14/11/08

Una niña tonta

Había una vez una niña tonta. Una niña a la que le gustaban las manzanas. Nació enferma, pero alguien jugó a ser Dios y le dio la oportunidad de vivir. Tenía un corazoncito débil y blando. Lloraba viendo El Rey León y era incapaz de permanecer enfadada más de 15 minutos.
Creció y se enamoró. Primero del mar, luego de los libros y finalmente, de la música. Grandes amores que siempre la acompañaron, que estuvieron ahí y le fueron fieles, respondieron a su amor con grandes dosis de calma y felicidad.
A la niña tonta le gustaba caminar, hiciese buen o mal tiempo. Se ponía nerviosa si iba caminando durante un rato detrás de la misma persona. Asumió que algún día un coche se la llevaría por delante, matándola o no. O, ¿quién sabe?, tal vez acabase tirándose a las ruedas de uno.
Entonces cometió un gran error: se enamoró de la carne. Y fue el mayor error que pudo cometer en su vida. Por este error sufrió e hizo sufrir tanto que su débil corazoncito se endureció y a veces pareció que dejaba de latir.
Los pecados que cometió se amontonaban sobre sus hombros amenazando con aplastarla. Las dificultades de este mundo parecían cebarse en su vida, a su alrededor, acabando con la gente a la que quería, con ella... Entonces, al no hallar alivio en la religión, encontró cómo redimirse de sus culpas: acción social. Sólo hasta que pudiese escapar de su vida, aunque su pasado la seguiría como una maldición allá donde se escondiese.

"If i die young, fill my empty room with the sun" Tradujo en su mente: si muero joven... y moriré. Subí el estor y dejé que el sol me bañase en su luz. Quien sabe cuanto me queda para disfrutarlo.

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