dice que no hable con nadie).

Ahora imaginemos una campesina adolescente de hace... 50 años (no hay que ir muy lejos, tampoco). En aquella época nadie te decía "ten cuidado que igual te violan". Te decían, "ten cuidado con el lobo", "ten cuidado con los hombres". No sabías qué te podía pasar, pero tenías miedo. Si esta campesina hubiese oído las nuevas versiones de Caperucita Roja y su madre no le hubiese hecho tan acertadas recomendaciones, probablemente hubiese sido carne de violación o abuso.

7 comentarios:

Lanselor dijo...

Bueno, yo sempre he dicho que las mujeres que piden igualdad aparte de poco seguras en si mismas son unas hipocritas por que piden igualdad en un monton de cosas pero en otras rapidamente se lanzan a decir "es que soy mujer..."

Altheniar dijo...

Psss el tema ese me tiene hasta las pelotos. Ya que soy hombre.

Eso si, lo de caperucita me parece sacar de contexto el cuento. Si fuese un joven caperuzo engañado por una loba, lo mas triste es que se interpretaría como machista también.

Edward Amado dijo...

[[[out: lo que voy a escribir entre corchetes no es serio: si fuere caperuzito lo engañase una "loba", esta tendría unos 60 años y se habría llevado jovencito tierno al catre!! jajajaja]]]

Alba estoy de acuerdo con el general (o la generala) del artículo; sin embargo me parece que caes en la ideología de género, que tanto repudias, al considerar violaciones, maltratos, etc como un motivo de machismo.Yo no creo que esto sea así: imagino que el que viola lo hace porque es un trastornado y un vicioso, no porque la violada sea una mujer; cuando un marido pega a su esposa no lo hace porque sea mujer, si no porque es su esposa y el es un trastornado o un alcohólico y a) ella depende economicamente de el o b) tienen hijos en común, así que piensa que no lo va a denunciar, o quizá porque estar casado es el fruto de sus problemas (imaginarios o reales).

Recordemos que también hay maltrato físico o psicologico de la mujer hacia el hombre en entornos domésticos, y violaciones a hombres, etc. aunque quizá en menor medida. ¡¡Y esperense a que se empiece a hablar de maltratos de g-a-y-s (lo pongo para que se note mi pronunciación paleta: //gais://, que sería mas menos en fonética)ahora que se pueden casar!!

Por todos estos motivos, yo, y la RAE, no es por nada, preferimos denominar a la violencia marido-marida (jeje) Violencia Doméstica y no Violencia de Género; porque consideramos que el motivo no es el machismo, si no el ámbito familiar. La RAE pidió al gobierno que lo cambiase por incoherencia lexica, conste.

Edward Amado dijo...

(y ahí quedo otro comentario de "hasta el infinito y más allá", disculpas)

virginia dijo...

Vale con que la violencia marido/marida habría que considerarla “violencia doméstica”, pero hay que hablar de violencia de género porque es una realidad. La presión discriminatoria se palpa cuando eres mujer, y desde pequeñita; no ya en el ámbito doméstico cuando te dicen que le tienes que hacer la cama a tu hermano o traerle un vaso de agua a tu padre.
La cosa es más compleja: las sociedades antiguas vendían sus mujeres. Con distintos fines, pero las vendían a fín de cuentas. Eso, amigos, es muy difícil de borrar del subsconsciente colectivo. Por ello, se sublima el concepto de posesión, mangoneo y abuso del que hemos sido objeto las mujeres por –iba a poner milenios-- centurias, los hombres transigen en la aceptación de que existe un “cierto abuso”, se le pone nombre polémico, además para despistar, y zas! tenemos asumido socialmente lo que siempre, pero siempre-siempre ha existido: que muchos hombres maltratan a casi todas las mujeres que se les ponen por delante.
Lo que más me enerva es esa filosofía machista de chascarrillo barato, que muchos hombres tienen siempre a flor de labios, que forma parte de su esencia masculina/machista más hortera y chabacana y que desgraciadamente está incorporada al acerbo nacionalmachista de este país.
Yo no estoy de acuerdo con lo de que “no hay lobos feroces, sino caperucitas feroces”. Sigue habiendo mucho lobo feroz suelto, sólo que ahora las caperucitas estamos más espabiladas.
Estoy contigo, Ladherma.

Ladherna dijo...

También se vendían hombres, mira tú... Claro que hay machismo, pero sobre todo, lo que hay es gilipollismo, parece que ahora los hombres tienen que avergonzarse de serlo. Francamente, yo casi nunca me he sentido discriminada por ser mujer, pero sí frecuentemente por mi aspecto físico.

Gracias por postear, Virginia

Fidel dijo...

Contaba cierto día mi profesor de latín, que en el congreso había un ministro (no especificó cual), que, obsesionado con el sexismo (cosa bastante frecuente en los tiempos que corren), cometió una metedura de pata memorable:

-Las personas-dijo-. Y... -añadió con todo solemne y levantando el dedo para remarcar claramente que era un hombre preocupado por los temas de la discriminación- ¡Y mujeres! ... [...]

Al principio me reí, pero al parar a pensarlo detenidamente, ya no me hacía tanta gracia.

Es que tiene genitales. ¡Y ovarios!