13/9/08

Lenguas e insomnio

Anoche me acosté a las 5'30h. Pero di tantas vueltas en la cama, que me aburrí y di un paseo por casa. Tras una discusión con mi móvil (¿cómo se le ocurre sonar a esas horas?) y un vaso de agua, me quedé mirando por la ventana. El color anaranjado de las farolas en el asfalto, el choque rítmico de las olas contra la arena, los árboles agitados por el viento... No creo que lo viese realmente. Son paisajes tan profundamente enraizados en mi mente que podría describirlos al detalle sin verlos. No tenía sueño, pero sí sentía la necesidad de descansar el cerebro. Lo malo del insomnio no es el sueño, es que llega un punto en que tu cerebro deja de rendir. Como dicen en el Club de la Lucha: nunca estás del todo despierto ni del todo dormido. Y presentía que se acercaba algo así. Lo único que tenía en mente era una frase que no sé de dónde salió: "Vuelve a hablarme así y te morderé esa lengua viperina que tienes hasta hacerte sangrar."

Ni siquiera la estaba meditando. No pensaba en nada, así que no sé qué diablos hacía en mi cerebro a las (casi) 6 de la mañana. Pero ahí estaba, repitiéndose en mis oídos una vez y otra, como un cartel luminoso estropeado.
Cuando por fin me metí en la cama, tuve sueños duros como piedras, sueños que parecían clavarme el cráneo contra la almohada. Soñé que lloraba y que reía, que gritaba y que susurraba. Que exigía y que suplicaba. Pero sobre todo, soñé que odiaba... y que amaba. Y que me amaban.



Sólo sueños, eso es lo que eran. Siempre sueños y nunca realidad.

Cuando me desperté, como si una puerta se hubiese cerrado detrás de mi y no fuese a poder abrirla hasta horas después, me levanté y el día me recibió con una feliz noticia: alguien a quien preferiría no tener que ver, quiere hablar conmigo.
Vaya por dios... una noche de insomnio y sueños extraños y ahora esto. La única noche que salgo y va a ser peor que la de la semana pasada.
Empiezo a creer que sería mejor quedarse en casa.

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