18/8/08

Pesadilla 1

Bueno, estas historias las publiqué hace mil... A ver si subiéndolas aquí me animo a seguir escribiendo.



Era etérea, casi transparente; era bella, brillaba levemente entre la cómoda oscuridad que me rodeaba. Flotaba treinta centímetros sobre la superficie del agua. La superficie era lisa, calmada, como un cristal bajo mis pies, pero en la profundidad parecía haber movimiento, vida.
Una gran paz me envolvía, el silencio lo llenaba todo. Entonces un par de brazos salieron silenciosamente del agua y me agarraron por un tobillo.
-Ven conmigo. Ven, te mostraré una belleza tal que no te arrepentirás.- la voz era dulce y suave como el terciopelo. Me dejé ir. Los brazos tiraron lentamente de mi hacia el agua. Su roce me pareció nuevo y fantástico. Cuando estaba sumergida miré hacia arriba, pero nada vi.
La voz me fue hablado de las diferentes cosas que veía bajo el mar, pues así dijo que se llamaba. Me señalaba cada detalle sin soltarme. A veces intentaba verle la cara, pero a la altura de los codos se empezaban a difuminar los brazos con la oscuridad. Dejé de intentarlo para maravillarme con todo lo que me rodeaba: los peces, las algas, el coral de colores, las brillantes conchas, las formas caprichosas de las rocas...
La voz me acariciaba con sus tonos deliciosos, deseaba ver los labios que tan bellamente pronunciaban para besarlos...Para mi ya no existía el mundo sobre el mar, ni la oscuridad o la soledad, para mí ya sólo existían el mar y la voz. La perfección del mar, con sus seres vivos de colores, con su forma de mover mi vestido y mi cabello. No quería volver al silencio de antes, quería que ese horrible silencio lo llenase la voz, que estuviese siempre a mi lado, siempre.
Ya estábamos llegando al fondo. La voz volvió a dirigirse a mi:
-¿Te gusta el mar?
-Sí, mucho.
-¿Querrías quedarte conmigo aquí? ¿Vivir siempre juntos y poder amarme?- las manos subieron y me abrazó las rodillas.
-Sí, sí, claro que quiero.
-Pues bien, mi joven esposa, vayamos a nuestro lecho conyugal; te mostraré el lugar donde estarás para siempre.
Me sentí inmensamente feliz, mi brillo aumentó mientras seguíamos descendiendo. La dicha máxima me desboradaba, amaba y era amada, viviría en un lugar bello y lleno de misterios.
-Hemos llegado, querida, observa tu aposento.- dijo con su tono más dulce.
Miré hacia abajo. El fondo del mar, que yo imaginaba lleno de perlas, joyas y nácar, estaba alfombrado por esqueletos de mujeres. Algunos cuerpos aun no se habían descompuesto y jirones de carne ondeaban en la corriente.
Entonces vi la cara de mi amado: un hombre bello más allá de toda descripción me observaba con sus cabellos verdes ondeando a su alrededor y tenía unos ojos profundamente verdes que me paralizaban.
-Y bien, mi amor, ¿consumamos nuestro matrimonio?- sonrió y creí desmayarme por lo fantástico de su rostro.
-¡No!- estaba aterrada e intenté nadar para alcanzar la superficie, pero él volvió a agarrarme del tobillo, esta vez sin delicadeza.
-¿A dónde vas, cariño? ¿No querrás huir de nuestra unión?
Yo pataleaba e intentaba liberarme, pero no podía, tiraba de mi con una fuerza superior a la que yo podría tener jamás. Entonces noté sus labios sobre mi piel. Me besó en el tobillo y mientras sus manos subían, sus besos también. Perdí las ganas de seguir forcejeando y me abandoné en sus brazos. Estaba terriblemente cansada, tal vez él no fuese malo, ¿por qué habría de serlo? Él no tenía la culpa de que estuviesen allí todos esos huesos... Me pesaban los párpados y pronto la inconsciencia me alcanzó. Tal vez mejor así, porque así no sentí cómo mi amor desgarraba mi piel para devorarme. Había caído presa del veneno de sus labios... Eso lo supe más tarde, cuando mi espíritu atrapado en una brillante concha vacía vio cómo hacía lo mismo, una y otra vez, con todas las jóvenes a las que llevó al fondo del mar... que acabaron siendo, como yo, un adorno más que mostrar a las demás presas de sus engaños.



En fin, estoy abierta a críticas... Una vez me dijeron que el final era predecible, pero bueno...

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