8/12/08

Conversaciones curiosas

Hoy me apetece contaros una experiencia un poco rara que tuve hace tiempo.
Fue hace cosa de 6 meses, aproximadamente, estando yo haciendo las prácticas en Matogrande.

Era un domingo por la mañana. Yo entraba a las 9, pero siempre llegaba con 10 minutos de adelanto y justo ese día, iba a llegar antes aun.
Cuando bajaba la pasarela, vi que un taxi dejaba a un chico en la acera de enfrente. Era evidente que estaba borracho. Alguien que volvía a casa después de una buena juerga. Normalmente yo iba por la calle paralela a donde estaba él, pero ese día dije "bueno, ¿porqué no cambio el itinerario?" La verdad, no sé porqué me dio por ahí, ya desde lejos era evidente que no era atractivo, así que la idea de que fuese por regalarme la vista es ridícula.
Sean cuales fueren los motivos, el caso es que enfilé la calle.

El chico estaba de espaldas a mi, delante de un portal. Supongo que oyó mis tacones y se volvió. Preguntó si vivía en aquel portal. Me extrañó, ya que nos separaban demasiados metros para pensar que iba a acercarme a la puerta. Respondí que no y luego siguió un estúpido interrogatorio de "vives en esta calle? vives en este barrio? trabajas aquí? trabajas en el X? trabajas en el Y?" A cada pregunta yo respondía con "sí" o "no" y cada vez aquello me resultaba más divertido. Era cómico verlo intentar adivinar donde trabajaba (¿cómo iba a trabajar en una cafetería llendo de traje?) hasta que me apiadé de él y le dije que hacía prácticas en el AC.
Recuerdo que hizo alguna exclamación de "buah, menudo nivel". Se acercó y nos pusimos a hablar.
Se empeñó a invitarme a un cigarrillo a pesar de que yo tenía mi propio tabaco, nos sentamos en el bordillo de la acera y nos sentamos a fumar y a charlar.
Me contó de dónde era (un pueblo de Orense, creo recordar) y algo de sus tiempos de estudiante. Mencionó algo de su familia, me habló de su trabajo. Dijo que venía de una fiesta de cumpleaños, que sólo libraba un fin de semana al mes y que, claro, lo aprovechaba, aunque no solía tajarse tanto. Era divertido.

Era consciente de que la situación parecía ridícula:
Dos completos extraños sentados en el suelo, una mañana de domingo. Uno borracho, de camino a la cama, la otra perfectamente arreglada, dispuesta a 8 horas de trabajo. Haciéndonos confidencias, charlando como si nos conociésemos de toda la vida.

Intentó adivinar mi edad y fracasó estrepitosamente. Dijo que oyéndome hablar, parecía de unos 23 años (fliiiipa). Intercambiamos números, quedamos para la próxima semana, yo me fui a trabajar y él se fue a casa.

Simplemente eso.
Cuando llegué a recepción (a mi hora, por supuesto) y se lo conté a mi compañera, me miró como si estuviese completamente loca. ¡Era un desconocido, podía haberme hecho algo malo! ¡Y darle mi número! ¿Es que era una suicida?

El miércoles (cuando habíamos quedado), su móvil estaba apagado. Me llamó al día siguiente, había tenido que trabajar. Yo iba a salir de noche, así que quedamos a las 22h en una cafetería de mi barrio. Vino con un amigo. Nos tomamos una caña. Le recordé la conversación que prácticamente había olvidado. Dijo que apenas recordaba nada, pero que sabía que yo debía de ser guapa, porque sino, no habría guardado mi número. Entre los alagos y las risas pasó una hora.
Me despedí, tenía que llegar a mi cita con una amiga. Se ofreció a bajar un rato con nosotras, pero decliné la oferta.

Fue la última vez que vi a David Lago Lago (sabes donde empiezo pero no donde acabo -como él siempre se presenta estando borracho-)

Creo que volveré a llamarlo algún día...

1 comentario:

Edward Amado dijo...

Menuda situación, lo que me sorprendió es que en efecto volvieseis a veros... La verdad es que cuando lo iba leyendo me estaba viviendo una imagen mental de ti con el traje que, claro, me he inventado, creo que nunca te he visto con traje. Exijo fotografía. Por lo que imagino te queda bien, jeje