23/12/08

Cuentos VP: El Bello Durmiente

Venga, la última entrada antes de irme a Madrid (AVISO: del 26 al 30 en Madrid y del 2 al ¿7? en Salamanca).

¡Bienvenidos a Cuentos VP (Versión Paridad)! La idea es que sean graciosos, pero si no lo consigo, no me lo tengais en cuenta, tomadlo como crítica social xD

EL BELLO DURMIENTE:

Érase una vez, en un país muy muy lejano (o A long long time ago, far far away...) vivían unos reyes muy felices que fueron bendecidos con el nacimiento de un hijo. Era un niñito lindo y adorable. Se morían de ganas por presentarlo en sociedad, y como aun no había sido inventado el bautizo civil, le organizaron uno religioso. Para el banquete (que ya que tenían pasta, en algo habría que gastarla) sacaron la vajilla de oro, pero vieron que faltaba un plato de los 12 que debería haber y entonces sacaron de la lista de invitados a una de las 12 hadas madrinas del reino.
El día del bautizo llegaron las hadas madrinas (aquí la Coure nos informaría al día siguiente de la elegancia de sus vestidos y varitas a juego).
Una a una se fueron acercando a la cuna a regalarle un don al recién nacido: gracia, belleza, cantar como los ángeles, bailar divinamente, ser buen poeta y demás pijadas inútiles para la dirección de un reino.
Cuando ya habían pasado por allí 10 hadas, apareció aquella a la que habían marginado e, indignada, dictaminó que el niño moriría a los 16 años al pincharse con el huso de una rueca. Todos quedaron consternados. Pero (por supuesto, esto es un CUENTO) la última hada -que se había escabullido para ir a tontear con un duende- llegó resoplando y dijo que aunque no podía quitarle la maldición al zagal, la cambiaría: en vez de morir, dormiría 100 años hasta que una hermosa princesa lo besase.

A pesar de ello, los reyes mandaron destruir todas las ruecas del reino, generando una crisis en el sector textil bastante gorda, ya que ahora todo lo que antes producían tenían que importarlo.

Tras 16 felices años de vida, el príncipe se había convertido en un hombrecito muy guapo, un dechado de virtudes que no tenían ningún mérito, pues se las habín concedido las hadas... Pero aun así todos lo consideraban lo mejor de lo mejor y sus profesores lo excusaban cuando se escapaba de clase para ir a tocar el laúd o cuando llegaba tarde porque se habían enternecido escuchando a un pájaro cantar.
Un día, correteando por el palacio, llegó a un desván donde nunca antes había entrado y vio a una vieja junto a un extraño artefacto.
- Hola, madrecita, ¿qué haces?
- Hilo, hijo mío.
- Parece divertido, nunca antes lo había visto, ¿puedo probar?
- Claro que sí.
La vieja (que no era tal, sino el hada disfrazada) le cedió el puesto y el chaval, de tonto máximo, lo primero que hizo fue pincharse el dedo con el huso (y echar a perder con ello el hilo, pringándolo todo con sangre)
Cayó al suelo profundamente dormido, aunque el hada pensó que estaba muerto. Su risa cruel se oyó por todo el castillo mientras se iba volando y entonces, comprendiendo lo que había pasado, los reyes mandaron buscar a su hijo. Lloraron desconsolados cuando lo encontraron, pero sabiendo que sólo sería cosa de 100 años (nada grave...), lo adecentaron para su cita de dentro de un siglo. Lo hicieron bañar y vestir con hermosos ropajes, lo tendieron en la más bella cama de la más bella alcoba en lo más alto de la más alta torre, le pusieron flores en el pelo y espariceron perfumes de Oriente por la estancia. Una criada incluso aportó un ramo de rosas sobre el pecho del durmiente.
Entonces se presentó el hada que había cambiado el maleficio (esa fresca...) y dijo: ya que el chico va a dormir, que cuando despierte no esté solo. Y durmió a todos los habitantes del palacio: se durmieron los cocineros, los reyes en su trono, las palomas en el vuelo y el fuego en la chimenea.
Para protegerlos de ladrones, rodeó el castillo de un espino infranqueable.

Pasaron los años y los reinos vecinos se olvidaron los reyes dormidos, pelearon por sus tierras y las arrasaron a fuego y sangre.
Tras un siglo, una princesita muy mona ella, escuchó una leyenda sobre un príncipe dormido y decidió que mejor que escuchar latines era ir a cotillear y se metió entre los espinos. Éstos se apartaron para dejarla pasar, pero aun así se le enganchó el vestido y destrozó en jirones sus faldas doradas.
Un poco mosqueada cuando se le enredó el pelo, se recordó que sería la primera de sus amigas en tener novio y siguió adelante. Aunque... ¿qué forma era esa de tratar a una princesa?

Llegó al palacio y vio a todos dormidos. Le resultó curioso, como estar en un museo de cera.
Subió los escalones de la más alta torre, donde se le rompió un tacón y rodó un tramo de escaleras abajo. Maldiciendo en arameo (ya existía esa lengua) siguió arriba por sus reales cojones.
Por fin llegó a la estancia y olió los perfumes de Oriente, vio las rosas sobre el pecho del príncipe y se acercó a él.
Cuando lo vio con sus rubios rizos, las flores en su cabeza y los labios con gloss rosa estirados prestos a recoger cualquier beso perdido, le pareció más femenino que ella misma. Así que dio media vuelta y bajó las escaleras desde lo más alto de la más alta torre, pasó por las caballerizas, se deleitó mirando a hombres de verdad bellamente dormidos y pasó por el espino hasta que llegó a su casa.
- Que duerma 100 años más.- dijo mientras tiraba con pena el vestido y los zapatos destrozados.- No vale la pena tanto sacrificio por un "hombre".

4 comentarios:

Pablo Rodríguez y Giménez de Tesada dijo...

jajajaja, esta si que es buena! me encanta tu faceta de narradora de cuentos! dejas a Iriarte a la altura del betun! lo que me he reido...jajaa no valia la pena aprender latines, no, que para lo que sirven..jajaja

Lanselor dijo...

Me he reido, asi que al menos consigues ser divertida. Y eso está bien.

Como cirtica a la actualid es cojonuda. Felicidades!.

Suerte en Madrid.

Fidel dijo...

Bua! jajaja
Está muy muy bien.
¿Por qué no serán así los cuentos que nos relatan cuando somos pequeños?

Antoine De la Potterie dijo...

interesante.Digno de análisis.